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Hasta el lanzamiento de Catch a Fire, fuera de Jamaica el reggae era considerado un novelty-act, una curiosidad que podía alcanzar ocasionalmente los charts pero que no estaba destinada a durar ni a ser tomada en serio. La etiqueta "world music", que podía legitimar –en los mercados anglófonos– la música producida fuera de los países centrales, no sería inventada por la mercadotecnia de las multinacionales hasta diez años más tarde.Hizo falta la aparición de un disco que provocara a la vez credibilidad, admiración y buenas ventas para convertir al reggae en algo más que una rareza.
Catch a Fire fue el álbum que mostró la verdadera novedad del reggae de un modo tal que oídos ingleses y norteamericanos pudieran apreciarla, y lo llevó a ser, probablemente, el sonido más influyente de la década del 70. Hecho que se consolidó, hay que aclarar, después de que, en 1974, Eric Clapton hiciera su célebre cover de "I Shot the Sheriff", cuya versión original se encuentra en Burnin’, el siguiente disco de los Wailers.
La historia de cómo Catch… proyectó el reggae fuera de Jamaica y puso a Bob Marley en el camino del estrellato global no es otro de los relatos heroicos y míticos del rock, puntuados por la perseverancia, la integridad de una visión y la fidelidad de un artista a sus orígenes. Eso vendría después, tras el éxito. Este disco es un triunfo de la visión comercial de un productor sobre la "autenticidad" de un artista, de la técnica y el trabajo en estudio sobre la pureza de las raíces.
Para 1972, Marley ya llevaba más de diez años tocando y grabando con distintos grupos, casi siempre junto a Bunny Livingstone y Peter Tosh, al principio bajo el nombre The Teenagers (en efecto, en 1963 ninguno de los integrantes había cumplido los 20 años) y, finalmente, tras algunas interrupciones, como The Wailers. Con este nombre, habían obtenido varios éxitos en Jamaica, en especial gracias a la colaboración de Lee "Scratch" Perry, quien no sólo aportó a los Wailers la base rítmica colosal de Aston "Family Man" Barrett y su hermano Carlton, bajista y baterista de su banda The Upsetters, sino que produjo los mejores tracks que grabó el grupo en los 60. Ninguno de ellos logró, originalmente, cruzar las fronteras de Jamaica.
En 1970, Marley había fundado Tuff Gong, su propio sello (que aún funciona como estudio y distribuidora, y continuamente reedita sus discos y los de otros artistas), sin embargo, consciente de que para obtener un éxito extramuros era necesario asegurarse una distribución internacional, prefirió ofrecerle Soul Rebels, el primer larga duración como The Wailers (el primer LP atribuido a la banda es, en realidad, el conjunto de singles grabado junto a Perry), al expatriado inglés Chris Blackwell, fundador del sello Island, que ya tenía convenios de distribución con varias de las grandes etiquetas del continente y había llevado algunos singles de los Wailers al Reino Unido, aunque sin éxito. Blackwell ofreció al grupo cuatro mil libras, con las que Catch a Fire se grabó en Dynamic Sounds Recordings de Jamaica.
Tras la grabación, Marley viajó a Inglaterra con los masters, que fueron reelaborados largamente en los estudios de Island por Blackwell. Dichas cintas aportadas por Marley eran el producto original: reggae sin adulterar, tal como sonaba en Kingston. Estas tomas pueden escucharse en la reedición doble Deluxe del disco (de 2001), que incluye un CD con las llamadas "Jamaican Sessions", los master tapes originales. Blackwell juzgó que su sonido era demasiado crudo, demasiado ascético y áspero para el oído del consumidor de rock (habituado en ese momento a la idea de "alta fidelidad" y a las cascadas de teclados del rock sinfónico). De modo que convocó a dos músicos blancos, los sesionistas norteamericanos Wayne Perkins y John "Rabbit" Bundrick para pulir el sonido de los tracks y edulcorarlos hasta el punto de que pudieran ser digeridos por la audiencia británica. En el documental dedicado a este disco de la serie Classic Albums (disponible en YouTube) puede verse a los cesionistas en la actualidad, recreando sin acompañamiento sus aportes de guitarra (¡incluida una slide!) y múltiples teclados a los tracks de Marley: sin la base rítmica, sus partes son puro soft rock. En la mezcla, sin embargo, funcionan. Este tratamiento aterciopelado, sumado al audio cristalino otorgado por la remezcla británica, logró su cometido. El disco fue el primer éxito comercial de los Wailers fuera de su país (y sería apuntalado seis meses después por el lanzamiento de Burnin’, que recibió un tratamiento similar).
Desde luego, no fue sólo el correcto desciframiento de Blackwell del gusto de la época lo que aseguró la excelente recepción del álbum. Blackwell encontró un envase sofisticado y accesible a la vez, en el que las canciones de Marley podían desplegar al máximo su voluntad de ser masivas. Originalmente, el disco se editó con un arte que imitaba, hasta en su modo de abrirse, a un encendedor Zippo. Como esta edición debía ensamblarse a mano, encarecía demasiado los costos y se limitó a una tirada de 20 mil ejemplares que, hoy, en buen estado, son ítems de colección. La edición subsiguiente vino con la tapa más conocida: un primer plano de Marley encendiendo un gran porro.
Indudablemente, la adhesiva delicadeza de las melodías de "Stir It Up" o "Kinky Reggae" encaja a la perfección, aun en sus versiones "sin adulterar", con el idioma pop de los 70. Al mismo tiempo, "Concrete Jungle", "Slave Driver" o "400 Years" (compuesta y cantada por Tosh) son canciones combativas que refieren a la historia de opresión y la confrontación con el poder establecido otorgaron al disco su cuota de credibilidad política. La sensible y exquisita voz de Marley, de la que percibimos hasta la mínima inflexión (y de ahí gran parte de su atractivo), es el centro de la gravedad emocional de estas canciones. El rango de los Wailers que, sin perder la propulsión de su ritmo, podía ir de la balada romántica al himno de barricada era, por lo menos, sorprendente. Marley componía y cantaba la mayor parte de los temas, pero este álbum es, claramente, la perfecta colaboración de una banda entre sí y con su productor.
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