No es un ranking; no son las tablas sagradas de la ley, ni el resultado de un debate multitudinario: repasá o descubí lo que pasó en un año clave del rock a través de una decena de álbumes únicos
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No existían los iPod, no se podía llevar canciones en el celular –¡ni siquiera existían los celulares!–, la compresión MP3 no era una opción y la música se escuchaba en vinilos. Sí, esos enormes discos de acetato que tenían dos caras y obligaban a darles el tiempo necesario para descubrirlos, entenderlos y disfrutarlos. Está más que claro que los soportes no sólo impactan en el desarrollo de la industria: también influyen en las formas de escucha y las obras en sí mismas.
Pero más allá de estas particularidades, en los 70 la cultura rock se sentía pujante y capaz de seguir desafiando cánones propios y ajenos. No es cuestión de idealizaciones: discos buenos y malos hubo siempre. La nostalgia suele deformar, pero el paso del tiempo también limpia –afortunadamente– experiencias traumáticas y músicas horribles. Tampoco conviene pasar por alto que, en términos generales, las estéticas de producción vigentes en los 70 sobrevivieron y sobreviven con mucha mayor elegancia y efectividad que las de los recargados 80, por ejemplo.
Más allá de gustos y reflexiones, 1972 resultó un año particularmente potente y rico para la expansiva cultura rock. Hace cuatro décadas surgieron discos que definieron carreras de bandas y solistas, e impactaron para siempre en las estructuras que cimientan el movimiento. No son todos los que están ni están todos los que son. Claro. Pero esta nota puede funcionar como una excusa oportuna para repasar, recordar o descubrir qué estaba pasando en el planeta rock hace –ni más ni menos que– 40 años a través de una selección de diez discos fundamentales y una serie de bonus. Ahí va.
Transformer de Lou Reed
Casi recién separado de The Velvet Underground, Lou Reed preparaba su segundo disco solista todavía masticando la bronca por las peleas internas y la falta de repercusión. Quizás a partir de esas motivaciones se despachó con un trabajo monumental. La producción fue de David Bowie y el aporte del guitarrista Mick Jonson resultó decisivo. Transformer reúne once canciones que cuatro décadas después no pierden vuelo ni actualidad. Entre historias de prostitutas, adictos, marginación y soledad, se elevan gemas exactas como "Perfect Day" –de una tristeza y belleza agónicas–, "Walk On The Wild Side" –una verdadera galeria de desesperanzas–, la balada envolvente "Satellite Of Love" y el rock desafiante como "Vicious". Un disco clave e irresistible que terminó de bendecir a Reed como el héroe maldito de las grandes ligas.
Ziggy Stardust de David Bowie
LA obra glam espacial futurista que consagró definitivamente a Bowie. Para 1972 el cantante y compositor ya tenía una carrera importante, pero desde The Rise And Fall Of Ziggy Stardust… se transformó en una medida universal para la cultura rock. El álbum desarrolla una historia cuanto menos pintoresca: el extraterrestre Ziggy Stardust (alter ego de Bowie) que aterriza en Londres, se convierte en estrella de rock, predica el mensaje de que a la Tierra le quedan muy poco tiempo de existencia, lo que dispara un éxito masivo y las complicaciones casi inexorables de la popularidad. Pero más allá de la osadía, excentricidad y hasta autoparodia de las letras, el disco toma vuelo desde canciones eternas como "Five Years", "Moonage Daydream" –de una épica demoledora–, "Starman" –con un estribillo exultante y totalmente adictivo–, la inmortal "Ziggy Stardust" –un clásico de la historia del rock– y la casi punk "Hang On To Yourself", por citar las más emblemáticas. Obligatorio.
Machine Head de Deep Purple
El momento justo en el lugar exacto. Con su séptimo disco, Deep Purple conquistó el mundo y desarrolló al máximo sus potencialidades. Estaban los riffs y solos incendiarios de Richie Blackmore, el despliegue y las devoluciones de Jon Lord en teclados, la base indestructible de Ian Paice y Roger Glover y el mítico fuego de Ian Gillan. La velocidad sideral de "Highway Star" –casi impensada para la época–, el híper clásico "Smoke on the Water" –que estuvo apunto de ser dejado afuera porque lo consideraban demasiado simple–, el blues y las zapadas de "Lazy" y la abrasiva "Space Truckin" hablan por sí mismos. El disco fue registrado en Montreaux (Suiza), en los pasillos de Gran Hotel y con el estudio móvil de los Rolling Stones. Como si fuera poco, ese mismo año Purple lanzó Made in Japan, uno de los mejores discos en vivo de todos los tiempos.
Vol 4 de Black Sabbath
Hoy reconocidos como una de las piedras angulares de la historia del rock, Black Sabbath debió lidiar en sus primeros tiempos contra los prejuicios de la crítica, la desconfianza de muchos de sus pares y convivir con las adicciones y tendencias a la autodestrucción. Aunque las rajaduras internas se hacían cada vez más visibles, Vol. 4 todavía reúne a la formación clásica de la banda: Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward. El álbum fue registrado en Califorinia, en un intento vano de recuperar física y emocionalmente al grupo. En los discos previos, Iommi ya había inventado los postulados más determinantes del metal: Vol 4 preserva esa magia y la extiende en búsquedas que se acercan a lo progresivo ("Wheels of Confusion/The Straightener"), baladas de piano ("Changes") y bellas excursiones instrumentales en las que una guitarra acústica juega con un nutrido lote de cuerdas ("Laguna Sunrise"). Del lado de los riffs monumentales brillan "Supernaut", "Snowblind" y "Cornucopia". Las melodías y el carisma de Ozzy coronaban la fórmula que todavía resuena invencible.
Exile on Main St de The Rolling Stones
Huyendo del fisco, los Stones se fueron de Inglaterra y se encerraron a crear y grabar en una mansión en la villa de Keef, al sur de Francia. La atmósfera –como no podía ser de otra manera en aquellos años– era de sexo, drogas, disputas internas y más sexo y drogas. El resultado fue un álbum doble consagrado al rock and roll, blues, soul, country, gospel y boogie-woogie, en el que el mayor peso de las composiciones y dirección general recayó en las manos de Keith Richards (Mick Jagger estaba recién casado, a punto de ser padre y se escapaba más de la cuenta de las grabaciones y el proceso creativo). Exile On Main St fue un éxito inmediato en EE.UU. e Inglaterra a pesar que no dejó una catarata de hits –el más emblemático es sin dudas "Tumbling Dice"–, aunque en su momento no recibió el favor de la crítica especializada. Pero por su consistencia y variantes dentro del ADN original de la banda hoy es considerado uno de los mejores trabajos de los Stones.
Harvest de Neil Young
Luego de una fructífera carrera con Buffalo Springfield, Neil Young se lanzó a un productivo recorrido solista y con Harvest, su quinto disco, alcanzó una gran popularidad y acaso el certificado oficial de leyenda. El álbum se balancea entre baladas acústicas de formato folk, country y rock, e incluye la participación de invitados como la Orquesta Sinfónica de Londres, Linda Ronstadt, Stephen Stills, Graham Nash, David Crosby y James Taylor. Pero más allá de los quiénes y los cómo, el poder determinante de Harvest está en las canciones: la invencible "Heart of Gold", la melancolía de "Old Man", y la desgarradora "The Needle and the Damage Done", sentencian el peso específico de un trabajo imprescindible en el que el Young más descarnado es el que más brilla.
Schoool’s Out de Alice Cooper
Vincent Damon Furnier es el inventor del shock rock, le dio al género una teatralidad única, lo alimentó de cine clase B, pero afortunadamente jamás perdió el humor. Detrás del maquillaje, las boas empastilladas, las sillas eléctricas sin electricidad y los mil y un trucos escénicos, existía un hombre inteligente e irónico (no por casualidad fue apadrinado por Frank Zappa). Como Alice Cooper también supo alumbrar grandes discos y Schoool’s Out es una de sus máximas expresiones. El ritmo casi militar y el riff arengador de "School’s Out" (la canción), la melodía adhesiva de "Gutter Cats vs. The Jets", una parodia al musical "West Side Story", y el sinuoso desarrollo de "Luney Tunes" brillan gracias al talento de los involucrados y la efectiva producción de Bob Ezrin.
Talking Book de Stevie Wonder
El amor y mucho más las rupturas suelen ser uno de los catalizadores creativos más poderosos. Si a esto le sumamos el talento de Stevie Wonder no suena descabellado que estemos frente a un trabajo particularmente fecundo. Talking Book funciona como el acta artística de divorcio entre Wonder y su por entonces esposa, Syreeta Wright. Pero más allá de lo que podría suponerse, el disco se desarrolla a través de un amplio abanico de emociones, entre los que se encuentran la melancolía, los celos, la nostalgia el desencanto y el amor como una suerte de antídoto contra todos los males de este mundo. Talking Book también es un catálogo de grandes canciones potenciadas por todo el feeling de Wonder. Desde la más llana y optimista "You Are the Sunshine of My Life", pasando por la retorcida "Maybe Your Baby" y el superhit "Superstition", hasta las más esperanzadora "I Believe (When I Fall in Love It Will Be Forever)". Grandes performances, melodías cuidadas, sinceridad y mucho groove. No podía fallar.
Roxy Music de Roxy Music
Con su álbum debut y comandados por Bryan Ferry y Brian Eno, Roxy Music puso la piedras fundamentales para la asociación entre el glam y el art rock. Pero la banda no terminaba en Ferry y Eno. Las guitarras Phil Manzanera ofrecían un aporte siempre inteligente y hasta los solos de saxo de Andy Mackay tendían a eludir los lugares comunes de la época. La imagen y el glamour eran las cartas de presentación de la banda. Pero sus canciones –siempre embellecidas por el sentido de la elegancia de Ferry– no le iban detrás. Los sonidos saturados y el rock febril de "Re-make/Re-Model", la camaleónica "Ladytron" y el country con purpurina de "If There Is Something", funcionan como algunas muestras básicas de un álbum y una banda que cuatro décadas después continúan funcionando como fuente de inspiración.
Pink Moon de Nick Drake
Nick Drake murió a los 26 años sin tener ni la remota idea de la influencia que su obra tendría a futuro. La leyenda cuenta que dejó las cintas del disco en las oficinas del sello Island sin mayores explicaciones y se fue para no volver. Poco tiempo después moriría por una sobredosis de antidepresivos. Pink Moon es un álbum breve, enormemente bello y totalmente descarnado. Drake acomete con once composiciones tan pequeñas como emotivas –el disco completo no alcanza los 30 minutos–. Sin artificios, sobrecargas, ni producciones sesudas, el cantautor acompaña su precisa y frágil voz con una guitarra acústica muy bien tocada y casi nada más. La belleza diáfana y melancólica de "Pink Moon", "Place to Be" y Road", por citar algunas de las composiciones más emblemáticas, eximen de mayores explicaciones. Con el tiempo Drake en general y Pink Moon en particular marcarían el norte para miles de cancionistas alrededor del mundo. Un disco profundo e inoxidable.
Por Sebastián Feijoo
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