Tras una larga temporada de excesos, el cantante le da una vida extra a Turf
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"Los grupos son así: no se sabe por qué se juntan y no se sabe por qué se separan", dice Joaquín Levinton una tarde de febrero, mientras camina por el Abasto, su barrio. "Es una buena frase." Son evidentes sus pocas ganas de compartir los detalles de la reunión de Turf, la banda con la que se convirtió en una figura pública del rock argentino. Levinton vive en esa zona donde el Abasto se convierte en Almagro, y la circula saludando vecinos que parecen tenerle afecto. Lo conocen por sus canciones, pero también por su personaje: el casanova noctámbulo y popular, que ha hecho cosas por estas cuadras que son menos célebres que sus hits de cancha como "Pasos al costado". Por ejemplo, un himno al cabaret Cocodrilo.
Pero sabemos realmente poco de la vida diaria de Levinton. ¿Sentó cabeza? "Estoy con una mujer. Se podría decir que estoy de novio", dice él. "Hasta hoy parecía que convivía, aunque hoy me parece que se fue. Pero bueno… ¿Hijos? Me encantaría. Supongo que ahora estoy mucho más cerca que antes de que algo así sea posible. Es un momento muy bueno para mí. Las cosas que voy a encarar me van a salir mejor. Ya no lo voy a echar a perder."
Además de los dos discos que editó con Sponsors, en este tiempo hizo suficientes canciones para cuatro álbums más. Pero de esto no escucharemos mucho por ahora, porque Turf está en marcha otra vez. Después de un reencuentro sorpresa en mayo durante un show de Ríspico –la banda de sus compañeros Nicolás Ottavianelli y Fernando Caloia– y una participación especial en el homenaje a Charly García (el primer padrino artístico de la banda) en el Movistar Free Music el 21 de septiembre, Levinton viene de arrancar 2015 con el primer show completo de la banda, el 17 de enero en Playa Varese, Mar del Plata. "Estoy contento porque recuperé a los amigos que no veía hace mucho tiempo. Todo volvió a su cauce", dice y autocita a "Pasos al costado": "Es el momento que todo comienza de vuelta".
Tras una escala técnica en su PH, donde cambió camisa, chupín y zapatos por remera, bermuda y ojotas, Joaquín aclara que no quiere que su entusiasmo deje la impresión de que estamos ante un "operativo retorno". Se separa del que vienen haciendo varias bandas de los 90 ante diferentes niveles de éxito. De hecho, da a entender que todavía quedan asuntos por ajustar. "Es como si fuera un entrenamiento, muy adrenalínico", dice. "[En Mar del Plata] Fue muy lindo, la gente se cantó todo, un poco como si no hubiera pasado el tiempo."
En estos siete años de separación, hubo escaso contacto entre Levinton y el resto del grupo. El diálogo comenzó gradualmente. "Recién el año pasado empezamos a hablar de a poco y las relaciones se arreglaron. Uno habló con otro, el otro con otro, y así", explica con imprecisión deliberada. Claramente no se trató de una situación de pasado pisado. "Hubo pedidos de disculpas. Ahora estamos en un momento diferente. El destino nos ha vuelto a juntar, no sólo como grupo, también como amigos. Fueron muchos años de estar tocando, te imaginarás que las relaciones se desgastaron muchísimo."
Considerando que los últimos dos lanzamientos de Turf fueron discos de reversiones, no hay nueva música del grupo desde Para mí, para vos de 2004, lo que finalmente les resulta motivador: "Todos teníamos la sensación de que a Turf le faltaba una vuelta de tuerca para que no quedara la obra inconclusa. No queremos ser un grupo que vuelve a chorear. Empezamos a trabajar sobre canciones y música, pero de manera muy prudente y muy tranquila. Después de tanto tiempo, no podés decir de un día para el otro: ‘¡Eh! ¡Vamos a volver!’".
Este estado de cautela habla de uno de varios cambios de Levinton. En este tiempo con Sponsors supo mencionar mucho de lo que tenía preparado en paralelo: un disco solista todavía sin nombre, otro con Cucho de los Decadentes (con el título tentativo de Joacucho) y una ópera-rock. Pero ahora se propone una agenda menos dispersa. "Hoy puedo priorizar y darle a cada cosa la concentración que precisa", dice. Su disco fue producido por Ezequiel Araujo y ya está grabado. Prepara la salida para algún momento del año, mientras arma una banda para salir a tocarlo y sigue trabajando con Turf. "Mi nuevo disco no busca tener esa cosa desopilante de Turf, que tiende a mezclar estilos y las letras vienen con algún tipo de chiste. Es más intimista, no tiene lugar para los otros. En Turf tocábamos cosas que nos representan a todos", dice.
Son casi las 6 de la tarde y él todavía no tuvo tiempo de almorzar: pasó el día ocupado tramitando la renovación de su registro de conducir. Este mes cumple 40 años y no sabe cómo va a festejarlo. Si alguna vez sus letras y su comportamiento dieron señales de una inmadurez militante, el paso del tiempo ablandó su postura, aunque sin retractaciones. "Para mí el tiempo pasó volando", dice sentado en el bar Los Cocos, frente a una empanada de carne que sazona con limón. "Hay una contradicción injusta en la vida: mientras más te divertís más rápido pasa el tiempo. Aquel que tiene una vida aburrida vive como 200 años." Se ríe. "Yo no te das una idea de todo lo que me divertí."
Por Gabriel Orqueda
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