Porque tampoco en la música sale todo bien siempre
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Robin Thicke – Paula. La condena del hit: sonar hasta en la sopa puede ser beneficioso en términos económicos, y también para poner al artista en el mapa. A nivel global, Thicke se hizo conocido con "Blurred Lines", un corte de su sexto disco de estudio. Después de esta respuesta, las fichas estaban puestas en su más reciente trabajo, dedicado a su flamante ex mujer, pero la fórmula no se repitió: en su primera semana en la calle, Paula vendió 24 mil copias en Estados Unidos (nada comparado a las 177 mil del anterior), 550 en Canadá, 530 en Inglaterra y... ¡54! en Australia.
Johnny Borrell – Borrell 1. El líder de Razorlight es conocido por la relación dicotómica que tienen su arrogancia y su éxito: mientras peor le va, más se agranda. Después de que los últimos discos de su banda no fueran bien recibidos por el público, Borrell decidió cortarse por su lado y transitar la veta solista. ¿El resultado? Su debut en solitario vendió 594 copias en su primera semana en las calles y no remontó el papelón.
No Doubt – Push and Shove. Mientras estuvo en actividad, la banda liderada por Gwen Stefani era un éxito asegurado en ventas. Quizás porque entre su regreso a los escenarios y su nuevo álbum de estudio pasó mucho tiempo, o tal vez porque el grupo no supo estar a la altura de su legado, lo cierto es que el primer álbum de No Doubt con material original en once años sólo pudo librar batalla en su propio país. En Inglaterra, entró al puesto 16 de los charts en la primera semana, con 6.635 copias vendidas, y se cayó del ranking a la semana siguiente.
Duffy – Endlessly. En 2008, la vida era color de rosas para la británica Amie Ann Duffy. A fuerza de un soul con guiños retro, logró vender dos millones de copias de su álbum debut, Rockferry, producido por el ex Suede Bernard Butler. Pero todo lo que sube tiene que bajar: el éxito de Adele la desplazó de la escena de un momento para el otro, y su siguiente disco vendió 200 mil copias durante el 2010. La cantidad en sí está lejos de ser un derrape, pero así lo consideró la propia Duffy, que actuó con duda ante la situación. Primero anunció un retiro sabático indefinido, y luego prometió un tercer álbum en 2012, del que todavía nada se sabe.
Travis – 12 Memories. En 1999, la banda escocesa liderada por Fran Healy se volvió grande en Europa gracias a su segundo álbum, The Man Who. Pero, mientras el grupo se tomaba un descanso después de la gira de su sucesor, The Invisible Band (léase "el de ‘Sing’"), Coldplay arrasó con todo el público de la patria sensible británica. Ese hiato de dos años le costó caro a Travis, y así fue como su disco de 2003 los dejó con ganas de más. Después de esta experiencia, el grupo aprendió a moderar sus expectativas y a apuntar menos alto que en su momento de mayor éxito.
All Saints – Studio 1. Casi como un efecto rebote del éxito de Spice Girls, el grupo de las hermanas Nicole y Natalie Appleton tuvo un éxito inusitado en Gran Bretaña a fines del siglo pasado, que les permitió entrarle a "Under the Bridge" sin temor al escarnio público. La fórmula se repitió con su segundo disco, pero al poco tiempo All Saints decidió entrar en modo suspensión. Como resultado, su tercer álbum, anunciado como uno de los eventos discográficos del 2006 por parte de su sello, resultó un fracaso que entró pidiendo permiso al último puesto del Top 40 británico y se fue de plano a las pocas semanas.
Britney Spears – Britney Jean. El estrellato es demandante, y la constante exposición pública no es para cualquiera. En su octavo álbum, Spears buscó hacer, en sus propias palabras, el álbum más personal de su carrera, pero el resultado estuvo lejos de ser el deseado, por más que haya contado con la ayuda de veintiséis productores. En su lanzamiento, el disco vendió 107 mil copias (casi lo mismo que su álbum debut, antes de ser un fenómeno pop), y en Inglaterra debutó en el puesto 34, antes de caer al casillero 87 en sólo siete días.
Freddie Mercury – Mr. Bad Guy. Después de que Queen decidiera tomarse un período sabático entre The Works y A Kind of Magic, su cantante decidió probar camino en solitario poniendo énfasis en la música bailable. Si bien el disco debutó en el Top 10 británico, se evaporó rápidamente de los charts y ni siquiera pudo replicar su moderado éxito del otro lado del Atlántico. Mercury preveía esta situación y por eso el disco tiene una particular dedicatoria: "A mi gato Jerry, también a Tom, Oscar, Tiffany y todos los amantes de los gatos del universo. El resto, váyanse a cagar".
Chris Cornell – Scream. Que un músico decida buscar nuevos horizontes siempre es algo positivo, pero no por eso se debe entender que todo cambio es por sí bueno. Terminada la experiencia con Audioslave, Cornell decidió darle un lavado de cara a su música, y sumó a Timbaland y Justin Timberlake como productores de su tercer disco. La mezcla final reemplaza las guitarras estridentes por beats y programaciones que le valieron el escarnio público (el episodio más notable: su cruce de tweets con Trent Reznor). Lado positivo de la historia: el fracaso llevó a Cornell a reconsiderar volver con Soundgarden, que terminó ocurriendo al año siguiente.
Metallica y Lou Reed – Lulu. La alianza más inesperada del rock fue pensada como un desafío en todos los sentidos posibles: un disco doble en el que la banda de James Hetfield está al servicio del líder de Velvet Underground en un trabajo lúgubre inspirado en una obra del dramaturgo alemán Frank Wedekind, con tracks que duran en promedio quince minutos. El álbum arañó el Top 40 en Inglaterra y Estados Unidos (en donde vendió trece mil copias), pero tuvo un éxito inesperado en Europa Oriental. A pesar de su mal desempeño en ventas, Lulu nunca buscó ser una figurita fácil. Fueron pocos los que supieron entender su riesgo al momento de su publicación, y varios los que debieron reconsiderar las cosas tras la muerte de Reed en 2013.
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