Quiénes podrían tomar el control en Irán tras la muerte de Khamenei
El golpe al liderazgo supremo abrió una interna entre militares, clérigos y figuras del sistema para definir el rumbo del régimen
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TEHERÁN.– El poder en Irán atraviesa su momento más frágil en décadas. Tras el inicio de la Operación Furia Épica, la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel que golpeó el núcleo del régimen, la muerte del líder supremo, Ali Khamenei, confirmó el escenario más temido en Teherán y abrió una etapa de incertidumbre histórica. La atención ya no se concentra solo en los daños militares, sino en una pregunta decisiva: quién tomará ahora las riendas de la República Islámica y cómo se reorganizará el sistema que gobernó el país durante más de tres décadas bajo su conducción.
La confirmación llegó desde Washington. En un mensaje contundente, Donald Trump afirmó que Ali Khamenei “está muerto” y calificó su caída como “justicia” para el pueblo iraní y para las víctimas en Estados Unidos y otros países. El presidente aseguró que el líder supremo no pudo eludir los sistemas de inteligencia y rastreo estadounidenses, destacó la coordinación con Israel y sostuvo que esta es “la mayor oportunidad” para que los iraníes recuperen su país. También advirtió que los bombardeos continuarán “el tiempo que sea necesario” para garantizar, según dijo, la “paz en Medio Oriente y en el mundo”.
Horas antes, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había preparado el terreno al señalar que existían “indicios claros” de que el ayatollah de 86 años “ya no está”, sin ofrecer detalles adicionales.

El nombre que emerge
Con la confirmación de la muerte de Khamenei, la atención comenzó a desplazarse hacia la sucesión. Un nombre se repite con insistencia tanto en la capital iraní como en las cancillerías extranjeras: Ali Larijani. A sus 67 años, este veterano del sistema aparece como el principal candidato para garantizar una transición controlada por el aparato de seguridad y evitar un colapso abrupto del régimen.
Actual secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Larijani fue uno de los primeros dirigentes en reaccionar públicamente tras los ataques: afirmó que Israel y Estados Unidos “lamentarán sus acciones” y advirtió que “los valientes soldados y la gran nación de Irán darán una lección inolvidable a los opresores internacionales”, en un mensaje difundido en la red social X.
Larijani no es un clérigo de alto rango —una exigencia formal para ocupar el cargo de líder supremo—, pero su peso político y su trayectoria lo colocan en una posición privilegiada. Desde enero, ante el recrudecimiento de las protestas internas y el deterioro del frente externo, Khamenei le delegó funciones clave en materia de seguridad nacional y política exterior. En los hechos, se convirtió en el hombre fuerte del régimen.

Su perfil combina ortodoxia y pragmatismo. Profesor de matemáticas y filosofía, especialista en Immanuel Kant, proviene de una familia clerical central en la historia de la República Islámica: es hijo de un ayatollah y yerno de Morteza Motahhari, uno de los principales ideólogos de la revolución de 1979. Fue comandante de la Guardia Revolucionaria, presidió el Parlamento durante doce años y encabezó las negociaciones nucleares más recientes con Occidente. A diferencia de la élite clerical tradicional, viste sin rigidez religiosa y mantiene vínculos familiares en el exterior, incluido un sobrino residente en Gran Bretaña.
Su ascenso dejó en segundo plano al presidente Masoud Pezeshkian, un reformista moderado que admitió en reuniones privadas su escaso margen de maniobra. Hoy, Larijani es quien articula los vínculos con Rusia y coordina la respuesta estratégica frente a la ofensiva militar.
Una interna feroz
Pero la sucesión está lejos de estar resuelta. Mohammad Bagher Ghalibaf, actual presidente del Parlamento y excomandante de la Guardia Revolucionaria, conserva el respaldo de sectores duros del estamento militar y mantiene una relación estrecha con Mojtaba Khamenei, el influyente hijo del líder supremo. Según fuentes regionales, Ghalibaf recibió el encargo de coordinar la respuesta militar ante un escenario de guerra abierta con Estados Unidos.

En la lista de contingencia también reaparece un nombre inesperado: el del expresidente Hassan Rouhani, rescatado del ostracismo político como posible figura de equilibrio si el régimen opta por una salida menos confrontativa para preservar su supervivencia. Completan el círculo de poder el general Yahya Rahim Safavi y Ali Asghar Hejazi, jefe de gabinete del líder supremo. En contraste, servicios de inteligencia israelíes sostienen que Ali Shamkhani, asesor clave de Khamenei, murió durante los ataques del sábado.
La oposición, al margen
Desde el exilio, la oposición intenta capitalizar el momento. Reza Pahlavi, hijo del último shah, calificó la ofensiva como una “intervención humanitaria” y pidió a las fuerzas armadas que abandonen al régimen. Maryam Rajavi, del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, reclamó un gobierno provisional y la disolución inmediata de la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, analistas coinciden en que el desenlace no se decidirá en el exilio ni en las calles, sino en los cuarteles y búnkeres de Teherán.
My dear compatriots,
— Reza Pahlavi (@PahlaviReza) February 28, 2026
Decisive moments lie before us.
The assistance that the President of the United States had promised to the brave people of Iran has now arrived. This is a humanitarian intervention, and its target is the Islamic Republic, its apparatus of repression, and… https://t.co/YAq3rJLzdd pic.twitter.com/VVQ17mvhJ9
Por ahora, la Guardia Revolucionaria busca evitar un colapso total del sistema que protege desde hace más de cuatro décadas. En medio de bombardeos, Irán se asoma a una transición incierta que podría marcar el fin de una era en Medio Oriente.
Agencia Reuters y The New York Times
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