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"Nos unimos para que el tenis femenino no desaparezca", asevera, contundente, Delfina Glorioso (20 años), número 1 del ranking nacional de la Asociación Argentina de Tenis. Otras diez jugadoras, reunidas por la nacion, la oyen y asienten. Están preocupadas desde hace meses. Quieren ser escuchadas, desean que las comprendan. Buscan soluciones. Y se juntaron para potenciarse. Son tenistas de entre 18 y 25 años que no tienen ranking WTA, que se esmeran, entre limitaciones, para tratar de sostenerse en las posiciones del ITF World Tennis Tour (clasificación con parámetros nuevos y de menor orden). Algunas tienen recorrido, otras están dando los primeros pasos en el profesionalismo. La mayoría no cuenta con patrocinadores que las respalden. Están inquietas desde el momento en el que la AAT anunció 21 torneos ITF de varones (hasta ahora se concretaron solo cinco etapas) y ninguno de mujeres. Y se expresan. Inclusive, crearon cuentas de Twitter (@tenis_femenino) e Instagram (@tenis.femenino) para tratar de aprovechar el alcance de las redes sociales.
"En diciembre estábamos empezando la pretemporada y nos encontramos con la noticia de que no íbamos a tener ningún torneo ITF en 2019. Imaginate las ganas que tuvimos de correr a las dos de la tarde bajo el sol... Fue un mazazo", masculla Sol Terracina (20 años; 49º del ranking argentino), añorando, además, los cuatro certámenes que hubo en el país en 2018 (dos en Villa del Dique, uno en Villa Dolores y otro en el club San Lorenzo). "La idea de juntarnos surgió porque este año es el primero que no hay torneos en el calendario. Y nos enteramos por un comunicado de la AAT que publicó la prensa. Además, estamos mal porque sentimos que la AAT va a los torneos de los varones a verlos y a nosotros no, no nos conoce nadie, no nos siguen pese a que hay torneos nacionales todas las semanas", se lamenta Agustina Chlpac (22 años; 678º de ITF). Los torneos a los que se refiere son los denominados Haciendo Tenis, producidos por Silvana Palasciano y la AAT, que otorgan puntos, únicamente, para el ranking nacional; no sirven para clasificarse para los ITF.
Ser campeona en un torneo de esta categoría equivale a un premio de entre 3000 y 4000 pesos, una cifra muy menor si se tiene en cuenta la diferencia con el dólar o el euro. "Es la única competencia que tenemos y agradecemos que sigan, porque si no estuvieran, directamente, no habría nada. Hay dos o tres por mes y los aprovechamos para competir. Pero cuando finalmente podemos viajar y jugar contras las extranjeras nos sentimos con menos nivel y ritmo", dice Glorioso.

En lo que va de la temporada, solo hubo cinco torneos del circuito internacional en América del Sur. Y la participación argentina fue escasa. En marzo hubo tres fechas en Brasil: en San Pablo, se disputó un W25 (US$25.000 en premios), con la rosarina Nadia Podoroska (268º de WTA) como única representante nacional; en Curitiba, se jugó otro W25 (sin argentinas en el cuadro); y en Campinas (tampoco hubo argentinas). En abril, del 15 al 21, se disputó un W15 en Guayaquil (la cordobesa Carla Lucero, 120º de ITF, fue la única raqueta albiceleste). Y en la semana siguiente, en Bucaramanga, también fue Lucero la única argentina en el W15. En el calendario de ITF, por el momento, no hay más certámenes en Sudamérica, aunque las distintas federaciones dicen estar ocupándose para confirmar fechas a partir del segundo semestre.
Al margen de esta posibilidad, las jugadoras argumentan, con incertidumbre, que no pueden "quedarse esperando" porque cada semana que se diluye representa una complicación en la planificación y los precios de los pasajes al exterior se encarecen. "Estamos desde principio de año pidiendo por favor que necesitamos torneos y no nos hacen ni uno, pero a los hombres se les cancelan y en una semana se los reemplazaron (N.delaR.: en referencia a las etapas 3-4-5 de Pinamar que se anularon y fueron sustituidas las dos primeras, en Saavedra). Puede ser que haya poca plata, lo entendemos, pero se movieron para conseguirla", expresa Victoria Beccio (21 años; 1244º de ITF). "Trabajamos en hacer cuatro torneos. En septiembre hay dos fechas casi confirmadas. Pero hasta que no estén el cien por ciento garantizadas no queremos oficializarlas", aventura Martín Vassallo Argüello, director ejecutivo de la AAT.
Las jugadoras solicitaron una reunión con los dirigentes de la AAT y, en los primeros días de marzo, fueron recibidas, en las oficinas de la calle Maipú, por Vassallo Argüello, Florencia Labat (vocal y representante del departamento de tenis profesional femenino) y Florencia Molinero (vocal). "Fuimos escuchadas, nos dieron espacio y nos conocieron también, que es importante, porque no nos conocían. Les preguntamos por qué nunca nos habían ido a ver a torneos nacionales y nos respondieron que debían mejorar eso. Al tiempo vino a vernos Mercedes Paz (capitana de Fed Cup) en un torneo en Obras y fue un buen paso", dice Glorioso. "No queremos chocar ni enfrentarnos, no queremos una guerra con la Asociación. Pero precisamos diálogo", agrega Chlpac. Terracina, sanguínea, va más allá: "Nos dijeron que iban a generar un proyecto a largo plazo, pero nosotras tenemos entre 18 y 25 años. ¿Y el mientras tanto? ¿Ya está? ¿Nos eliminás del circuito porque no servimos? ¿Y el recorrido que tuvimos? En el ambiente se dice que somos pocas y no es verdad. Se dice que no hay una Sabatini, que no vendemos…, pero queremos oportunidades para demostrar".

Del grupo de chicas, casi todas trabajan cuando no están entrenándose o compitiendo. La mayoría lo hace como profe de tenis. Terracina, en la oficina del padre. Dicen que con lo que ganan por jugar los certámenes nacionales, no les alcanza para comprar encordados, cubre grips ni ropa. Mucho menos, pasajes de avión. Sin el sostén de sus padres no podrían continuar. Algunas quedaron en el camino. Y otras hallaron, en el tenis universitario de EE.UU., una opción para seguir detrás del sueño de ser tenistas profesionales.
Para abaratar los costos, las chicas tratan de viajar de a dos o tres a las giras por Europa y compartir alojamiento. Una vez que despegan de Ezeiza, el período en el exterior debe ser de, por lo menos, dos meses. "Para que rinda el pasaje", dice Chlpac. Y relata: "Además de todo, tenemos la presión de que nos vaya bien para sacar puntos en los pocos torneos que jugamos y no lesionarnos, porque si conseguimos plata es para comprar un pasaje al año y no mucho más".
"Coincidimos plenamente en que las chicas tienen pocas oportunidades. Y estamos trabajando con sus entrenadores que, si bien ven el mismo diagnóstico, quizás no ven la misma solución que las jugadoras. Hay una diferencia ahí. Las chicas vienen con un reclamo muy propio de lo que viven día a día. Nosotros tenemos la obligación de mirar a largo plazo, pero sin descuidarlas. Los entrenadores nos manifiestan que necesitan torneos, pero también un apoyo en la estructura de trabajo –explica Vassallo–. Incluso, nuestros mejores proyectos que están en Fed Cup muchas veces llegan a competir sin estar al cien por ciento porque no tienen estructura ni un plan de kinesiología; hacen lo que pueden con lo que tienen. Si uno analiza los últimos cinco años de nuestras mejores jugadoras todas han pasado por algún momento de lesiones y claramente se pueden disminuir esos obstáculos con un plan de trabajo. Pero si te vas seis meses sola a Europa, a dormir, comer y entrenar como podés, con la raqueta como la podés encordar, estás más expuesta a caer". Efectivamente y por distintas razones, Podoroska, Paula Ormaechea (204º de WTA, la mejor argentina del ranking actual), Victoria Bosio, Betina Jozami y Guadalupe Pérez Rojas, entre otras tenistas, padecieron lesiones en las últimas temporadas.
¿Qué propone la AAT? Luego de haber realizado un diagnóstico de la situación, tras diversas reuniones con entrenadores y jugadoras, elaboró un proyecto que llamó ‘Programa Integral de Desarrollo del Tenis Femenino’, con seis años de duración y que abarca distintas etapas. Desde el programa GEN10S, para fortalecer a los menores, a un plan de alto rendimiento, con trabajos específicos en centros de entrenamiento itinerantes, ya que todavía el Centro Nacional propio sigue siendo una cuenta pendiente de la Asociación (Agustín Calleri, presidente de la AAT desde hace un año, en su momento anunció que era prácticamente un hecho la construcción del mismo en Parque Sarmiento y que las obras se iniciarían luego de los Juegos Olímpicos de la Juventud –terminó en octubre pasado–, sin embargo no hubo avances).
"Vimos la necesidad de parar la pelota y no bajar un mensaje tan lineal o recto desde la dirigencia hacia lo que va a ser el proyecto. Tuvimos charlas con diferentes actores, porque queremos generar un proyecto más consensuado, que va a demorar más tiempo de construcción, pero será más amplio. Habrá foros y espacios de discusión. Nos pusimos el plazo de septiembre próximo para empezar, porque financieramente nos garantiza tener recursos genuinos de la Asociación sin depender de nadie", describe Vassallo Argüello.
"El tenis femenino en la Argentina está atravesando una situación difícil hace unos años. Son varios los motivos. Ausencia de referentes mujeres como modelos a copiar, la economía del país, pocas nenas eligen el tenis como deporte…", opina Labat, que llegó a ser 26º del mundo en 1994. "Se toman todos los reclamos y tratamos de resolver lo que está a nuestro alcance. Fui jugadora y muchas de las dificultades que las chicas tienen las pasamos en algún momento de nuestras carreras, pero hay que saber que si uno se va a dedicar a jugar profesionalmente va a tener que viajar, aprender a organizar calendarios y entrenarse de la mejor manera posible para competir", añade Labat.
Mecha Paz, 28º de single en 1991 y 12º de dobles en 1990, comenta: "A principios de los 80 acá no había torneos y necesitabas sumar en seis para entrar en WTA, para aparecer en la computadora. Era duro. Hoy el problema es más de la base y hay que agrandarla. Hay que incorporar el tenis en las escuelas. Además, en la Argentina tenemos un gran problema de obesidad infantil y hay que luchar contra eso también. Creo mucho en la sinergia y me encanta que las chicas se junten para reclamar. Ahora, pregunto: si la AAT, supongamos, cuenta con US$50.000, ¿la prioridad cuál es? ¿Hacer dos torneos W25 o uno y el resto destinarlo a los programas de menores? En el tenis, de cada cien tenistas llega una. Si tenés 19 años, la única manera de entrar en el circuito es siendo muy buena; es crudo y duro, pero es la realidad. El sistema es así".
Los involucrados en el programa de la AAT para el tenis femenino coinciden en que deben construir una línea de trabajo propia y buscar un patrón, para que todas jueguen –o intenten, al menos– competir de la misma forma, algo que nunca se hizo. Además, generar contagio es clave. Una vez que ello se ponga en marcha se podrá pensar en grande. ¿Y mientras tanto? Eso mismo pregunta el grupo de tenistas que se juntaron para buscar oportunidades. En lo que todos coinciden es en que la situación es alarmante y debe haber una reacción.
Los obstáculos son regionales, no solamente en la Argentina. El paraguayo Alfredo De Brix, habitual entrenador del equipo de Fed Cup de su país e integrante de un programa para jugadoras de 11 a 15 años impulsado por la Confederación Sudamericana de Tenis (COSAT) y por la Federación Internacional de Tenis (ITF), es una voz autorizada y entiende que el diagnóstico por el momento de penurias es bastante amplio:



