River consiguió US$100 millones para cambiar el Monumental
El club estructuró un crédito de hasta US$100 millones con el BID Invest y la CAF para techar el estadio; la clave fue transformar una obra de infraestructura en un proyecto de desarrollo social con impacto medible
5 minutos de lectura'


Cuando Stefano Di Carlo asumió la presidencia de River Plate tenía un objetivo claro: que el hito en infraestructura que realizó el club en los últimos años culminara con la construcción del techo del estadio Monumental. Para financiarla, fue a buscar opciones a una firma especializada en estructuración de proyectos. Lo que no imaginaba era el camino que se abriría: River Plate se convirtió en el primer club de fútbol del mundo en acceder a créditos de organismos multilaterales, con un préstamo de hasta US$100 millones aprobado por el BID Invest y la CAF.
El logro no fue sencillo ni inmediato. Detrás hay 13 meses de trabajo, dos organismos con lógicas burocráticas distintas y una consultora argentina, Yinyang Consulting, que tuvo que inventar sobre la marcha un modelo que no existía.
La historia arrancó en octubre de 2024, cuando Di Carlo —que entonces todavía no había formalizado su candidatura a la presidencia del club—, acompañado de Federico Ferreyra, cercano al expresidente Jorge Brito, se contactó con Brenda Pietraccone y Félix Martín Soto, socios de Yinyang Consulting, una firma especializada en el diseño y estructuración financiera de proyectos que trabaja con nueve provincias argentinas, el Estado nacional y presencia en El Salvador y México.
El objetivo de techar la cancha estaba vigente desde la gestión de Brito. El problema era que nadie sabía muy bien cómo encuadrar la idea. River Plate es una asociación civil sin fines de lucro: no es empresa privada ni entidad pública. Es un híbrido que funciona como una gran corporación, pero que no puede emitir acciones ni distribuir ganancias. “Hasta nos consultaron si valía la pena ir con bancos chinos porque tal vez era más simple”, recuerda Soto. Finalmente, descartaron esa opción.

Los multilaterales tienen ventanillas para el sector privado y líneas destinadas a industrias creativas o economía cultural, pero en general no las desarrollan porque el flujo de ingresos de un club deportivo es más complejo de evaluar que el de una empresa convencional. “La propuesta que hacemos es esta porque sabemos que va a ser difícil, pero va a abrir una ventana de oportunidades”, dice Soto. Hoy, comenta, la mitad de los clubes argentinos y de la región los llaman interesados en replicar el esquema.
El primer desafío fue traducir la obra —techar un estadio de fútbol— en un proyecto atractivo para organismos que prestan dinero con un mandato de impacto en el desarrollo.
La cubierta del Monumental no es solo un techo: permite ampliar en más de 15.000 butacas la capacidad, realizar más recitales, incrementa el turismo en la zona, genera empleo directo e indirecto y amplía la economía naranja de Buenos Aires. Además, tiene componentes ambientales —menor uso de materiales, gestión del agua de lluvia, reducción de contaminación sonora— que resultaron especialmente relevantes para la CAF, cuyo foco está en la sostenibilidad.

El BID Invest, en cambio, requería un impacto social más robusto. Fue en ese punto donde el proyecto estuvo en riesgo, porque el equipo técnico del organismo no terminaba de convencerse. La solución llegó el 15 de diciembre, cuando Pietraccone propuso crear un Fondo de Reinversión Social: River se comprometió a destinar al menos el 25% de los ingresos adicionales generados por la ampliación del estadio a becas y al desarrollo de infraestructura deportiva y educativa. El fondo se articula con iniciativas que el club ya tiene en marcha —el Instituto River Plate, la residencia juvenil Casa River— y le da escala y proyección.
“Esto de que el proyecto es más importante que la obra se terminó de fortalecer con esa idea”, dice Soto. El Fondo de Reinversión Social fue el argumento que desbloqueó la operación en el BID.
Las condiciones del préstamo
El financiamiento de hasta US$100 millones —US$50 millones de BID Invest y US$50 millones de la CAF— se estructuró a 10 años con tres de gracia y una tasa por debajo del 10% en dólares, con pagos semestrales. “Un banco privado hubiera ido a cinco o siete años con mucho empuje y la tasa arriba del 10%”, compara Soto.
River ya tenía historial crediticio —emitió obligaciones negociables y fideicomisos—, pero las condiciones obtenidas a través de los multilaterales son sustancialmente mejores. “Mejores que las que consiguen algunas empresas privadas que buscan estas ventanillas, porque tiene mucho impacto”, agrega.
El techo del Monumental debería estar listo en junio de 2029, un año antes que el inicio del Mundial 2030, que tendría el partido inaugural en Buenos Aires. Permitirá ampliar la cantidad de espectadores de 85.000 a 101.000. La aprobación de ambos organismos llegó entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, 13 meses después de aquella primera reunión con Di Carlo.
Soto y Pietraccone pasaron por la función pública durante la gestión de Mauricio Macri —ella en el Ministerio de Desarrollo Social, él en el Ministerio de Economía— y conocen de cerca el funcionamiento de los organismos multilaterales. Pero también reconocen que el momento ayudó, con la Argentina de moda entre los organismos multilaterales.
Ahora, con el precedente sentado, la pregunta es cuántos clubes seguirán el camino. “La mitad de los clubes argentinos y de la región ya están llamando”, dice Soto. El Monumental puede convertirse en algo más que el estadio más grande de América: también en el modelo financiero que cambie la forma en que el fútbol latinoamericano construye su infraestructura.








