La leyenda de las seis cuerdas se presentó en Buenos Aires; crónica y fotos de una noche histórica
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Para un bluesman de ley como Buddy Guy, que por estos días se encamina a los 76 años, las cosas son muy simples: lo sentís o no lo sentís. Así lo dejó en claro cuando, en 2005, sus amigos Eric Clapton y B.B. King lo introdujeron al Rock and Roll Hall of Fame (sus palabras entonces fueron tan breves como precisas: "Si no pensás que tenés el blues, sólo seguí viviendo"). Esa filosofía de vida sobrevuela el escenario del Gran Rex. Y permite explicar, si es que la lógica cabe en una música tan instintiva como el blues, lo que sale de su guitarra y su garganta. De entrada, con "Nobody Understands Me but My Guitar", pone al teatro a sus pies. No se ve ni una butaca vacía. Se ve que el público local, que en estos meses pareció saturar su apetito ante el aluvión de visitas internacionales, supo reservarle un lugar especial a esta leyenda de las seis cuerdas. No es uno más del montón, por supuesto: músico de músicos, puente de influencias, precursor y responsable de mostrarle el camino a unos cuantos (de Hendrix a Vaughan, pasando por Clapton, Beck y Page).
Se percibe la fidelidad de una cultura blusera que tiene peso propio en nuestro país (al igual que el reggae en estos últimos años, el blues fue redescubierto y expandido durante los 90). Guy aclara que no sólo vino a tocar, sino también a divertirse. Sabe que juega de local. Y la audiencia no le falla: acá se festejan tanto sus solos como su sentido del humor y sus trucos (toca de las maneras menos ortodoxas posibles, al punto de dar vuelta la guitarra y hacerla frotar contra su panza o su trasero). A esta altura, ya no hay reglas (o tal vez nunca las hubo): así como no tiene lista de temas, tampoco siente la necesidad de tocar un cover de principio a fin. El juego de citas va de atrás para adelante y arremete de improviso. Suena un doblete del gran Muddy Waters: "Hoochie Coochie Man" que se pega a "She’s Nineteen Years Old". También toca "Fever", el clásico de Peggy Lee, para cortarlo en seco y mechar el riff de "Miss You" de los Rolling Stones (hablando de influencias: Keith Richards le terminó regalando su guitarra en Shine a Light). Algo parecido hace en "74 Years Young", de su más reciente álbum de estudio (Living Proof, 2010), al que le injerta "Boom Boom" de John Lee Hooker.
El popurrí guitarrero se extiende con Cream ("Strange Brew" y "Sunshine of Your Love") y Albert King (se anima a bajar para tocar entre la gente "Down Don’t Bother Me"). El pico de los homenajes lo alcanza con Hendrix y su "Voodoo Child": punto de partida para pasar por Ray Charles ("What’d I Say") y Marvin Gaye ("Ain’t That Peculiar"). De su cosecha, se destacan "Someone Else Is Steppin’ In" y la balada "Skin Deep" (la única canción en la que cambia su vieja Stratocaster). Imposible no maravillarse ante los cambios de volúmenes e intensidades –una de las marcas registradas de este pionero del sonido de Chicago–: Buddy Guy tiene la capacidad natural de reducir todo al mínimo, en un ámbito casi íntimo, y limitarse así a no dar más que pinceladas. Su banda no le pierde el rastro y sabe contenerse. Batería, bajo, teclados y una segunda guitarra; todos bien entrenados. Claro que el estallido siempre llega: el blues eléctrico, tan ruidoso y desencajado como le gusta a Jack White, cobra su máximo esplendor. Es lo que ha estado haciendo este viejo blusero durante sesenta años: moverse por los extremos y no arrepentirse de nada.
Por Santiago Delucchi
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