El muchacho de la tapa de este mes no canta (por ahora), pero algunos de sus colegas sí se acercaron a la música, con resultados dispares
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¿Qué tiene que ver Maravilla Martínez con la música, eh, Rolling Stone? Bueno, no mucho: el canto es una de las pocas actividades en las que el campeón del mundo de los medianos todavía no incursionó. Sin embargo, por más salvaje y alejada de la estética que parezca ante los no iniciados, su actividad no es ajena a los avatares de la canción. Los profesionales del intercambio de golpes han inspirado a numerosos artistas, pero también es habitual el camino inverso: muchos púgiles han aprovechado su fama para incursionar en la música con pretendida impunidad. Algunos sorprendieron por su estilo. Y otros... más bien perdieron por nocaut. A continuación: cinco ejemplos de boxeadores que colgaron los guantes para tomar el micrófono.
Oscar de la Hoya ganó diez títulos en seis categorías diferentes, convirtiéndose así en uno de los púgiles más destacados de los años 90. No obstante, también tenía el berretín de la música, y en 2000 editó un álbum homónimo de discutible factura que, con todo, logró una nominación al Grammy. Su caballito de batalla era "Ven a mí", cover de los Bee Gees.
No muchos saben que Muhammad Ali, además de haber sido uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos, tuvo una efímera incursión en las lides musicales. Esta versión del clásico de Ben E. King fue registrada en 1964 (cuando aún se llamaba Cassius Clay) y lo muestra como un más que correcto intérprete.
Aunque su carrera viene en declive, el filipino Manny Pacquiao ha sido uno de los peleadores más celebrados de los últimos tiempos. Logro que no ha conseguido igualar en su carrera musical: su pasión por el soft rock ultrameloso y su desapego por la entonación lo hacen amplio merecedor de la paliza que le dio Juan Manuel Márquez en diciembre.
El panameño Roberto "Mano de Piedra" Durán supo protagonizar en los 80 contiendas históricas con "monstruos" de la talla de Sugar Ray Leonard, Tommy Hearns, Marvin Hagler y (más acá en el tiempo, y ya en otro nivel) nuestro "Roña" Castro. Y en medio de todo eso se hizo tiempo para tener su banda de salsa, la Orquesta La Felicidad.
Y no podía faltar un argentino: en los 70, Oscar "Ringo" Bonavena fue víctima de un productor inescrupuloso que se aprovechó de su histrionismo para hacerlo grabar esta pesadilla pop llamada "Pio pio pa". Más cerca del Club del Clan que del soul logrado de su rival Muhammad Ali, Ringo se sobrepone al engendro comercial con el rasgo que lo hizo célebre fuera del ring: su gigantesca simpatía.
Por Diego Mancusi
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