Trabajo por delante de festejo: la clave para el momento de Báez
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Sebastián Báez cumplió 21 años a fines de diciembre pasado, después de una excelente temporada. Había empezado 2021 en el puesto 308° y lo terminó dentro del Top 100 (99°). De febrero a noviembre jugó 72 partidos; la gran mayoría (54), dentro del Challenger Tour, con un récord de 46 triunfos y apenas 8 derrotas, incluidos seis títulos y otras tres finales; también disputó el Masters Next Gen, para menores de 21, con llegada a las semifinales, donde lo frenó el fenómeno Carlos Alcaraz.
La hoja de ruta marcaba que en 2022 había que dar el salto al nivel ATP. Y tocó empezar desde abajo: ingresó en los torneos de Melbourne y en Sydney desde la qualy. En el Australian Open firmó su estreno con victoria en cinco sets sobre el batallador Ramos Viñolas, antes de una caída ajustada ante Stefanos Tsitsipas, el número 4 del mundo, en el court central, un escenario ideal para que el mundo del tenis empezara a fijarse en el chico de San Martín.
En la gira sudamericana de canchas lentas fue de menos a más, y lo mejor llegó en Chile, un país que siempre le regaló sonrisas: allí jugó su primera final ATP, con caída apretada ante el español Pedro Martínez. Siguió un debut en la Copa Davis con victoria ante la República Checa. Luego de semanas irregulares –una situación lógica en un jugador de su edad y en este tramo de su carrera-, Estoril, un torneo muy afecto a los argentinos (allí ganaron Nalbandian, Chela, Berlocq, Gaudio y Del Potro), le abrió las puertas, y Báez celebró su primer título ATP y el ingreso en el Top 40.
¿Qué sigue? Esta etapa de ascenso en la carrera de Báez incluirá los ingresos en varios torneos importantes del tour ATP; vendrán, por consecuencia, rivales más exigentes. Oponentes que empezarán a estudiarlo y a tratar de explorar sus puntos débiles; habrá cosas por aprender y detalles para corregir; hay que adaptarse, mejorar y evolucionar. Además, habrá que revalidar todos esos puntos sumados el año pasado en Challengers, pero ahora en un plano más demandante. Lo sabe el jugador, y también su entrenador, Sebastián Gutiérrez.
Báez puede ser también uno de los referentes de este grupo nuevo de argentinos que buscan dejar su huella en el ATP Tour, junto con Francisco Cerúndolo (23 años) y a la espera de Tomás Etcheverry (22), Juan Manuel Cerúndolo (20), y Camilo Ugo Carabelli (22), entre otros. Es una camada que ha tratado de ganarse el ascenso con mucho esfuerzo, pandemia de coronavirus de por medio -con todas las dificultades que ello trajo, en cuanto a reducción de torneos y ranking “congelado”-, y que ha encontrado un interesante soporte en la gira sudamericana de challengers desde mediados del año pasado.
“El trabajo es el camino”, es una de las frases que definen a Báez, que en su diccionario tiene a “trabajo” por delante de “festejo”. El de San Martín siempre tiene a mano un agradecimiento para su cuerpo técnico. Humilde y determinado a llegar donde se lo propone, el nuevo Top 40 argentino sabe que el circuito no regala tiempo para las celebraciones.
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