Un Irán confiado busca aprovechar su ventaja, pero enfrenta desafíos por delante
El acuerdo con EE.UU. alivia las presiones sobre el régimen islámico, pero la cuestión de las armas nucleares provoca fuertes divisiones en el frente interno
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DUBÁI.— Mientras los medios iraníes celebran la “magnífica derrota” de Estados Unidos, Teherán intenta capitalizar su ventaja: acelera las exportaciones de petróleo al amparo del acuerdo de paz provisorio firmado esta semana y busca poner fin a los ataques israelíes en el Líbano.
Pero la República Islámica también sufrió duros golpes y encara importantes desafíos. Su economía quedó devastada tras la guerra, el país fue sacudido por protestas masivas en enero y su líder supremo aún no reapareció en público. Además, inicia negociaciones nucleares con Estados Unidos después de haber sido atacado durante las dos rondas previas de diálogo.
El acuerdo ofrece un alivio de sanciones que Irán necesita con urgencia, aunque gran parte de ese beneficio solo llegará si reduce su programa nuclear, incluido, como mínimo, el rebajamiento del nivel de enriquecimiento de sus reservas de uranio. Esa concesión irritó a los sectores más duros del régimen. Al mismo tiempo, Estados Unidos exige el cese total del enriquecimiento, una condición que Teherán rechaza desde hace décadas.
Los dirigentes iraníes proyectan confianza tras haber sobrevivido a semanas de intensos bombardeos estadounidenses e israelíes. También creen que el presidente Donald Trump difícilmente concrete su amenaza de reanudar la guerra, debido a la capacidad demostrada por Irán para cerrar el estrecho de Ormuz y afectar la economía mundial.
“Es exagerado decir que Irán salió victorioso, pero podría haber sido mucho peor”, afirmó Farzan Sabet, especialista en Irán del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra. “La verdadera victoria fue, simplemente, sobrevivir”.
El acuerdo ofrece un respiro financiero
Según el acuerdo provisorio, Estados Unidos emitirá exenciones para permitir nuevamente las exportaciones de crudo iraní. Al menos tres petroleros estatales ya zarparon tras el levantamiento del bloqueo estadounidense, según Lloyd’s List Intelligence.
La firma TankerTrackers.com informó el viernes que Irán exportó casi 18 millones de barriles en los últimos cinco días, por un valor estimado de 1440 millones de dólares.
Decenas de buques más cargados con petróleo podrían partir pronto desde la isla de Kharg, principal terminal exportadora del país en el Golfo Pérsico, lo que seguiría presionando a la baja los precios internacionales.
El barril de Brent, que el mes pasado superaba los 110 dólares, cayó hasta alrededor de 80 dólares tras el acuerdo. En Estados Unidos, el precio promedio del galón de nafta también descendió por debajo de los cuatro dólares, un indicador clave de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Las sanciones habían obligado durante años a Irán a vender su petróleo mediante una “flota en las sombras”, principalmente a China y con fuertes descuentos. Ahora podrá ampliar su cartera de compradores y obtener mejores precios.
Ese ingreso será más necesario que nunca para afrontar las consecuencias económicas de la guerra.
Una crisis económica cada vez más profunda
Desde que las autoridades levantaron el apagón de internet que duró más de un mes, numerosos iraníes comenzaron a publicar fotos de heladeras vacías.
La carne y otros productos básicos se volvieron inaccesibles para muchas familias. El rial iraní, que cotizaba a 32.000 por dólar cuando se firmó el acuerdo nuclear de 2015, hoy supera el millón y medio por cada dólar.
“Se estima que el conflicto destruyó al menos un millón de empleos en Irán y que el 20% de esas pérdidas estuvo vinculado al cierre de internet impuesto por el Estado”, señaló Holly Dagres, investigadora del Washington Institute for Near East Policy.
“Los iraníes comunes, que ya sufrían la mala gestión, la corrupción y las sanciones estadounidenses, vieron agravadas esas dificultades por una hiperinflación que volvió prácticamente inútil al rial.”
El derrumbe de la moneda desencadenó las protestas nacionales de enero, que desafiaron el poder del entonces líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei. La represión fue la más sangrienta de la historia del régimen y dejó miles de muertos.
Khamenei, de 86 años, y otros altos dirigentes murieron en el ataque inicial lanzado por Israel el 28 de febrero. Los funerales se celebrarán entre el 4 y el 9 de julio, coincidiendo con los seis meses de la represión de las protestas. Desde el inicio de la guerra, el gobierno organiza manifestaciones permanentes para exhibir fortaleza.
Los sectores moderados impulsan ahora un mayor acercamiento a Occidente para aprovechar los beneficios económicos de las negociaciones. Además del levantamiento total de las sanciones, el acuerdo prevé un fondo de inversión de 300.000 millones de dólares para Irán si alcanza un pacto definitivo con Estados Unidos, aunque todavía no está claro de dónde saldrán esos recursos.
La incógnita es hasta dónde estará dispuesto a ceder el nuevo líder supremo, el ayatollah Mojtaba Khamenei, hijo del fallecido líder, junto con los sectores más duros del régimen. En un comunicado difundido por los medios estatales respaldó el acuerdo provisorio, aseguró que negociar “no significa aceptar la opinión del enemigo”, aunque admitió tener “un punto de vista diferente”, sin ofrecer más detalles.
Líbano y el programa nuclear amenazan el acuerdo
La situación en el Líbano ya puso en riesgo el entendimiento. Las conversaciones previstas para el viernes en Suiza fueron postergadas por la intensificación de los combates entre Israel y Hezbollah.
Israel sostiene que mantendrá la ocupación de amplias zonas del sur del Líbano y continuará combatiendo a Hezbollah hasta eliminar la amenaza. La organización, por su parte, se niega a cesar los ataques sin una retirada israelí, aunque ambas partes aceptaron una tregua el viernes.
El acuerdo interino entre Irán y Estados Unidos —que ni Israel ni Hezbollah firmaron— exige el cese de las operaciones militares y el respeto de la integridad territorial y la soberanía libanesas.
“El fin de la guerra en el Líbano es una parte inseparable del final completo del conflicto”, afirmó el martes el canciller iraní, Abbas Araghchi. “Y el final de la guerra también implica el fin de la ocupación.”
Eso deja muy poco margen de maniobra para Washington, que incluso postergó el viaje del vicepresidente JD Vance a Suiza.
Luego está la negociación nuclear propiamente dicha. Irán parece haber conseguido sacar de la mesa dos demandas históricas de Estados Unidos e Israel: su programa de misiles y el apoyo a Hezbollah y otros grupos armados.
En el punto central, aceptó reducir el nivel de enriquecimiento de sus reservas de uranio, una de las principales exigencias estadounidenses.
Sin embargo, Raja News, un medio alineado con el ala ultraconservadora, criticó duramente esa concesión al sostener que Irán había “renunciado a sus principales cartas de presión”. Esa reacción refleja la presión interna para no ceder en otros temas, como el futuro del programa de enriquecimiento.
“No soy demasiado optimista respecto de una segunda ronda de conversaciones centrada en la cuestión nuclear”, concluyó Sabet. “Todavía no veo claro que esas negociaciones vayan a llegar a buen puerto, al menos este año”.
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