Colombia adelanta el cierre de las fronteras antes de un paro impredecible

Iván Duque, presidente de Colombia
Iván Duque, presidente de Colombia Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo
El gobierno de Iván Duque dispuso la medida ante la posible infiltración de agentes del chavismo y otros activistas extranjeros en la gran protesta opositora anunciada para mañana
Daniel Lozano
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20 de noviembre de 2019  

CARACAS.- El gobierno colombiano jugó por adelantado y decidió ayer cerrar sus 12 puestos fronterizos desde la primera hora de hoy hasta las 5 del viernes, una carta que el gabinete de Iván Duque se guardaba bajo la manga.

El plan inicial contemplaba que sus límites fronterizos se clausuraran únicamente el 21 de noviembre: una fecha que ya hizo historia antes de que el reloj comience a descontar las horas para que sindicatos, estudiantes, indígenas y opositores en general protagonicen una gran marcha en contra del gobierno.

Los allanamientos de último momento y la detenciones de sospechosos realizadas por la policía caldearon ayer un ambiente más cargado que de costumbre, pesado y lleno de zozobra.

Miedo de muchos y entusiasmo de bastantes, más aún cuando se dio a conocer a través de Inteligencia que el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con santuario en Venezuela, penetró en al menos 20 universidades del país. Y muchos más tras la expulsión de venezolanos, supuestamente infiltrados para causar desórdenes, y la búsqueda intensa contra activistas extranjeros que anunciaron que viajarían desde Chile hasta Colombia. Tampoco se querían perder el gran día.

Expectativa e inquietud se mezclan en alquimia perfecta: ¿llegará el contagio de Chile, Ecuador o Bolivia hasta una Colombia con tantos problemas como siempre, pero que cierra el año con un modélico crecimiento del 3,3% del PBI en el último trimestre? Un bienestar económico que tiene aún más mérito ante el aluvión de migrantes venezolanos que todos los días huyen despavoridos de su país y que presionan con dureza los sistemas de atención humanitaria, sanitaria y educativa.

"Que podamos alzar la voz para que cambien cosas con las que no estamos de acuerdo", afirmó llena de razones María Fernanda Aristizábal, Señorita Colombia 2020, la más bella del país y mucho más que una cara bonita. "Yo saldré el 21 a decirle al 'presidente' Álvaro Uribe [exmandatario y jefe político de Duque] que Colombia necesita con urgencia presidente. No voy a romper nada, ni agredir a nadie, ni a darme en la jeta", ironizó el actor Andrés Parra, famoso por sus interpretaciones de Pablo Escobar Gaviria y Hugo Chávez en dos miniseries de éxito, que, por lo tanto, sabe mucho de los peligros del populismo.

Hasta el cantante Carlos Vives anunció que marcharía para "que dejemos de matarnos", aunque luego salió a agradecer la ayuda del gobierno para la rehabilitación de un barrio en la costeña Santa Marta.

Motivos

Jamás un paro nacional fue tan heterogéneo. Tantos motivos como disculpas y tantos miedos como certezas. Sindicalistas, estudiantes, opositores, indígenas, artistas, maestros, organizaciones sociales, la comunidad Lgtbi, periodistas, rebeldes y todo aquel que considera que Colombia puede seguir avanzando, pero que también necesita parar un momento y repensarse.

Unos van a hacer huelga, otros a marchar, otros a gritar y otros, como la izquierda radical de Gustavo Petro, soñarán con la revolución en sus calles. También muchos querrán trabajar a toda costa mientras otros se resguardan en sus hogares para vivir ante la televisión su cita con la historia.

Tan disímiles son las razones que cada colombiano carga su propia bandera de cara al 21-N. "Contra el paquetazo de Duque, la OCDE y el Fondo Monetario Internacional", clamó ayer Jorge Robledo, líder del Polo Democrático, a la vez que ondeaba en sus redes sociales una pancarta con Donald Trump de protagonista negativo.

Hasta el siempre moderado y centrista Sergio Fajardo, excandidato presidencial, resumió para sus simpatizantes por qué él también estará en la calle: "Tenemos que manifestar nuestra indignación por el asesinato de líderes sociales, por los atropellos a comunidades indígenas, por lo ocurrido en el bombardeo donde murieron ocho niños. Vamos a reivindicar la protesta social y vamos a hacerlo en paz y sin agredir a nadie".

Atropellos y asesinatos que continúan, incluidos los de arrepentidos de las FARC. El indígena Milano Chocue, miembro de la Guardia Indígena en el Cauca, murió en las últimas horas víctima de un nuevo ataque, donde cinco de sus compañeros también resultaron heridos. Los guardias fueron atacados cuando procedían a erradicar cultivos ilícitos en su territorio.

Bandas de criminales, guerrilleros que no se acogieron a la paz, antiguos paramilitares y las sangrientas mafias a sueldo de los narcotraficantes se disputan parecidos negocios a los que ya habían durante la lucha del Estado contra las guerrillas. Indígenas y líderes sociales son sus víctimas favoritas.

El mapa del terror ensombrecerá lo que para algunos es una fiesta de la democracia.

Para otros, Colombia enfrenta un jaque de los violentos, donde el 21-N "hace parte de la estrategia del Foro de San Pablo, que intenta desestabilizar a las democracias de América Latina", acusó el expresidente Uribe. De hecho, el uribismo llega a una fecha clave más aislado que nunca, sin sus antiguos aliados y tras el fuerte revés electoral de su Centro Democrático en las pasadas elecciones municipales y regionales.

El reciente cambio de gabinete, con el traslado del canciller Carlos Holmes Trujillo a la cartera de Defensa y la incorporación de la senadora Claudia Blum a Relaciones Exteriores, fortaleció al equipo de Duque hacia adentro, pero no ganó ni un apoyo político en el Parlamento.

Parecido revés al del Centro Democrático recibió Petro y la izquierda revolucionaria, tan cercana al chavismo que intenta disimular su cercanía ante el derrumbe bolivariano, evidente en un país donde 1,7 millones de venezolanos se convirtieron en la peor publicidad que se pudiera imaginar.

Con tantos motivos y ante la espiral de violencia que también se respira en las redes sociales, ciudadanos como la escritora caleña Melba Escobar, autora de La casa de la belleza, optaron por su propia vía: "Salir a marchar en paz. Marchar en silencio, que es más elocuente que cualquier consigna".

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