Cómo y por qué el provocativo y hermoso elenco de Gossip Girl, el show sexy más subversivo de la televisión norteamericana, se conv irt ió en el símbolo de época gracias a reflejar como nadie el lujo y la frivolidad en tiempos de crisis.
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Para aquellos que se mantienen alejados de la raza humana de la tevé global: Gossip Girl es un drama televisivo de una hora en la cadena Warner, basado en una serie homónima de libros para adolescentes agudamente escritos por Cecily von Ziegesar y creado y producido por Josh Schwartz y Stephanie Savage, que previamente habían colaborado en otra novela teen, The OC. Mientras que The OC seguía a chicos ricos bronceados por las playas de California, Gossip Girl sucede en un nido de avispas más volátil: escuelas privadas en el Upper East Side, el barrio más exclusivo de Manhattan. Sus personajes, la mayoría privilegiados de Park Avenue, van a un par de escuelas de ficción –Constance Billard (sólo para chicas) y St. Jude’s (para chicos)–, separadas por un patio lleno de plantas. La Serena que interpreta Blake Lively es una ex abeja reina que desapareció misteriosamente del campus, para regresar y encontrar a su rencorosa ex mejor amiga Blair (Leighton Meester) dirigiendo todo. Hay chicos buenos de blazer con escudo (el Dan Humphrey de Badgley), chicos lindos (el Nate Archibald de Crawford), víboras carismáticas (el Chuck Bass de Westwick), precoces hermanos menores (Jenny Humphrey, interpretada por Taylor Momsen, y Eric van der Woodsen, interpretado por Connor Paolo), padres lujuriosos, una sufrida mucama polaca (Susana Szadkowski), un misterioso narrador nunca visto (alias "Gossip Girl") y que, en rigor de verdad, mucho no importa. Gossip Girl puede no tener las complejas y densas tramas de The Wire, pero los fans lo adoran por esa decadencia que no pide disculpas: chicos hermosos gastando mucho, vistiéndose fabulosamente, traicionándose, revolcándose en limusinas, aspirando cocaína y tomando como Peter O’Toole. Gossip Girl es llamativo y prácticamente subversivo en su falta de moralina; hay pocos personajes que sean puramente buenos o malos ("ni héroes ni villanos" es uno de los lemas de los guionistas Schwartz y Savage), no hay sermones remilgados de los padres (los viejos tienden a estar peor que sus hijos), ni resoluciones limpias. Y, como es 2009, todos se van a casa y hablan mal de los otros en Internet.
Pero a pesar de todo ese revuelo que genera por coquetear con la moda, las drogas y el sexo, lo que realmente define a Gossip Girl es la tecnología. Ha habido muchos shows sobre la gente rica, y casi tantos dramas estilizados acerca de la angustia adolescente: Beverly Hills 90210, My So-Called Life y la propia The OC, por nombrar sólo algunos. Pero aunque los personajes de Gossip Girl atraviesan y sufren los mismos rituales adolescentes –corazones rotos, enemistades insignificantes, pánico por la aceptación en la universidad–, lo hacen con un pulgar apretando el teclado del celu. En el show, "Gossip Girl" es el nombre de un website anónimo que critica los escándalos del día en Constance Billard y St. Jude’s. Su autoría es un gran misterio. Todos informan a Gossip Girl vía mensajes de texto (quién deja a Serena, quién quizá comparta un medio hermano, quién fumó hash en el patio). En definitiva, la serie adhiere a la paradoja del observador de la vida adolescente moderna: si no está en un blog o en un mensaje de texto, no pasó.
Pero la tecnología también explica en parte por qué Gossip Girl no es un éxito de televisión convencional. Un episodio atrae en promedio en Estados Unidos a unos tres millones de espectadores –según Nielsen–, aproximadamente un cuarto de la audiencia que mira a Jennifer Love Hewitt conectarse con el más allá en Ghost Whisperer (un programa que nadie consideraría sexy ni apenas interesante). Los ejecutivos de Warner culpan por la anemia de rating de Gossip Girl a un sistema anticuado que no da cuenta de los millones que lo miran en grupo, online o bajando episodios del iTunes, donde normalmente rankea como número 1. "Nos despertábamos a la mañana, mirábamos los ratings y decíamos: «Epa, eso es muy bajo»", dice Schwartz, un nativo de Providence, Rhode Island, que lanzó The OC con apenas 26 años y supervisa Gossip Girl con Savage a larga distancia desde Los Angeles. "Pero después escuchás a la gente hablar del show y pensás: «¡Qué raro!». La reacción que provoca el show parece ser mucho más grande que la audiencia."
La verdad es que es uno de esos programas en los que entrás de lleno o te quedás totalmente afuera. Y si estás afuera, estás a-fue-ra: es como si estos chicos lindos hablaran en mandarín. Pero si estás adentro, estás muy adentro: gastando la tecla del signo de exclamación comentando en vivo los episodios en blogs, creando canciones tributo bien azucaradas en You Tube y pasándote horas pensando en Chuck y Blair, y qué pasa si la perra psycho de Georgina Sparks vuelve al final de la temporada y aterroriza a Serena… El drama no tiene fin. La manía por Gossip Girl no se puede medir con ratings: es más bien una obsesión hipóxica.
Nadie aprecia esto más que sus estrellas, la mayor parte de las cuales se mudó en masa a Nueva York en el verano de 2007 y, según Lively, "vivimos todos en un radio de cinco cuadras" en el centro de Manhattan. Se han convertido en parte de un experimento metasocial: jóvenes hermosos que viven en Nueva York y que interpretan en la televisión a jóvenes hermosos que viven en Nueva York. "El área donde el show termina y la realidad empieza puede ser muy borrosa", admite Schwartz. "Me acuerdo de ir al set un día y un tipo realmente enorme, como de dos metros, se me acerca, y yo pensé: «No recuerdo que haya un personaje como éste en el guión», dice Jessica Szohr, de 24 años, ex modelo de Wisconsin que interpreta a Vanessa Abrams, la novia cool de Nate en el show. "Y me dice: «Soy tu guardia de seguridad». Y yo pienso: «¡¿Qué?!». Y dimos vuelta la esquina y había cientos de nenas." "Me shockeó tanto", dice Lively. "Esas chicas de 12 años encarando a la gente del elenco. Me acuerdo que una se acercó a Penn y le decía: «Hey, querés venir para mi casa más tarde?». Eso fue antes de que salieran en las revistas teen. Los chicos se preguntaban: «¿Qué-está-pasando-acá?». Fue realmente instantáneo, un remolino".
La productora acaba de anunciar a todo trapo que va a haber una tercera temporada de la serie. Pero ¿cuánto puede durar Gossip Girl? Claro, el dorado mundo real que gira alrededor de Gossip Girl se está resquebrajando. ¿Chuck va terminar comprando pañuelos en tiendas de oferta? Los guionistas Schwartz y Savage creen que Gossip Girl puede mantener su lugar como una fantasía moderna. "Romeo y Julieta no eran amantes destinados por una crisis de las hipotecas", dice Savage. Pero quizá Gossip Girl debería saludar la Nueva Austeridad, aunque sea para mantener las apariencias. ¿Y si Serena y Chuck se mudan a una linda suite en el Holiday Inn Express? "¡Eso estaría buenísimo!", dice Meester. "Aunque sea sólo por un episodio." Lively no está segura. "Sinceramente, no creo que la gente vería Gossip Girl", dice, "si viviésemos en uno hotelito barato."
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