El Papa llamó a los jesuitas a ser "servidores de la alegría"
Francisco habló en la 36° Congregación General que la semana pasada eligió a su primer superior latinoamericano
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ROMA.- Por primera vez un Papa jesuita, Francisco , salió hoy del Vaticano para ir hasta el cuartel general de la Compañía de Jesús para recordarle que “el jesuita es un servidor de la alegría del Evangelio”. “Una buena noticia no se puede dar con cara triste. La alegría no es un plus decorativo, es índice claro de la gracia: indica que el amor está activo, operante, presente”, dijo el Papa, hablando en el Aula de las Congregaciones de la curia generalicia de los jesuitas, un edificio austero que se levanta muy cerca del Vaticano.
Teniendo a su lado el nuevo superior, el venezolano Arturo Sosa, el primer latinoamericano al frente de la orden fundada por San Ignacio de Loyola, Francisco intervino en la 36° Congregación General de la orden. En esta reunión, que es el máximo órgano de gobierno de los jesuitas, al margen de haberse elegido un nuevo líder, sucesor del español Adolfo Nicolás, hace diez días, se discute ahora el rumbo que debe tener hoy la orden religiosa más numerosa e intelectual del mundo.
Citando palabras de su predecesor, Benedicto XVI, Francisco recordó también a los jesuitas que “la Iglesia los necesita, cuenta con vosotros y sigue confiando en vosotros, de modo especial para llegar a los lugares físicos y espirituales a los que otros no llegan o les resulta difícil hacerlo”.
Al hablar de la importancia de la alegría, también destacó que “el anuncio explícito del Evangelio -mediante la predicación de la fe y la práctica de la justicia y la misericordia- es lo que lleva a la Compañía a salir a todas las periferias”. “El jesuita es un servidor de la alegría del Evangelio, tanto cuando trabaja artesanalmente conversando y dando los ejercicios espirituales a una sola persona, ayudándola a encontrar ese «lugar interior de donde le viene la fuerza del Espíritu que lo guía, lo libera y lo renueva», como cuando trabaja estructuralmente organizando obras de formación, de misericordia, de reflexión”, afirmó.
En el Año de la Misericordia –que concluirá el 20 de noviembre próximo-, el ex arzobispo de Buenos Aires , que fue en su juventud provincial de los jesuitas durante dos mandados, también destacó que las obras de misericordia -el cuidado de los enfermos en las hospederías, la limosna mendigada y repartida, la enseñanza a los pequeños, el sufrir con paciencia las molestias…- “eran el medio vital en el que Ignacio y los primeros compañeros se movían y existían, su pan cotidiano: ¡cuidaban que todo lo demás no fuera óbice!”.
Reiteró, asimismo, que la misericordia “no es una palabra abstracta sino un estilo de vida, que antepone a la palabra los gestos concretos que tocan la carne del prójimo y se institucionalizan en obras de misericordia”. “El Señor, que nos mira con misericordia y nos elige, nos envía a hacer llegar con toda su eficacia esa misma misericordia a los más pobres, a los pecadores, a los sobrantes y crucificados del mundo actual que sufren la injusticia y la violencia. Sólo si experimentamos esta fuerza sanadora en lo vivo de nuestras propias llagas, como personas y como cuerpo, perderemos el miedo a dejarnos conmover por la inmensidad del sufrimiento de nuestros hermanos y nos lanzaremos a caminar pacientemente con nuestros pueblos aprendiendo de ellos el modo mejor de ayudarlos y servirlos”, dijo.
Francisco también llamó a los jesuitas a “hacer las cosas sintiendo con la Iglesia”. “Las reglas para sentir con la Iglesia no las leemos como instrucciones precisas sobre puntos controvertidos (alguno podría resultar extemporáneo) sino ejemplos donde Ignacio invitaba en su tiempo a ‘hacer contra’ al espíritu antieclesial, inclinándose total y decididamente del lado de nuestra Madre, la Iglesia, no para justificar una posición discutible sino para abrir lugar a que el Espíritu actuara a su tiempo”, explicó. “El servicio del buen espíritu y del discernimiento nos hace ser hombres de Iglesia -no clericalistas, sino eclesiales-, hombres ‘para los demás’, sin cosa propia que aísle sino con todo lo nuestro propio puesto en comunión y al servicio”, agregó.
Finalmente, pidió que la Compañía de Jesús “tenga y pueda tener siempre más el rostro, el acento y el modo de todos los pueblos, de cada cultura, metiéndose en todos ellos, en lo propio del corazón de cada pueblo, para hacer allí Iglesia con cada uno, inculturando el evangelio y evangelizando cada cultura”.
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