El contagio de cuatro guardias suizos hace peligrar la nueva normalidad del Vaticano

En esta foto de archivo tomada el 7 de octubre de 2020, un guardia suizo con una máscara facial se encuentra en una audiencia pública limitada del Papa Francisco en el Vaticano, durante la pandemia de coronavirus
En esta foto de archivo tomada el 7 de octubre de 2020, un guardia suizo con una máscara facial se encuentra en una audiencia pública limitada del Papa Francisco en el Vaticano, durante la pandemia de coronavirus Fuente: AFP
Elisabetta Piqué
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12 de octubre de 2020  • 16:14

ROMA.- Mientras crece la preocupación en Italia por la segunda ola de coronavirus, la salida a la luz de un brote en el Vaticano, donde cuatro guardias suizos y otras tres personas dieron positivo, hace peligrar la nueva normalidad del pequeño Estado.

"En el curso del fin de semana se registraron algunos casos positivos entre los guardias suizos", reveló pasado el mediodía el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, que detalló que al momento hay cuatro miembros del ejército del Papa -el más antiguo del mundo- contagiados, con síntomas y en aislamiento. "Se está procediendo al control necesario entre quienes pudieron estar en contacto directo con ellos", agregó Bruni, que recordó que desde la semana pasada el Vaticano dispuso el uso obligatorio del barbijo tanto en sitios cerrados como abiertos.

Bruni también informó que otras tres personas, residentes y ciudadanos del pequeño Estado, de los que no dio mayores detalles, también dieron positivo, aunque tienen síntomas leves.

La noticia del contagio de los guardias suizos creó alarma no sólo porque son los "guardianes" del Papa, sino también porque forman parte de un ejército de un centenar de efectivos que suelen estar presentes no sólo en ceremonias y audiencias papalas, sino también en las entradas de los accesos de los palacios del Vaticano. Los nuevos casos, que se sumaron a cerca de una docena reportados en los últimos meses, generó dudas sobre qué pasará en las próximas audiencias generales de Francisco, que nadie descarta que puedan volver a suspenderse de detectarse más casos entre los miembros del legendario ejército del Papa y si sigue creciendo en Italia la curva de contagio, como todo parece indicar.

Las audiencias generales del exarzobispo de Buenos Aires volvieron a ser con fieles el 2 de septiembre pasado después de una suspensión de seis meses debido a la pandemia. Si bien participan muchos menos fieles que antes -un máximo de 500- porque siguen prohibidas las aglomeraciones, deben sortearse controles de medición de temperatura y es obligatorio el barbijo, desde el principio causó inquietud que el Papa no usara "mascherina". Algo que tampoco hacen sus más estrechos colaboradores, los obispos que lo saludan y los fotógrafos papales. Incluso hoy, durante la audiencia privada que tuvo con el cardenal australiano George Pell, prefecto emérito de la Secretaría de Economía -exzar de las Finanzas del Vaticano y rival del defenestrado cardenal Angelo Becciu- en la biblioteca del Palacio Apostólico, a Francisco se lo vio sin barbijo y sin mantener distancia a la hora de las fotos.

En esta foto de archivo tomada el 18 de mayo de 2020, un guardia suizo con una mascarilla hace guardia junto a la Basílica de San Pedro
En esta foto de archivo tomada el 18 de mayo de 2020, un guardia suizo con una mascarilla hace guardia junto a la Basílica de San Pedro Fuente: AFP

"El Papa usa el barbijo cuando llega en auto a la audiencia general, pero después se lo saca porque siente que no puede estar con gente y saludarla con una máscara, con el rostro tapado... Es más fuerte que él", explicó a LA NACIÓN una fuente de su entorno.

Las dudas en cuanto a si podrán mantenerse las audiencias generales o no, se acrecentaron al conocerse las nuevas medidas anti-coronavirus que se apresta a aprobar el gobierno de Giuseppe Conte para hacerle frente a una tendencia creciente de contagios, una situación al momento controlada, pero que de seguir con el mismo ritmo, complicará fuertemente el período navideño que se avecina.

El gobierno, que la semana pasada dispuso el uso obligatorio del barbijo en todo el país, al aire libre y en sitios cerrados (runners y bikers excluidos), se dispone a recomendar el uso de la mascherina también adentro de las casas, junto a convivientes; a prohibir fiestas privadas de más de 30 personas, así como la práctica amateur de deportes de contacto como fútbol, básquet o judo. Por otro lado, para contrarrestar la aquí llamada "movida" nocturna, es decir, las aglomeraciones de jóvenes en plazas y lugares de moda, sobre todos los fines de semana, decretará un toque de queda para bares, restaurantes, pizzerías, heladerías y confiterías, que deberán cerrar a las 24. Los locales que no tienen lugares para sentarse y venden comida o bebida para llevar, por otro lado, deberán cerrar a las 21.

Aunque aumenta la preocupación en la opinión pública, que teme otro cierre total con consecuencias devastadoras para la economía, como sucedió a partir del 8 de marzo pasado, al principio de la emergencia sanitaria, Conte aseguró que no habrá otra cuarentena total. "Excluiría un nuevo confinamiento", dijo a la prensa, aunque sí admitió que si la curva sigue subiendo en determinados lugares deberán decretarse cuarentenas locales. Y hablando de cuarentena, el gobierno también se dispone a bajarla de 14 a 10 días.

Hoy se registraron 4619 casos en las últimas 24 horas, un número inferior a la víspera (5456 y que llevaron el total a 359.569), aunque se hicieron menos tests de hisopado. Se contabilizaron 39 muertos (total 36.205) y hubo un repunte de 302 internaciones en sólo 24 horas. Según datos del ministerio de Salud, hay más de 80.000 personas positivas en este momento, la mayoría en aislamiento domiciliario, 4821 internadas con síntomas y 452 en terapia intensiva.

"Debemos intervenir enseguida", dijo Silvio Brusaferro, presidente del Instituto Superior de Sanidad, que tras destacar que "por suerte" la edad promedio de los contagiados sigue siendo de 40 años, aseguró que "la batalla ahora es impedir que el virus pase de los más jóvenes a los ancianos, volviendo a congestionar nuevamente los servicios sanitarios".

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