Francisco: "Ármense de amor y justicia"

En la República Centroafricana, un país dominado por la guerra civil, llevó un mensaje de paz y reconciliación; "A todos los que usan injustamente las armas, depongan estos instrumentos de muerte", clamó; adelantó el inicio del Jubileo de la Misericordia
Elisabetta Piqué
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30 de noviembre de 2015  

Desplazados internos por la guerra civil miran la llegada del avión del Papa a la capital de la República Centroafricana
Desplazados internos por la guerra civil miran la llegada del avión del Papa a la capital de la República Centroafricana Fuente: AFP - Crédito: Gianluigi Guercia

BANGUI.- "A todos los que usan injustamente las armas en este mundo, yo lanzo un llamamiento: depongan estos instrumentos de muerte: ármense más bien de justicia, amor, misericordia, auténticas garantías de paz."

Francisco ayer volvió a hacer historia en la última y más arriesgada etapa de su viaje a África, que hizo pese a la objeción de muchos que temían por su seguridad. No sólo llevó un mensaje de paz, esperanza y reconciliación a la República Centroafricana, un país desangrado por una guerra civil que lleva tres años. En un gesto extraordinario, con el que rompió una tradición milenaria, también inauguró fuera del Vaticano y en forma anticipada el Jubileo de la Misericordia, algo sin precedente. Lo hizo al abrir la Puerta Santa de la catedral de Bangui, una ciudad militarizada por los enfrentamientos entre una milicia cristiana y otra musulmana, dominada por la presencia de 12.000 militares de las Naciones Unidas y un contingente de 900 soldados franceses.

Además, en medio de un clima de guerra, con blindados patrullando las calles y helicópteros de la ONU revoloteando en el cielo, visitó un campo de refugiados y un hospital de niños al que llevó medicamentos.

"Hoy Bangui se convierte en la capital espiritual del mundo", dijo en la catedral, una simple iglesia de ladrillos de barro enclavada en una ciudad de casas bajas, calles de tierra roja y colinas de vegetación tropical color verde intenso. "El Año Santo de la Misericordia llega adelantado a esta tierra, una tierra que sufre desde años la guerra, el odio, la incomprensión, la falta de paz", agregó, mientras un sacerdote local traducía en sango, el idioma local, y una multitud congregada en la plaza frente al templo gritaba de júbilo.

Según la bula con la que convocó el Jubileo de la Misericordia, el Año Santo se inaugurará el próximo 8 de diciembre en Roma. Pero Francisco, en otro gesto de ruptura, descentralización y atención a los que más sufren, cambió las cosas.

"En esta tierra sufriente están todos los países del mundo que han pasado por la cruz de la guerra. Bangui hoy se convierte en la capital espiritual de la oración y de la misericordia del Padre. Todos nosotros pedimos paz, misericordia, reconciliación, perdón, amor. ¡Por Bangui, por toda la República Centroafricana y por todos los países que sufren la guerra, pedimos paz!", exclamó.

Luego, en un clima de máximo recogimiento, se dio vuelta hacia la puerta principal y central de la catedral y la abrió, empujándola con ambas manos y quedándose por un instante con los brazos abiertos, levantados, mientras en el interior estallaba el júbilo.

En la misa que celebró después, el tema del perdón fue el eje de la homilía. "Nosotros también, después de haber experimentado el perdón, tenemos que perdonar", dijo. Destacó la importancia del "amor por los enemigos" y recordó que los cristianos están "llamados a ser en el mundo los artesanos de una paz fundada en la justicia".

Los mismos conceptos reiteró en una vigilia de oración que compartió con jóvenes. "Serán vencedores de las batallas más difíciles con el amor. Irse del país no es una solución. Ustedes deben ser valientes en el amor, valientes en el perdón, valientes en hacer la paz", los arengó.

"Vengo como peregrino de la paz y me presento como apóstol de esperanza", había dicho por la mañana en su primer discurso después de haber aterrizado desde Uganda, ante autoridades y el cuerpo diplomático. En éste, respaldó los esfuerzos que se están haciendo para llevar a la normalidad a este país africano desintegrado. Y llamó a la comunidad internacional a seguir ayudando a su reconciliación y desarme.

Lo escuchaba atenta la presidenta de transición Catherine Samba-Panza, ex alcalde de esta capital, elegida por un consejo de transición interno, independiente de los dos bandos en pugna, para un interinato cuyo objetivo es llevar al país a elecciones presidenciales y parlamentarias. Éstas deberían haberse llevado a cabo en octubre pasado, pero terminaron siendo postergadas debido a la violencia.

El Papa aludió directamente a esta situación de lo más compleja en esta ex colonia francesa rica en diamantes, petróleo y uranio, con una población de 4,5 millones de personas (37% católicos, 20% religiones tradicionales, 16% protestantes, 15% musulmanes).

"Deseo ardientemente que las diferentes consultas nacionales, que se celebrarán en las próximas semanas, permitan al país entrar con serenidad en una nueva etapa de su historia", señaló.

Y ayer, más allá de clima de guerra, la sensación en las calles de Bangui era ésa, que empezaba una nueva etapa.

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