Duros cruces tras el informe del Rusiagate, que favoreció a Trump

Trump denunció que la investigación por la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 fue una "caza de brujas" en su contra
Trump denunció que la investigación por la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 fue una "caza de brujas" en su contra
Se espera que los demócratas llamen al Congreso a los investigadores y exijan ver el reporte completo
Rafael Mathus Ruiz
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27 de marzo de 2019  

WASHINGTON.- El final de la investigación sobre el escándalo Rusiagate dejó a Estados Unidos con más interrogantes que respuestas, encerrado en una puja continua que parece lejos de terminar. Muchos confiaban en que el fiscal especial, Robert Mueller, de intachable reputación entre republicanos y demócratas, cerraría la "trama rusa" sin dejar lugar a lecturas políticas. Pero, al final, su trabajo cayó en la grieta que mantiene dividido al país.

En el centro de la polémica aparece la decisión de Mueller de esquivar una definición respecto de si el presidente Donald Trump intentó obstruir la investigación federal sobre la injerencia del Kremlin en la elección presidencial de 2016, a la que atacó incansablemente, llamándola una "farsa" y una "caza de brujas".

Mueller dejó esa decisión en manos del fiscal general, William Barr, nombrado a fines del año pasado por el propio Trump.

Tres semanas antes de presentar su informe final, Mueller anticipó su decisión a Barr. Luego de recibir el informe, Barr concluyó que la evidencia recogida por Mueller "no es suficiente" para establecer que Trump intentó obstruir a la Justicia, un delito que podría haberlo llevado a un impeachment.

¿Cómo llegó Barr a esa conclusión? ¿Fue imparcial? ¿Qué evidencias recolectó Mueller? ¿Por qué el fiscal especial, un exjefe del FBI, eludió emitir un juicio? ¿Cuánto influyó en el desenlace que no haya citado formalmente a declarar a Trump?

Esos y otros interrogantes dominaron parte de la discusión política tras el cierre de una investigación que fue comparada con Watergate y que, al final, dejó un sabor amargo a los críticos de Trump y una sensación de victoria en la Casa Blanca.

Mueller y un equipo de 19 abogados y decenas de agentes del FBI entrevistaron a unos 500 testigos en casi dos años, confirmaron la injerencia de Rusia y acusaron formalmente a 34 personas. Trump, por ahora, salió ileso.

La búsqueda de respuestas a los interrogantes que quedaron en el aire pasó a ser una de las prioridades de los demócratas en el Congreso y de los detractores más acérrimos de Trump, muchos de los cuales se niegan a soltar el escándalo.

Con la Cámara de Representantes bajo su control, los demócratas llamarán seguramente a testificar a Barr y a Mueller. La oposición presionó a Barr para que el Departamento de Justicia divulgue el informe del fiscal. Será la gran batalla. Los demócratas exigieron que ocurra antes del 2 de abril. El fiscal general, en la mira de la oposición, que lo acusa de haber tomado una decisión política, informó que revisar el informe le tomará "semanas".

El demócrata Adam Schiff, presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara baja, que insistió en que había "evidencias de colusión" entre la campaña de Trump y Rusia, quedó bajo fuego de los republicanos, que pidieron su renuncia. Pero defendió su trabajo -lideró una de las investigaciones en el Congreso- y sugirió que Barr tomó una decisión política al liberar a Trump del cargo de obstrucción.

"Mueller pasó dos años investigando la obstrucción a la Justicia y encontró evidencia que 'no exonera' a Trump. Barr tardó dos días en dejar de lado esa evidencia", dijo Schiff.

Elizabeth Warren, senadora y candidata presidencial demócrata, fue tajante cuando Stephen Colbert, una de las estrellas nocturnas de la televisión, le preguntó en una entrevista si confiaba en la decisión de Barr.

"No", respondió Warren. "Y no deberías tener que preguntarme si confío. Deberíamos ver el informe completo. Cuando veamos el informe completo, sabremos cuál es la base de la decisión. Punto", agregó la candidata.

En otra clara señal de la politización de la investigación, Trump, la Casa Blanca y los republicanos en el Congreso abrieron la posibilidad de dar vuelta todo para "investigar a los investigadores", molestos por una pesquisa que el propio Trump llegó a tildar de "ilegal".

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