Con una increíble ceremonia, se llevó a cabo la entrega número 55 de los premios más importantes de la música internacional; leé la crónica de nuestro enviado especial a Los Angeles
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En un momento dado, Justin Timberlake preguntó a Neil Portnow, presidente de la Recording Academy, institución encargada de otorgar los premios, si ésta era la mejor entrega de la historia. Obviamente, Portnow no quiso comprometerse con una respuesta afirmativa, pero la sensación estaba presente, tanto entre los asistentes como los participantes de la edición número 55 de los Grammy Awards, de estar frente a un evento histórico.
El evento realizado en el Staples Center de Los Angeles, mostró algo cercano a la perfección en materia de organización, sonido, producción, coregrafía, escenografía, todo funcionado en forma cronométrica en dos o tres escenarios simultáneos. A diferencia de lo que sucedió el año pasado con Adele (que volvió al podio, esta vez como mejor performance pop solista, por la versión en vivo de "Set Fire To The Rain"), no hubo un artista que dominara, cosechando gran cantidad de premios, aunque los Black Keys se llevaron unos cuantos, entre ellos los de mejor performance, canción y álbum de rock, así como mejor productor (para Dan Auerbach). Pero en general, la cosa estuvo más repartida, con muchos premios para figuras nuevas, o casi. Mumford & Sons ganaron en la categoría Album del Año (Babel), Gotye en Mejor Canción ("Somebody That I Used To Know") y también en Album de Música Alternativa y los Fun se alzaron con Canción del Año y Mejor Artista Nuevo. Miguel, Carrie Underwood, Kelly Clarkson, Frank Ocean, Skrillex, Zac Brown Band y Robert Glasper Experiment también se llevaron lo suyo. Paul McCartney (pop tradicional), Chick Corea (jazz), Dr. John (blues) y Jimmy Cliff (reggae) y Bonnie Raitt (americana) estuvieron entre los artistas de larga trayectoria que fueron distinguidos.
Pero más allá de los premios, la ceremonia de tres horas y media, ofreció performances memorables, en un número (20) que constituye un nuevo record para los Grammys. Hubo colaboraciones entre artistas de diversas generaciones, y también de distintos géneros musicales, como Elton John y Ed Sheeran, Maroon 5 con Alicia Keys... y una descomunal mixtura de jazz, R&B y rock con los Black Keys, Dr John y la Preservation Hall Jazz Band evocando la música de New Orleans. También Bruno Mars con Sting, a quienes luego se sumaron Rihanna, Ziggy y Damian Marley para un homenaje a Bob.
Los tributos a figuras desaparecidas durante el año que pasó produjeron algunos de los momentos más emocionales de la noche, como la interpretación de "Take Five", el éxito de Dave Brubeck, a cargo de Chick Corea, Stanley Clarke y Kenny Garrett. O Kelly Clarkson, a quien va a haber que empezar a tomar en serio, recordando a Patti Page y Carole King, con "The Tennesse Waltz" y una versión descomunal de "(You Make Me Feel Like) A Natural Woman", de esta última. Pero quizás el encuentro intergeneracional más profundo y significativo fue la unión de Elton John, T-Bone Burnett, Mavis Staples, Mumford & Sons, Zac Brown y la cantante de Alabama Shakes, Brittany Howard, para recordar a Levon Helm, baterista de The Band, con el tema "The Weight". Sobre el final, aparecieron en las pantallas las fotos de muchos grandes artistas desaparecidos durante 2012. Entre ellas, la de Luis Alberto Spinetta, haciendo de éste un momento aún más tocante para los argentinos presentes.
La noche cerró con el recuerdo de Adam Yauch, de los Beastie Boys, en una performance que incluyó a Ll Cool J (que también fue un muy discreto presentador de la ceremonia) con Chuck D y Tom Morello, entre otros.
Juanes (que ganó por Album de Pop Latino) hizo una bella versión de "Your Song" de Elton John, con unos versos en castellano, Rihanna demostró que es una estrella consagrada, Frank Ocean sorprendió con su tema "Forrest Gump", con una proyección de sus piernas corriendo que completaba su torso mientras cantaba en vivo. Y hablando de proyecciones, también se utilizaron para convertir el vestido de Carrie Underwood en una pantalla, sorprendiendo visualmente a la par de una interpretación de gran poderío vocal. Mumford & Sons elevaron voces, banjos y mandolinas a una categoría épica. Más modestos, los Lumineers también formaron parte del renacimiento del folk. Miguel y Wiz Khalifa encarnaron el encuentro del soul de la vieja escuela con el hip hop, y un sorprendente Justin Timberlake nos transportó a la década del 40, transformando en un crooner acompañado por una big band, todo coronado por una transmisión en blanco y negro para la TV. Jack White fue el encargado de poner la nota más rockera de la noche, culminando su tema "Love Interruption" rompiendo la guitarra contra el piso al mejor estilo Townshend-Hendrix.
Un par de conclusiones apresuradas: si hay una tendencia que puede desprenderse de esta última entrega de los Grammys, es un retorno a las músicas de raíz, llámense rock, soul, jazz, folk, country o R&B, con valores de producción más reales y auténticos. La otra es el reconocimiento de las nuevas generaciones a quienes los antecedieron, en un simbólico "pasaje de la antorcha". Esta necesidad de homenajear a los maestros y honrar su legado, tuvo varias facetas: desde el anuncio de la introducción de una nueva categoría. "Music Educator Award" para la entrega del año que viene, hasta el reconocimiento de Gotye hacia Prince (que le entregó el premio), de Juanes a Elton John, y los homenajes ya mencionados. Al margen de las idas y vueltas de la industria, la música sigue siendo una expresión que se transmite de generación en generación, de padres a hijos, viejos a jóvenes, maestros a alumnos. O como dice una vieja canción, "el círculo continuará".
Por Claudio Kleiman (desde Los Angeles)
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