Barry Keoghan: de su dura infancia a sus inicios en la actuación y su escandalosa separación de Sabrina Carpenter
Es uno de los grandes actores de su generación; varios directores confían en su talento, pero también tiene fama de “chico problemático”
10 minutos de lectura'
“Yo no sé si lo que pasa es justo, pero es lo único que puedo imaginar cercano a la idea de justicia”. La frase surge de la voz de un joven apenas adolescente como una sentencia de muerte. La consumación de una venganza. Ese adolescente era en realidad Barry Keoghan ya con 24 años y cierta aura angelical, mientras su personaje impartía un implacable castigo sobre un médico y su familia. Ellos eran Colin Farrell, Nicole Kidman, Raffey Cassidy y un pequeño Sunny Sujlic; la película: El sacrificio del ciervo sagrado (2017) de Yorgos Lanthimos. Esa fue la verdadera aparición de este prometedor actor irlandés, aunque a menudo se señale Dunkerque, del mismo año, como la primera película que lo puso bajo la luz de los reflectores. Y sí, el padrinazgo de Christopher Nolan no era menor, pero su interpretación del joven Martin cuando ofrecía a su cordero la oferta de un terrible sacrificio, marcaría la estela de su presencia: silenciosa, enigmática, ominosa. “Es un muchacho dulce, pero puede convertirse en siniestro y peligroso en apenas un instante”, reflexionaba entonces el director griego, atraído siempre por aquello que desafía las convenciones.
El estreno de Caminos del crimen en estos días confirma el buen momento de Barry Keoghan y revela la profundidad de aquella mirada penetrante, la persistente tensión en sus músculos, la energía en sus movimientos. Basada en una novela de Don Winslow (el mismo de Salvajes, de Oliver Stone), la historia es la de un robo y su persecución, protagonizada por Chris Hemsworth y Mark Ruffalo, el primero como un exquisito ladrón de guante blanco, el segundo como el detective obsesionado con atraparlo. Entre ellos, Halle Berry interpreta a una corredora de seguros que parece aprovechar la oportunidad y el atractivo del engaño, y Keoghan a un cazador furtivo detrás de un codiciado botín que transita en la larga avenida 101 de Los Ángeles. Un escenario de ensueño, muchos personajes, todos enredados en una trama que combina historias como las de Bullitt y El caso Thomas Crown, con persecuciones a toda velocidad por la soleada California, seducción y ardides como moneda de cambio, y una línea divisoria entre la ley y el crimen que tiende a difuminarse.

“Uno de los mejores actores de su generación”
Keoghan parece tener experiencia en esos personajes esquivos, ambiguos, siempre en la línea de fuego entre el deber y la traición. En Acaba con ellos (2024), del debutante Christopher Andrews, interpretaba a un joven ermitaño de las praderas irlandesas capaz de trenzarse en un duelo bestial por unos corderos y una vieja inquina familiar. La misma tensión entre la inocencia latente y el asomo de una violencia incontenible parecía vislumbrarse tras las rejas de la prisión de Arkham en The Batman (2022), sembrando el origen de un nuevo Joker que cobrará vida en la inminente secuela con Robert Pattinson vestido como el caballero de la noche (la inclusión del actor irlandés no está confirmada, pero es el nombre que circula con más fuerza).

Los personajes de Keoghan parecen tener esa mirada esquiva y a la vez concentrada, niños peligrosos como el joven de Los espíritus de la isla (2022) -que le valió una nominación al Oscar al Mejor actor de reparto-, asediando la amistad en crisis entre Colin Farrell y el veterano Brendan Glesson. El director y dramaturgo británico Martin McDonagh percibió esa tensión en la mirada de Keoghan al elegirlo para su película, habitada por aires de parábola, por hombres en soledad y melancolía, atentos a los sentimientos que el tiempo corroe sin remedio. “Barry es uno de los mejores actores de su generación, y más aún en Irlanda, y siempre es mejor elegir a los mejores que a un elenco que se ajuste a los patrones”, revelaba McDonagh en conversación con la versión británica de la revista GQ en 2022. Apenas un año después, el desorientado Oliver Quick de Saltburn (2023) revelaba esos mismos anhelos de triunfo en un retrato kitsch y provocador al estilo de la obra de Emerald Fennell. Una nueva apropiación de la mitología en clave moderna, convirtiendo a Oxford en un infierno salido de las páginas del Dante.
Una dura infancia

“Me siento muy conectado con el lobo, tanto por estar en la manada como por ser una fiera solitaria”, revelaba en la entrevista con GQ a propósito de su regreso a Irlanda [luego de vivir en Londres] y su conexión con el universo animal en la película de la directora de la nueva Cumbres borrascosas. Keoghan tiene un perro bautizado Koda, un pastor checo, y su cercanía con la animalidad es tanto un guiño buscado como un recurso de supervivencia. Y eso se debe a que la vuelta a su país agitó su memoria. En su infancia fue criado por su abuela materna luego de transitar por numerosos hogares sustitutos junto a su hermano menor, Éric; más tarde se convirtió en actor por casualidad, mirando películas de Paul Newman y Marlon Brando, jugueteando con su acento de Dublín como parte de su disfraz, aprendiendo a boxear para resistir los golpes más duros. Su madre murió por la adicción a la heroína y de aquel pasado quedaron las cicatrices como parte de su reconstrucción: regresar a Summerhill, una zona populosa y de escasos recursos al norte del centro de Dublín, visitar Croke Park, pasar por una casa donde vivió con su madre de pequeño, por los departamentos en los que se alojó más tarde en su adolescencia, la iglesia donde comulgó y su antigua escuela primaria y secundaria, O’Connell. Todo estaba en carne viva.

Pero el cine le abrió otras puertas. Después aquellas primeras obras de teatro escolares que le permitieron despuntar su vocación, se animó a presentarse en un casting con solo 16 años y quedó entre los elegidos. Era para Between the canals, una película independiente que tardó varios años en conseguir financiamiento, pero que lo puso en el circuito: llegaron primero algunas series como Jack Taylor (2010) o Fair City (2011), con personajes pequeños, todavía del decorado, luego algunos cortometrajes como parte de una vocación de exploración, y finalmente el marinero decidido a convertirse en héroe en Dunkerque. En entrevistas posteriores, Nolan todavía recordaba el encuentro con Keoghan: “Tenía inocencia, pero traía una verdad y madurez asombrosamente sofisticadas. Era un talento deslumbrante”. Si bien Dunkerque puso en el ojo del mainstream y le abrió las puertas para la serie Chernobyl (2019) en HBO y luego para Eternals (2021), la incursión de Chloe Zhao en el mundo Marvel, El sacrificio del ciervo sagrado lo convirtió en una figurita codiciada por el cine independiente.

Deseos cumplidos
En la entrevista con GQ, le consultaban a Keoghan con qué directores le interesaría trabajar, y entre ellos mencionaba a Andrea Arnold, directora británica que lo había deslumbrado con su opera prima Fish Tank, situada en los ambientes de adicciones y violencia que el actor conocía de primera mano. Arnold finalmente lo dirigió en Bird hace apenas dos años, y el sueño parece haberse hecho realidad. No solo compartió cartel con el ascendente Franz Rogowski -actor alemán que apareció en varias películas de su compatriota Christian Petzold-, sino que se integró al ambiente de trazos documentales que reina en las películas de la directora inglesa. Keoghan interpreta a Bug, un joven padre algo desorientado que intenta recolectar una sustancia alucinógena emanada por un sapo, con el objetivo de enriquecerse vertiginosamente. La combinación con la joven Nykiya Adams, quien interpreta a su hija Bailey, le permitió enriquecer su actuación, al igual que tiempo atrás la colaboración con los experimentados Colin Farrell y Joel Edgerton -con quien protagonizó La leyenda del caballero verde (2021)-, en una especie de continuidad con aquellos modelos de infancia como Newman o James Dean.

Con Caminos del crimen aquella vena de actor clásico regresa, quizás esa estela febril en las rutas que impuso Steve McQueen, o ese gesto de sumergir el rostro en hielo que vio hacer a Paul Newman como un ritual, o el movimiento al subirse a la moto que recuerda de verlo a Marlon Brando en El salvaje, con el pelo más revuelto y desordenado pero las ambiciones intactas. Barry Keoghan construyó su condición de intérprete entre esa cinefilia de sábados de matiné en la casa de su abuela, las escapadas a los cines de Dublín con el fervor de un creyente para buscar allí, en la pantalla, una masculinidad ausente en su crianza, y el profesionalismo de su consciente aprendizaje, observando a sus colegas en el set, bregando por trabajar con directoras como Andrea Arnold o Céline Sciamma -Bande de filles (2014) fue una película que lo marcó también por su conexión con esos barrios de su infancia-, al mismo tiempo que se prepara para el estreno de la nueva película de Peaky Blinders el mes que viene en Netflix. Y también lo hará con el halo sagrado de Los Beatles al interpretar a Ringo Starr en la miniserie de Sam Mendes que ya consiguió sus primeras fotografías de promoción antes de su estreno en 2027.

La vida parece aquietarse pese a los tumultos. En 2022 Keoghan fue padre de un niño junto a su pareja de entonces, Allyson Sandro, y tiempo después dio un paso importante en su lucha por mantenerse fuera de las drogas que cobraron la vida de su madre y dos de sus tíos. “Niall [un amigo] me llevó en auto y me subió a un avión él mismo, me acompañó y me condujo a rehabilitación en Inglaterra. [Hace poco] volví de visita. Fue un placer volver a ver al personal y que vieran el cambio en mí. Se emocionaron mucho. Les estaré eternamente agradecido”, revelaba en una reciente entrevista con el sitio Hollywood Authentic. En el recuerdo de su pasado asoma la complicidad con su hermano Éric, de quien no se separó pese a la insistencia de los servicios sociales, la calidez de su abuela, que sigue siendo su protectora, y los amigos de aquella Dublín lejana pero tan presente. También el Cine World Cinema donde solía ir todas las semanas a perderse en la pantalla. Mientras señala la figura de Chris Hemsworth como Thor en el vestíbulo, se maravilla: “Conozco a toda la gente que está ahora en el cine”.

Su aparición en el reciente estreno de Camino del crimen revela su persistente intento de seguir en el camino, luego de la escandalosa separación de la cantante pop Sabrina Carpenter -con quien compartió el video musical de “Please, Please, Please” y una comentada aparición en el Met Gala de 2024- y el consiguiente asedio en las redes sociales -finalmente abandonó Instagram a comienzos del año pasado-, pese a su fama de chico problemático y a sus apariciones en las alfombras rojas de los estrenos como parte de una permanente performance. “Siempre digo que la única persona que se interpone en mi camino, y esto es para todo, no solo para la actuación, soy yo mismo, cuando la duda se hace presente. Creo mis propios obstáculos. Nadie más es responsable de que consiga el éxito o el bienestar. El acto de asumir esa responsabilidad lo he aprendido durante los días más difíciles”.
Más notas de Barry Keoghan
Thriller ambicioso. Caminos del crimen: acción e intensidad por la gran autopista de Los Ángeles
"Ahora lo entiendo". La inesperada confesión de Barry Keoghan: el recuerdo de su durísima infancia y las adicciones contra las que lucha
En 2028. Los Beatles llegarán al cine con cuatro películas a cargo de reconocidos actores
1La China Suárez le respondió a un usuario en X que habló sobre su olor corporal: “Me van a hacer llorar”
- 2
Los amores de Perla Caron: un matrimonio que terminó en escándalo y la tragedia que marcó su vida
- 3
En fotos: de la invitada especial de Ethan Hawke a las risas de Benicio del Toro en el almuerzo de nominados a los Oscar
4Iván de Pineda llega a Olga con una competencia nacional que promete “juego, emoción y adrenalina”







