Pablo Camaití deja la televisión pública para volcarse a un proyecto personal
El ex movilero de la CQC contó a Personajes.tv que no seguirá siendo presentador de noticias; habló de la libertad de expresión en el canal estatal y del final del programa de Roberto Petinatto
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Pablo Camaití está sentando en su PH en Villa Urquiza, relajado, tranquilo. Lejos está ese movilero incipiente que incomodaba a Hillary Clinton en una cumbre con fotos de "chongos" para que elija uno en Caiga quien caiga. La chispa no se pierde pero se hace más tenue. Con 32 años, tiene otros proyectos y otra mirada de las cosas. Un tocadiscos, un sillón y una mesa ratona adornan el living vidriado de techos altos. Amable y simpático, el conductor de El resumen de la medianoche de la TV Pública abre su mundo y nos cuenta cómo fue pasar de El Trece al canal estatal, sus días en CQC y sus ganas de dar un vuelco en su carrera hacia la ficción desde El hilo, su productora. "A mí me va tironeando mucho la ficción y eso es algo a lo que sí hay que hacerle espacio", dispara antes de anunciar que dejará el periodismo. Estos son sus últimos meses como presentador de noticias.
"Tengo una productora desde 2010, ya lleva cuatro años. Tengo la intención de ponerme con eso, me consume necesariamente mucha energía. ¿Viste cuando empezás a hacer varias cosas y en un momento hay algo que empieza a tener un poco más de lugar, irremediablemente?. A mí me pasa eso con la dirección, con la producción. Entonces El hilo me ocupa tanto lugar y mi rol como director va ganando espacio y eso me va llevando a que me empiecen a pesar más las ganas de hacer eso y a tratar de darle espacio", desliza a Personajes.tv el movilero devenido en conductor que ahora apuesta a la dirección. Así de versátil es. En 2013, ganó un Martín Fierro por Mundo Bayer, una de las primeras producciones de su factoría y eso lo terminó de convencer. Ahora está con Roque Rodríguez, "un personaje que escribí, en el que dirijo y actúo".
-Sos una persona bastante fluctuante… ¿no te da miedo alejarte del status quo y jugarte por tu propio proyecto?
- A ver... siempre es un riesgo, siempre tomé riesgos. Y esta profesión es así, uno de todas maneras está contratado, siempre en algún momento las cosas se terminan. Además, tampoco es que estoy tomando una opción por no hacer más eso. Yo voy a seguir conduciendo y haciendo cosas en televisión, poniendo la cara, digamos. No estoy para estar todas las noches dando información, es una responsabilidad muy grande que hoy por hoy prefiero correrme. No me veo como Santo Biasatti. Mi carrera no va por ahí, no tengo intención de desarrollar eso y me parece que dos años es un tiempo suficiente en un trabajo para ver.

-¿Cómo fue pasar del grupo Clarín a la tevé pública, en este contexto donde parecen existir una suerte de "dos demonios"? ¿Fue como venderse?
-No creo que sea venderse, en todo caso uno vende su fuerza de trabajo. Yo soy un trabajador y todos los trabajadores vendemos nuestra fuerza de trabajo a quién sea. No lo viví desde ese lugar, fue donde me ofrecieron un trabajo, una posibilidad de crecimiento -conducir- y trabajé. Podría trabajar ahí como en cualquier lado, como, seguramente, trabajaré en otros lugares a partir de ahora. No me lo planteé desde ese lugar, no soy ingenuo, sé lo que pasa en ese sentido. Pero no me siento parte de esa pelea ni mucho menos.
-Pero tenés una postura política o ¿sos apolítico?
-No creo que alguien sea apolítico. Sí, tengo pensamiento político como creo que todos debiéramos tener. Pienso políticamente las cosas, y tengo una mirada política del mundo y del hombre. En términos de nuestra coyuntura actual, no podría ponerme en un lugar partidario, si querés... Si tengo que hablar de mis ideas políticas personales podría decirte que estoy a la izquierda, o más a la izquierda en un panorama político.
-¿Y, cómo te adaptaste a las diferentes líneas editoriales?
-Siempre me manejé con muchísima libertad. Mi lugar fue de cronista, ahora, de conductor. Nunca tuve decisiones fuertes de tipo editorial. Las decisiones las toman otros. Entonces, uno hace lo que tiene que hacer. Yo, personalmente, nunca tuve ningún límite ni bajada en ese sentido.
-¿Qué pensás de la objetividad?
-No creo en la objetividad, pero me parece que mi rol es ser el presentador de las noticias y las noticias no son seleccionadas por mí. La primera bajada de un medio son las noticias que el medio decide comunicar, la tapa de un diario, o la rutina de un noticiero y en eso yo no tengo ninguna injerencia. Me llegan las noticias que hay que informar, pero sí puedo elegir yo las palabras para decir eso y, en eso, me he manejado con total libertad en cualquier ámbito. En ese sentido lo que tiene la televisión pública es que como yo estoy al aire no hay posibilidad de edición.
-Con qué te sentiste más cómodo, ¿de movilero o de conductor?
-Fue difícil, porque CQC era un programa de humor, de actualidad, pero desde el humor. Yo me sentía muy cómodo con eso y me divertía mucho. A la hora de llegar al noticiero, si bien logramos ablandar bastante el formato sigue siendo un noticiero. Hay información que hay que dar de una manera concreta, el tiempo es corto -dura media hora-, eso es lo que más me costó. Lo que me gustó y aprendí mucho fue del vivo. En CQC eran notas grabadas y editadas y acá es la adrenalina de salir al aire y estar hablando frente a miles de personas. No hay error, si te equivocás, seguís para adelante. Esa situación del aire fue un aprendizaje espectacular. Tener un horario fijo también me ordenó.

-¿Cómo viviste el final de Caiga? ¿Te parece que el formato estaba terminado?
-No sé si tenía que terminar, pero es lo que pasó. No me parece que no haya funcionado, es un programa que estuvo al aire 16/17 años. Me parece que hay mucha liviandad en los medios para criticar. Decís "esto es una porquería" y estás y ves que hay 30/40 personas trabajando. Yo soy bastante cuidadoso para hablar de las cosas. Hay muchas cosas en televisión que no me gustan y me parecen que son una porquería pero me cuido mucho de expresarlo públicamente porque soy muy respetuoso de la gente que está trabajando de eso. El análisis artístico se lo dejo a quienes se dediquen a eso. Pero salir así a boca de jarro a hablar de un programa o de otro levantando el dedo, no sé, soy cuidadoso.
-¿Puede ser que Caiga sin Mario Pergolini se haya convertido en una suerte de marca pero haya perdido parte de su identidad?
-Sí, ese es un análisis posible. Yo creo que como formato resistió muchísimo tiempo. No creo que haya sido algo que no haya funcionado. Ahora, en El Trece, estaba midiendo algo normal, lógico. Me parece que son cosas que tienen que pasar, que los formatos en algún momento se agotan. A mí lo que me parece valiosísimo de Caiga... es que se sostenía como formato. Yo creo que claramente los que vimos los primeros años teníamos en la cabeza ese CQC con Mario y es inevitable ver la pantalla y que no esté y pensar que hay algo raro. Pero también es cierto que sobrevivió muchos años después de Mario. Que te podía gustar menos, que podía tener distintos rumbos… pero el programa se sostenía. Las notas estaban ahí y también la prueba de eso es cómo se vendió a todo el mundo. Cambió la manera de hacer notas televisivas, instaló la figura del notero con ese tono irreverente. Yo creo que es un programa muy importante para la televisión argentina y para mí también, obviamente.
-¿Cuál fue la nota que más te gustó hacer?
- Difícil elegir una... Me divertía mucho con la cobertura política, era lo que más hacía, me lo dejaban hacer. Las notas de elecciones, el día de elección. Arrancar a las siete de la mañana, ir a buscar a un candidato que iba a votar y toda la mañana cubriendo las votaciones, los bunkers. El agite de un día de elecciones es algo que hoy cuando tenemos elecciones, me siento a verlo en la tele y extraño. Me gustaría estar ahí, la pasaba muy bien haciendo eso. Las notas que más disfruté, las cumbres, cosas con presidentes. La asunción de Pepe Mujica en Uruguay estuvo buenísima. Tuve notas con todos, fue muy divertido. A Hillary Clinton le hicimos un chiste con los becarios porque ella acababa de asumir como Secretario de estado entonces le llevamos una foto de unos chongos y le dijimos que ahora le tocaba elegir a ella y yo pensé que me iban a matar, pero se cagó de risa. Era una locura, era estar en lugares en los que no hubiera estado de otra manera y poder ser desfachatado.
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