Butch Vig se enamoró de su rock explosivo y quiere producirlos; Barbi habla del año en que le abotonó el vestido a Shirley Manson y su banda logró el sonido que tenían en la cabeza
1 minuto de lectura'
Mientras termina de preparar un licuado de durazno y ananá en la cocina de su casa, un monoambiente repleto de cuadros, fotos y vinilos de rock clásico en Palermo, Bárbara Recanati recuerda sus últimos días y dice: "Mi vida se basa en pequeños hechos así, que todos dicen: «No puede ser»".
En octubre, cuando Utopians compartió cartel con Garbage en el Pepsi Music, Butch Vig, el baterista de la banda y productor de algunos de los discos definitivos de los 90 como Nevermind de Nirvana o Dirty de Sonic Youth -y, más acá, Wasting Light de Foo Fighters-, los vio en vivo y flasheó con la energía explosiva y garagera de las canciones de Trastornados, su tercer disco, que salió a mitad de año. Esa tarde, después de que Barbi y sus compañeros volvieran transpirados a los camarines, escucharon que tocaban su puerta y, cuando abrieron, eran Vig y Shirley Manson, la cantante de Garbage, con dos botellas de vino en las manos. "Y nos dijeron: «Chicos, ¿brindamos?». De repente, estaba Butch hablándonos de negocios, de hacer un posible disco. Y Shirley me pidió que la acompañara a su camarín para ayudarla a vestirse, porque tenía un vestido con botones en la espalda. Fue increíble", cuenta.
Unas semanas después de nuestro primer encuentro, Barbi me escribe desde su celular: "¡Estoy emocionadísima!". Esa mañana recibió un mail de Vig, que está de gira con Garbage por Rusia, diciéndole que quiere producir el próximo disco de Utopians. "Dice que está a full con Trastornados, que le encanta cómo suena. Y parece que me encuentro con él en Nueva York, en unas semanas, en el festival por el huracán Sandy, donde va a estar con Dave Grohl."
En tu foto de perfil de Facebook estás con Patti Smith y Michael Stipe. ¿Dónde te la sacaste?
En mayo me fui a tocar siete conciertos acústicos a Nueva York. Y un domingo era el Día de la Madre allá y me enteré de que tocaba Patti Smith en un barcito por Chelsea. Fui y antes del show la encaré para darle un regalo y le pedí que nos sacáramos una foto. Me dijo que sí, pero que la esperara a que fuera al baño. Y cuando se fue, un seguridad me agarró del cuello y me sacó. Y cuando terminó el show, que estuvo buenísimo, me estoy yendo y viene ella y me dice: "¿No nos vamos a sacar la foto?". Y encara a darle la cámara a uno que estaba ahí y cuando lo miro era Michael Stipe. Y digo: "No, no, sos Michael Stipe". Y se ríe y me dice: "¿Querés que salga yo también en la foto?". Y por alguna razón fue la foto más perfecta que podría haber tenido en mi vida: Patti Smith me está agarrando del cuello, riéndose, y Michael Stipe está al lado, con cara de "Está bien, me metí en la foto".
¿Qué es lo que más recordás de los comienzos de Utopians?
Yo lo conocí a Larry, el baterista, en primer año, cuando teníamos 12. Las chicas eran estándar, pensaban en la fiesta de 15, en el hockey y el club, y yo era un engendro, zarpado. Tenía el pelo corte militar, era muy chiquitita, era muy fácil confundirme con un pibe. Estaba obsesionada con armar una banda de rock, pero no teníamos un mango. Yo vendí mi cadenita de oro de la comunión y un Game Boy, y me compré una guitarra eléctrica con un equipo.
¿Te acordás de la primera canción que compusieron?
Me re acuerdo, hasta te la puedo cantar. Era un robo del tema "The Kids Aren’t Alright", de Offspring. Tenía la misma progresión de acordes del estribillo. Yo no sabía y, cuando la cantábamos, decíamos: "Wow, es un temón". Y un día nos dimos cuenta: "Boludo, claro que es un temón, porque no es nuestro". En esos días, componíamos todo el tiempo y ensayábamos como unos enfermos. Habíamos pegado una fábrica abandonada que estaba en remate judicial y nos instalamos ahí. Y ensayamos durante años: nos rateábamos del colegio para ir a tocar. Afuera había un mundo adolescente que no sabíamos que existía.
"Allá voy" se convirtió en un pequeño himno post-ruptura de su repertorio. ¿Cómo la compusiste?
Fue un escupitajo. Estábamos viajando en micro a Chile a grabar el disco y no teníamos letras. Y me llevé en un walkman un ensayo con las bases como para escribir algo. Hacía muy poco me había encontrado en la calle con un viejo amor que no veía hacía tres años y el encuentro había sido muy fugaz y muy intenso, y escribí el encuentro del modo más inocente y sincero que podía. Y cuando terminé, lo canté y recuerdo que se lo mostré a los chicos y no les gustó nada, así que decidimos dejarla de lado. Y al final teníamos tan pocas canciones en el disco que no nos quedó otra que meterla. Y hoy es nuestra canción favorita, lejos.
¿Cuáles fueron los puntos más altos de 2012 para el grupo?
Tendría que hacer una lista enorme. Pero creo que el momento más grande de este año fue la presentación del disco en La Trastienda. En este tiempo tocamos con los Guns N’ Roses en el Estadio Unico de La Plata, en Cosquín en el escenario principal, en la BBC. Pero real, el momento más grande, fue esa Trastienda. Fue la primera vez que hicimos una fecha propia, tocando solos, con una entrada a 50 mangos en un lugar para mil personas. Había una gran probabilidad de que fueran 200. Y cuando se abrió el telón y vimos el lugar al palo, nos volvimos locos. Fue increíble. Dijimos: "Bueno, ésta es una nueva etapa del grupo: toda esta gente está pagando para vernos".
¿Qué es lo que más te gusta de Trastornados?
El audio. Siempre nos costaba plasmar lo que teníamos en las cabezas en los discos y creo que esto es lo más cerca que estuvimos. Fue la primera vez que algunas canciones sonaron mejor de lo que esperábamos. Me pone re contenta escuchar en la radio un tema nuestro y que después venga uno de Foo Fighters y que no digas: "Uh, nos hicieron mierda". En la radio se la banca, y me pone re orgullosa.
¿Hay alguna parte del disco que te haga sentir particularmente orgullosa?
Es un álbum poco virtuoso, no le dimos bola a eso, y aun así hay arreglos, como el final de "Muertos vivos", en el cual no participo, que lo escucho y siento que somos una buena banda, es como una muestra de en qué nivel están tocando los chicos, están muy acoplados. Está re bien que a un montón de gente no le guste nuestra música, pero eso no quita que seamos conscientes de que está bueno lo que hacemos. Seremos horribles, pero lo hacemos bien.
Notas relacionadas:
Barbi de Utopians: sobre una chica | Utopians - "Trastornados" | Utopians: rock a la vieja escuela









