Del envío de tropas a la disuasión, las opciones de Europa para frenar el plan de Trump de anexar Groenlandia
El presidente norteamericano redobla su presión sobre Dinamarca y la OTAN, mientras crece la alarma en Europa
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PARÍS.– Desde que asumió su segundo mandato, Donald Trump persiste en su intención de apropiarse, por “razones de seguridad nacional”, de Groenlandia, el extenso territorio autónomo danés. Y afirma que Estados Unidos intervendrá allí “les guste o no”. Las denuncias europeas se multiplican pero, ¿qué puede hacer Europa frente a las veleidades depredadoras de su principal socio en la OTAN?

“Si no lo hacemos nosotros, Rusia o China tomarán Groenlandia. Y no vamos a tener a Rusia o China como vecinos”, dijo Trump esta semana en una reunión con ejecutivos del petróleo y el gas en la Casa Blanca. “De modo que vamos a hacer algo con Groenlandia, ya sea de la manera amable o de la manera más difícil”, aseguró.
Los últimos comentarios de Trump se producen en medio de tensiones crecientes entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, incluyendo Dinamarca, por los repetidos intentos de su administración de tomar control del territorio ártico, mayormente autónomo. La postura de Trump ha sido firmemente rechazada por Dinamarca, Groenlandia y el resto de los líderes europeos.

Si Estados Unidos atacara militarmente a otro país de la OTAN, “entonces todo terminaría, incluida nuestra OTAN y por lo tanto la seguridad establecida desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, advirtió la primera ministra danesa Mette Frederiksen.
Con su habitual verborragia y su costumbre de tergiversar, Trump sigue, sin embargo, afirmando que apoya la Alianza Atlántica. “Si no fuera por mí, no tendrían una OTAN ahora mismo”, dijo el viernes.
Desde su creación en 1949, el brazo armado del Tratado del Atlántico Norte no ha tenido que gestionar el caso de un ataque de uno de sus miembros contra otro de sus miembros.

Tal situación contravendría de hecho el preámbulo del pacto, según el cual los 32 Estados firmantes están “resueltos a unir sus esfuerzos para su defensa colectiva y para la preservación de la paz y la seguridad”.
“La OTAN claramente no está hecha para que sus miembros se hagan la guerra entre sí. Es, desde siempre, una de sus fobias”, explica Stéphane Audrand, historiador y consultor en riesgos internacionales.
Recuerda que las tensiones pasadas entre Grecia y Turquía, dos países miembros de la organización, fueron “una fuente de preocupación permanente” para la Alianza.
La Alianza estaría aún más paralizada ya que no se trata de cualquier miembro, sino de Estados Unidos, el mayor contribuyente y piedra angular del sistema.

“Las decisiones se toman por consenso. Pero aquí, no habría ningún consenso”, continúa Stéphane Audrand. Esto no impediría que los diferentes miembros, cada uno por su lado, emprendieran algo.
Pero, ¿quién se atrevería a aventurarse en el terreno militar contra Estados Unidos? “Nadie está dispuesto a luchar” contra ellos, “menos aún por Groenlandia”, asegura el historiador, para quien “los europeos no están en capacidad de establecer una relación de fuerzas”.
Ese implacable diagnóstico, el director adjunto de gabinete de la Casa Blanca no dudó en recordarlo.
“Estados Unidos debe integrar Groenlandia a su territorio. Ni siquiera es necesario hablar de una operación militar. Nadie va a combatir militarmente a Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”, afirmó Stephen Miller en la cadena de televisión CNN, señalando de paso que su país “es la fuerza de la OTAN”.

Y es precisamente para “proteger y defender” mejor a la OTAN que la administración Trump —según sus palabras—, pretende recuperar la isla ártica.
Para Stéphane Audrand, los aliados europeos tienen todo interés de “tomar a Donald Trump en serio, diciéndole: ‘Hemos entendido bien la vulnerabilidad de la isla, vamos a reforzar su defensa con la OTAN’”.
La Alianza Atlántica debe necesariamente permanecer dentro de su marco para “discutir las exigencias destinadas a reforzar la defensa en Groenlandia”, aseguró el lunes Johann Wadephul, ministro de Relaciones Exteriores alemán.
El martes, seis países europeos —Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Gran Bretaña— recordaron precisamente en una declaración conjunta que “la seguridad en el Ártico” debe ser garantizada “colectivamente, en cooperación con los aliados de la OTAN, incluido Estados Unidos”.
Y esa opción, que aparece como la más probable, es compartida por el exgeneral de Estados Unidos Ben Hodges.

“Hay que tomar a Donald Trump en serio: ¿dice que Groenlandia está amenazada por Rusia y China? Entonces los europeos deben enviar tropas, aviones y lo necesario para asegurar totalmente la isla y bloquear su argumento”.
Hodges insiste en la importancia de actuar en el marco de la OTAN para que no se perciba como una provocación por parte del presidente estadounidense. “Los europeos deben evitar la escalada mientras se defienden”, concluye.
Pero, ¿acaso el argumento de la seguridad esgrimido por Donald Trump no es solo una excusa más? La presencia de barcos chinos y rusos en el Ártico data de hace décadas, y Estados Unidos ya dispone de acuerdos de defensa bilaterales con Dinamarca, que prevén entre otras cosas su presencia permanente en la isla a través de la base aérea de Pituffik.
“El objetivo no es tanto militar sino económico, para el control de los recursos minerales que se encuentran en Groenlandia. Es un asunto estratégico”, afirma el general François Chauvancy, consultor en geopolítica.
Y añade: “Hay que leer la nueva estrategia de seguridad estadounidense, según la cual todo debe hacerse en nombre de los intereses de Estados Unidos. Por lo tanto, no les importa la OTAN, ni les importa Dinamarca”, agrega.

El politólogo francés y ex presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo Jacques Attali es aún más duro: “Trump no anexará Groenlandia para alcanzar objetivos económicos o militares, sino para colgarse la gloria de haber añadido a Estados Unidos un 51° Estado (después de Alaska y Hawai, durante mucho tiempo territorios protegidos, que entraron en la Unión en 1959 bajo el presidente Dwight Eisenhower)”, asegura Attali.
“Además, el clan Trump abandonará a toda Europa si la ve como un obstáculo para sus negocios con dictadores, mientras desprecia a los europeos que se someten a sus insultos”, advierte.
A su juicio: “Los europeos deben abrir los ojos. La OTAN ha muerto, Estados Unidos ya no tiene ningún interés en proteger nuestro continente y nuestras democracias. Es hora de rearmar a nuestros soldados y nuestras empresas para equilibrar la balanza de poder”, afirma.
En las actuales condiciones, además del despliegue de tropas en el marco de la OTAN, los europeos contemplan otras opciones.

La disuasión política: la estrategia más simple sería retirar toda legitimidad local a una anexión apoyando masivamente la autonomía groenlandesa. La idea es aumentar masivamente las inversiones europeas en la isla, otorgarle un acceso al mercado europeo comparable al de un Estado miembro y potenciar la cooperación científica y climática.
“Donald Trump estudia ‘activamente’ la compra de Groenlandia. La mejor arma de Europa no es ni militar ni jurídica, sino sistémica: se trata de hacer que la anexión sea más costosa que su beneficio”, afirma afirmar Gesine Weber, investigadora del Centro de Estudios de Seguridad (CSS) en Zúrich.
La negociación con Washington: Groenlandia, territorio autónomo, pertenece a Dinamarca. La isla no está en la Unión Europea, pero sus ciudadanos son nacionales daneses y, por ende, pertenecen al bloque. Además, no puede concluir un tratado comercial sin Dinamarca.

Por lo tanto, Europa está jurídicamente en posición de legitimidad para negociar con Washington el futuro de Groenlandia.
La UE, Dinamarca y Estados Unidos podrían negociar un refuerzo de la seguridad de Groenlandia como quiere Donald Trump, para protegerla de las ambiciones rusas y chinas.
La OTAN podría servir de mediador en estas negociaciones. Pero, ¿sería esto suficiente para satisfacer al presidente estadounidense?
La disuasión económica: superpotencia económica, la UE podría intentar influir en Washington mediante sanciones económicas selectivas, por ejemplo, sobre tecnologías críticas. También podría congelar una o varias cooperaciones estratégicas. Pero en un caso como en otro, esto podría desencadenar una guerra comercial transatlántica.
“Europa tiene un talón de Aquiles del que Trump se aprovecha: Estados Unidos es indispensable para ella en Ucrania, para contener la agresión rusa”, analiza el general Nicolas Richoux.
Por fin, queda la opción militar: Europa –fuera del marco de la OTAN– es más débil militarmente que Estados Unidos, salvo que decida unirse. Si así fuera, podría desplegar tropas en Groenlandia para prevenir una invasión. Esta opción extrema podría ser disuasoria si Trump solo contempla una operación limitada, para la cual no necesitaría la aprobación del Congreso. Pero, todos los expertos militares coinciden, si Estados Unidos utiliza su ejército al máximo, Europa saldría perdiendo.
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