El “cenicerazo” de Susana Giménez a Huberto Roviralta, un escándalo que sacudió la tranquilidad de Barrio Parque y generó inesperadas consecuencias
El 11 de febrero de 1998, exactamente 28 años atrás, la diva expulsaba al polista de su casa de la peor manera; lo que siguió fue un raid mediático, un divorcio millonario y una canción inolvidable
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Desde hace más de cuatro años las idas y vueltas entre Wanda Nara y Mauro Icardi con la China Suárez como tercera en discordia ocupan minutos y minutos en la televisión. Sin embargo, mucho antes que el “Wandagate” o que la escandalosa escena de Pampita Ardohain y Benjamín Vicuña en un motorhome, hubo una pelea que ocupó todas las primeras planas y trascendió el mundo del espectáculo: la que, en el verano de 1998, marcó el quiebre definitivo en el matrimonio de Susana Giménez y Huberto Roviralta.
La discusión
Miércoles 11 de febrero por la mañana. Día de calor en la ciudad de Buenos Aires, la mayoría de las celebridades argentinas están de vacaciones o haciendo temporada en Mar del Plata. Sin embargo, la separación ya anunciada -aunque hasta ese momento sin mayor escándalo- de la entonces diva de los teléfonos luego de diez años de matrimonio es “el tema” del que todos hablan. Ya se había filtrado un video íntimo de una infidelidad del polista con la luego mediática Flavia Miller. Sin embargo, lo que ocurriría aquella soleada jornada superó todas las expectativas de los cronistas de espectáculos y se convertiría en un hito.

La diva de los teléfonos llegó ese día de Miami y al arribar a su casa en Barrio Parque se llevó una nada grata sorpresa al encontrarse con su expareja, que a pesar de estar separados (no divorciados todavía) no había abandonado el domicilio conyugal. “¿Cuándo te vas a ir de acá? ¡Hijo de p… ladrón!”, escuchó el grito, que salía desde el interior de la mansión, el periodista Daniel Gómez Rinaldi, apostado en el lugar para cubrir “el divorcio del año” para el ciclo televisivo Indiscreciones. Seguramente no imaginaba todo lo que ocurriría después, digno de un film surrealista o de una comedia italiana.
Luego de los insultos, un golpe. Alrededor de las 10.30 horas Huberto Roviralta salió por el portón en la calle Dardo Rocha con la nariz lastimada, dejando a su paso gotas de sangre. Junto a él estaba Jazmín, el perrito de la diva. “¿Huberto estás bien?” preguntaban el cronista y los fotógrafos, pero él no dijo nada, solo dejó que vieran su rostro herido. Más tarde se fue con la nariz vendada y llegaron al lugar la hija de Giménez, Mercedes Sarrabayrouse, su amiga Teté Coustarot y Alfredo Cahe, médico personal de la conductora.
Al día siguiente la diva dio su versión de los hechos en una conferencia de prensa en el Hotel Alvear, el mismo lugar donde años atrás había celebrado su boda. Allí, admitió: “Fue una discusión de cosas inherente a un divorcio, me empujó, trató de agredirme, me defendí y le tiré un cenicero”. Con el paso del tiempo se supo que no se trataba en realidad de un cenicero sino de un adorno con forma de caja, pero el cenicero como objeto ya estaba en el imaginario popular y en los títulos de todos los diarios y noticieros.
El día después, la hora clave
Susana no eligió Telefe para contar su historia, sino que lo hizo en el ciclo de Canal 9 Hora Clave, conducido por Mariano Grondona. Allí, más allá del mencionado episodio en sí, se refirió a su matrimonio, separación y el divorcio que aún no se había concretado y que meses después se supo, le costó diez millones de dólares.
“Ni una vez me acompañó al canal, no le interesaba nada de lo que yo hacía, es un tipo muy apático, una persona que no habla mucho. Cuando hacía teatro se dormía en el camarín, nunca participó mucho de mi trabajo”, decía ella indignada para dar cuenta de la soledad que sentía aún estando en pareja. Sobre lo económico, argumentaba: “No trajo ni cepillo de dientes, eso fue minando la relación, además de engañarme. Yo jamás lo engañé, yo vivía para trabajar porque no tenía una vida afectiva muy potente, ponía mi líbido en el trabajo y pensaba ‘bueno, no se puede tener todo en la vida’”.

Susana aclaró en la entrevista que ya se había separado de Huberto cuando se mostró públicamente con Jorge Corcho Rodríguez. En ese momento aún no estaba la sentencia de divorcio, pero ella ya sospechaba que la Justicia la obligaría a darle a su ex gran parte de lo que ganó durante el tiempo que estuvieron juntos: “Me dolería muchísimo tener que darle la mitad de lo que ganó porque yo me rompí el lomo, a mí nadie me regaló nada y yo tendré que demostrar que él no fue leal conmigo”.
Detrás de todo solo hay una mujer
Como lo hacía desde 1987, ese año Susana regresó con su clásico ciclo de juegos y entrevistas, pero esta vuelta fue diferente: look renovado, clip emblemático y Antonio Gasalla como la voz que la acompañaba a decir aquellas cosas que le costaban. Apenas dieron las 8 de la noche, Susana ingresó al estudio de Telefe con un vestido de Gino Bogani negro, largo, de manga larga y escote cruzado y con nuevo peinado, dejaba atrás su clásico pelo lacio con flequillo para lucir ondas hacia un lado.
Gasalla, bajo el disfraz de La Abuela, le hizo a la diva las preguntas más incómodas y, entre risas, le hizo contar cosas que de otra forma no hubiera contado. “¿Te separaste porque no dejaba propina? Eso te pasa porque vos estabas mucho tiempo fuera de casa. Tiene una novia nueva, parecida a vos pero con más tetas (por Flavia Miller). Al nuevo no le pases nada eh”, decía el humorista en alusión a Jorge Rodríguez, flamante pareja de la diva que celebraba: “Este al menos tiene moto”.
De aquella primera emisión del año, el musical quedó en la historia. La conductora interpretó el tema de Village People “YMCA” con la letra modificada. “Detrás de todo solo hay una mujer”, era el nombre de la nueva canción, cuya letra estuvo a cargo de China Zorrilla. “Basta, esto se terminó, ya no importa, cómo fue que ocurrió, lo que sigue, lo que importa es seguir, la vida es así por suerte. Todo, se lo debo a mi amor, al que siempre, siempre me ha sido fiel. A la gente, a ese público al que yo quiero decirles que al fin... Detrás de todo solo hay una mujer, detrás de todo solo hay una mujer. Ni una diva total, ni una mujer fatal, soy Susana, soy siempre igual”, relataba su historia.
Aquel musical inolvidable a cargo de Marcelo Iripino se grabó en la cancha de Quilmes y para su ejecución no se utilizaron extras, sino que fue el público el que asistió para participar y acompañar a su ídola. Al finalizar el rodaje, los 20.000 asistentes participaron del sorteo de un auto 0 kilómetro.
“Después de todo solo hay una mujer… ni una diva total, ni una mujer fatal, soy Susana, soy siempre igual”, cantó ella y una vez más, como durante toda su vida, el público la eligió y acompañó en uno de los momentos más difíciles para ella y más emblemáticos del espectáculo nacional.
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