Cara a cara con el jefe: unas semanas antes del Mundial, RS visitó en Barcelona a la estrella de la selección; cómo piensa el jugador que nos llevó a la final
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Estamos aquí con Javier Mascherano en el piso 22 de un hotelazo cinco estrellas en Barcelona. Para allá la ciudad, para allá el mar, un disparate, una ciudad donde se come de manera olímpica de bien y que es, exactamente, la idea de "El Primer Mundo" (mucho más los mejores humanos no pueden ofrecer), lo que se dice siempre: respeto a los semáforos, cuidado de los viejos y de los niños (por todo lo que hicieron, por todo lo que harán), arte para amortiguar las penas y, contra el telón de fondo de una urbanización romántica y medieval, callecitas angostas que serpentean algunos barrios de cuento que tienen manzanas dibujadas con pulso tembloroso. Y piedra. Piedra, compañeros, mucha piedra.
Queremos que maquillen a Mascherano, el ex capitán y ahora 5 de la Selección Argentina, una de las estrellas del equipo de la ciudad –y, más que un club, una corporación– y el joven futbolista se presta, en el sentido de prestar el cuerpo, como préstame la goma, y sin que preguntemos, tal vez incómodo porque no es asaltado de golpe con preguntas para romper el hielo que son normales en el infrecuente cruce íntimo de civiles asalariados con un deportista famoso al que un sponsor le pone un Audi en el arbolito todos los años (Audi full, eh), habla solo y conecta con un comentario trivial de uno de los relaciones públicas del Hotel de las Artes y explica la presión que recibe un jugador del Barcelona este lunes de la entrevista, dos días después de haber empatado en la Liga con el Getafe, resultado que fue interpretado por la prensa como casi eliminatorio de las chances del equipo de coronar en el campeonato español.
Pero si no leés los diarios ni escuchás los programas de fútbol, capaz podés vivir esto sin cuestiones extras.
No, es imposible. El aislamiento absoluto es imposible. Es un mensajito de texto de tal o cual, alguien te dice que alguien dijo o que en algún lugar dijeron, y estás listo. La presión te rodea aunque la quieras eludir.
"¿Querés comer algo, querés tomar algo?", pregunta alguien del staff de Nike, la marca que lo esponsorea. Pero no, después lo esperan para almorzar. "Igual es la una del mediodía, Masche", le insisten. Por cortesía acepta, finalmente, un agua. El agua embotellada es una burla que en el hotel cobraron diez euros, tremendo, 140 pesos una botellita de 400 cm3. Al menos trajeron un vaso. Buen. Lugar común: por tevé los jugadores son gente grande; en persona, son niños, como alumnos del CBC o repositores de Coto.
Quizás alguien pueda decir: "Oh, ¿cómo consiguen los periodistas hablar con estos deportistas de elite?". Bien, no se trata de cazarlo o cercarlo hasta cansarlo, de ningún modo. Es un asunto muy pactado, muy organizado, con horarios y contratos que los futbolistas firman con las compañías que les alquilan los pies para lucir sus botines; paradojalmente, ahí se acaba la influencia del negocio. El arte del fotógrafo no está condicionado, la habilidad del periodista tampoco, la chance del entrevistado de expresarse (salir de la prisión) menos que menos. El puede literalmente hacer lo que se le canta, incluso cantar. Lo que sigue es el intento de que lo haga.
De jugar en Sudamérica, su desorden, a jugar en Europa, ¿cómo habrá que disciplinarse para no echarlo todo a perder?
Mmm, la responsabilidad va con uno, no con el hecho de en dónde lo hacés. Yo soy responsable para estar tranquilo conmigo mismo. Si me preguntás si cambié algo de Liverpool a acá, yo no cambié nada. O de River a acá. Nada, porque siempre tomé mi carrera con seriedad. Vivo para esto, porque es lo que me hace feliz.
¿Cuáles son las condiciones personales que crees tener y que te permiten manejarte a gusto en este nivel?
Tengo claro que yo algo debo tener, porque para haber jugado tantos años en Europa, en la Selección, algo bueno debo tener. Yo no soy un jugador talentoso. Todo me ha costado. No soy de esos jugadores que hacen la diferencia dentro de la cancha, sino más de los jugadores a los que se les nota el sacrificio, el trabajo. ¿Cuál es mi secreto? Vivo para esto. El fútbol no es vida o muerte, pero de doce meses que tiene el año, diez meses y medio los dedico pura y exclusivamente a esto. Después tengo un mes y medio de vacaciones. Pero vivo, como y descanso para tratar de rendir al máximo.
¿Ayer a qué hora te acostaste?
Doce, doce y media, pero no es una cuestión de dormir más o menos. Es que yo, por ejemplo, no conozco lo que es salir de noche. A veces salgo con mi mujer cuando tengo dos o tres días libres. Pero en un club tan exigente como éste, cuando durante todo el año jugás o el equipo juega, la realidad es que tenés que vivir para esto si querés seguir estando en este nivel. El otro tiempo que tengo lo vivo como una persona totalmente normal: estoy todo el día en mi casa, con mi familia.
¿De chico también tuviste una vida "normal"? Porque ahí ya no dependía de vos...
Sí, sí. Normal. Pero también me fui a los catorce años de mi casa para vivir este sueño. Gran parte de mi vida la hice viviendo en una pensión. Pienso que valió la pena.
El margen de error en la carrera futbolística de un no habilidoso es más grande. ¿Quién fue el gran consejero en tu vida?
Mi viejo [Oscar] siempre me apoyó muchísimo. Es una persona a la que le encanta el fútbol, que lo ha jugado aunque no profesionalmente, pero le encanta analizar y hablar, y me ha seguido muchísimo. Y después los entrenadores con los que uno va teniendo la posibilidad de convivir, de aprender. Igual, nada te enseña más que el fracaso, eso es lo que más te ayuda a crecer. El éxito te deforma, te hace gustar de vos mismo. Cuando vos sos exitoso y las cosas te van bien, te hacen creer un montón de cosas que realmente no son.
Y los contratos, la plata, ¿quiénes te orientan sobre lo que es mejor?
Con eso, más que consejos pido opiniones, porque es mejor tener opiniones de mucha gente y no solamente actuar con la decisión de uno.
¿Y a quiénes le pedís opiniones?
A mi entorno. Consulto con mi mujer, con mi viejo, con mi representante, con un amigo. Pero las decisiones son enteramente mías. Prefiero equivocarme yo por mí y no por otro.
¿Qué falta que pueda tener otro futbolista, con el que uno trabaja, en este equipo o en cualquier otro, te genera más irritación?
Trato de comprender en lugar de juzgar. Está el jugador que quiere ser estrella y quiere vivir como una estrella, y hay otro al que le toca estar en ese lugar y sigue manteniendo una vida normal. A veces no nos damos cuenta de que nosotros tenemos la chance de hacer lo que nos gusta, de vivir de la profesión, y hay tanta gente que está sufriendo en lo económico, que se ha quedado sin trabajo, que tiene enfermedades, y nosotros vivimos un sueño prácticamente. Y nos quejamos porque tal vez el técnico no te puso un fin de semana y al otro día quizás no entrenás con las mismas ganas. Más que juzgar a las personas, trato de imitar a aquellos que dignifican la profesión, que viven la profesión con orgullo, que tratan de dejar algo en el camino, que dejan una enseñanza. Trato de elevar a aquellos que dan el ejemplo.
Tal vez no me respondiste...
Creo que la falta de compromiso es lo peor que puede haber. Sobre todo cuando es un trabajo en grupo, porque no depende sólo de vos. El tema es cuando vos no te comprometés con la causa y jodés a otros. No es un tema del fútbol, es un tema de la vida en general.
Los futbolistas en Europa viven como de gira artística, ¿no es cierto? Se los ve siempre bajando con un bolsito del avión charter.
Pero en comparación con la Libertadores, estos viajes son más cortos. Esta es mi octava temporada en Europa, te acostumbrás a los desplazamientos: vivís para esto, sabés que te fuiste el lunes a Rumania, volviste el jueves, entrenaste y el viernes, de nuevo, viajás para jugar el sábado; el domingo, disfrutar de la familia; el lunes, entrenar y mañana martes, concentrar y de nuevo a entrenar. Y van pasando las semanas y la vida es esto.
¿Cómo te alimentás? Ya sé que por la boca, ojo.
El Barcelona es un club que es muy estricto en cuanto a eso. Tenés la oportunidad de comer todos los días en el club, después de entrenar, y desayunamos también en el club. Entrenamos a las once y tenemos que estar una hora antes para desayunar.
¿Qué desayunan?
Depende de cada uno.
Ah, no es que comen seis claras de huevo obligatorias.
No, cada dos meses tenés una entrevista con la nutricionista del club donde ella te pregunta qué es lo que te gusta a vos y de acuerdo a tus gustos te va guiando. Si no te gusta el yogur, no comés yogur. Pero hay una realidad: después de tantos años, uno es el que mejor sabe cómo cuidar su cuerpo y qué es lo que tenés que comer.
¿Sirven de algo los gritos de los técnicos pegados a la línea?
Sí, sirven porque es el líder, es el que tiene una idea de cómo quiere que juegue el equipo y es la cabeza de todo esto. Una vez hablando con [Josep] Guardiola, me dijo que lo que él más disfrutaba de la profesión es que en el momento en que llegue el partido pase todo lo que se imaginó que iba a pasar. Debe ser como el director de orquesta que ve como tocan todos y las cosas salen al pie de la letra. A mí todavía me cuesta ponerme en la piel del entrenador. Yo creo que los entrenadores no sólo son técnicos de fútbol, sino psicólogos. Son líderes de grupo. No podés tratar a todos de la misma manera, porque todos somos diferentes.
¿Cuánta inteligencia hace falta para llegar al Mundial y jugarlo?
Mmm, los que van al mundial no son los mejores 23 jugadores, sino los que mejor se adaptan a la idea del entrenador del equipo.
Cuando Maradona dijo aquello de que su Selección era "Mascherano más diez", ¿cómo te hizo sentir?
No sentí nada. Nunca me lo creí. Lo tomé como un gesto de cariño de Diego hacia mí, porque lo conocía a Diego de antes de que sea entrenador en la Selección. Y siempre tuvimos buena relación, tuvimos muy buen feeling. Diego es de esas personas que si te quiere, te da todo. No sé qué habrá visto en mí.
Tal vez el hecho de que jugás de 5 y no de 10...
No, no creo. Igual nunca me lo creí. Soy una persona muy terrenal en ese sentido, ni para lo bueno ni para lo malo creo en muchas de las cosas que puedan decir de mí. Trato de ser objetivo. Lo de Diego fue una muestra de cariño.
Vos ya sos uno de los más grandes del grupo (cumplió 30 años el 8 de este mes). ¿Te toca hablar con los más chicos?
Hablo pero no soy un gurú, no me creo quién para dar consejos. Trato de hablar con hechos y no con palabras, porque es la única forma que tengo de sustentar algo. Tampoco te puedo pintar la vida de color de rosa y después ser un hijo de puta. Cuando estás en la Selección o en un equipo de éstos, es muy difícil decirle algo a alguien, porque cada uno sabe lo que tiene que hacer.
Si no fueras futbolista, ¿hay algún otro oficio que te hubiera gustado ejercer?
Jugador de fútbol. Si tuviera otra vida, volvería a ser jugador de fútbol. Pero soy emprendedor. Me habría gustado gestar un negocio.
En este Mundial de Brasil, como en casi ningún otro, está perfectamente asumido que Argentina no llega como candidata. Qué alivio para los jugadores, ¿no?
Es lógico que haya otros candidatos, porque en los últimos mundiales Argentina no ha podido meterse entre los cuatro mejores. Pero un Mundial son siete partidos; pueden pasar un montón de cosas. Creo que si hacemos las cosas bien y nos preparamos, podemos pelear. No sé hasta dónde, pero creo que nuestro objetivo tendría que ser llegar a jugar semifinales. Hace 24 años que Argentina no juega una semifinal. Los cuartos ya se nos han tornado un tabú. Si tenemos la chance de pasar cuartos de final, nos sacaríamos una gran mochila de encima. Y a Argentina en semifinal se la respeta.
Viviste en Brasil, Inglaterra y acá en España. ¿Qué aprendiste en cada lado?
Brasil es un país que se vive con muchísima alegría. Más allá de que tengan los mismos o mayores problemas que nosotros, lo toman de manera diferente. Es su cultura, su manera de ser. Los argentinos hacemos de todo una tragedia y ellos las tragedias las minimizan. En Inglaterra valoré lo que es el respeto hacia la otra persona, la educación, la manera de pensar. Más allá de que nosotros tengamos muchos prejuicios por lo que pasó con Malvinas, hay que reconocerles que ellos están mucho más evolucionados que nosotros. Tratan de respetarse entre ellos. No se puede juzgar a un pueblo por las decisiones de...
...1833.
A mí me han tratado muy bien, nunca me han despreciado por ser argentino y todavía conservo a mis amigos de la etapa de Liverpool. En España, Cataluña, Barcelona, llevamos una vida social que es muy parecida a la que se podría llevar en Argentina. Mucho más abierta. Todo tiene una lógica: en Inglaterra la gente es mucho más cerrada, pero cómo vas a pedirles que sean más abiertos si llueve trescientos días al año, hace frío, a las 3 de la tarde es de noche. El clima tiene mucho que ver con la forma de ser de las personas. Por algo los brasileros no necesitan mucho: 25° todo el año, ¡la pasan bárbaro!
¿Y entrenaban con lluvia en Inglaterra?
Sí, todo el tiempo. Te acostumbrás. A mí lo que más me costaba era la vida social, el inglés. Hablo inglés, pero cuesta. Es todo diferente. Mi hija para ir a jugar con una amiga tenía que fijar una cita: el viernes que viene, de tal hora a tal hora. Nosotros nos pegamos un llamado y vamos.
¿Y pensás que esta situación coyuntural del Barcelona es reversible?
Obviamenteeee. El nivel de exigencia en este club es distinto a otros clubes, por más que sean grandes. En los últimos seis o cinco años este equipo ha ganado 15, 16 títulos, y tenés que olvidarte de eso y vivir el presente, porque en fútbol sólo se vive del presente. En fútbol, así como vos querés ganar, los otros también quieren ganar.
Se dice que le tomaron la mano al Barca.
Y bueno, es que lo lógico es que los rivales...
...Finalmente aprendan.
... Que te analicen, te estudien y vean cómo ganarte. Es lo normal. Lo ilógico es estar tanto tiempo ganando.
...
Tenia razón, Masche, porque unas semanas después, el Barca definió el torneo en una tremenda última fecha contra el Atlético de Madrid que dirige el Cholo Simeone y, ay, no sabemos si le ganó al cierre de esta edición. Sí sabemos que no llegó a la final de la Champions League, que perdió la final de la Copa del Rey y que esos malos resultados provocaron una verdadera conmoción entre todos los aficionados al fútbol global. Es la verdad, como un desangelamiento colectivo, como si se rompieran las proporciones lógicas, como si se quebrara el pacto entre el día y la noche, como una falla del software.
¿Cómo manejás con tus hijas (Alma de 5 años y Lola de 8) el hecho de tener un padre que hace una actividad que lo vuelve tan reconocido?
Porque mis hijas no ven a Mascherano, ven al padre. Porque yo las educo haciéndoles saber que todo lo que pueden disfrutar ahora costó mucho. No vino de arriba. A los catorce años me fui a Rosario con un bolsito y empecé el camino. Y tuve suerte. Había un montón de jugadores que tenían las mismas o mejores condiciones que yo, y no les fue bien. No soy más que cualquier otro. Cuando hablo con mis amigos de la infancia, les digo que aparte de que en el tema económico yo pueda disponer de otras posibilidades, lo que nos diferencia es que yo hago lo que me gusta. Voy con una sonrisa a trabajar y ellos tal vez estén en una fábrica. Pero eso no los hace menos felices que yo. También perdí muchas cosas en la vida por esto.
Parece que los futbolistas, cuando se retiran, dejan lo mejor de su vida atrás. ¿Cómo te preparás para el desenganche de un oficio que te va a dejar con más de media vida por vivir cuando te retires?
Para darle sentido a la vida hay que tener muchas cosas, no sólo el fútbol, porque sino el día que dejo el fútbol me tengo que suicidar. Voy a estar tranquilo cuando mire para atrás, de que hice todo lo que pude. Pero si hay algo que no voy a extrañar, es la fama ni que se hable de mí. El que busca esta profesión por la fama se equivoca. No la disfruto para nada.
Por Esteban Schmidt
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