Al frente de su nueva formación, The Sensational Space Shifters, la leyenda británica regresó al país; crónica de Claudio Kleiman
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Hay músicos que necesitan de lo inesperado para sentirse inspirados. No son muchos, claro, y menos en estos tiempos de pisar sobre seguro y no correr muchos riesgos en escena. Pero Robert Plant pertenece a ese pequeño y selecto grupo de los que miran siempre hacia adelante. Por eso, quizás, la decisión de no reunir a Led Zeppelin, a pesar de las presiones y ofertas millonarias. También probablemente sea ese el motivo que lo llevó a disolver The Band Of Joy, el extraordinario grupo con el que grabó su ultimo álbum, justo cuando se encontraba en un punto de empatía musical exquisita, como puede apreciarse en el DVD Live From The Artists Den. El tipo le escapa al aburrimiento, y continúa con una búsqueda que comenzó allá por los años 60 y no tiene miras de detenerse, como la única manera de mantener vivo su propio interés y entusiasmo por la música. Total, seguramente plata no precisa.
De ahí los Sensational Space Shifters, esta nueva banda que en realidad no lo es tanto, sino más bien una versión "aggiornada" de Strange Sensation, el grupo que lo acompañó en su álbum de 2005, Mighty Rearranger. La alineación incluye cuatro miembros de esa banda, los fundamentales Justin Adams y Skin Tyson en guitarras y el tecladista John Baggott, más el bajista Billy Fuller. Sólo ha cambiado el puesto de baterista, ahora ocupado por Dave Smith, y se agrega Juldeh Camara, que canta e interpreta unas versiones africanas - algo más primitivas - del violín y el banjo, llamados ritti y kologo, respectivamente.
Con esta alineación, el cantante consigue una inspiradísima sumatoria de buena parte de los elementos que han estado presentes en su derrotero musical, como los sonidos del Norte de África y el desierto de Sahara, la música folk británica y norteamericana (más específicamente de Irlanda y los Apalaches), la psicodelia, el rock y el blues. Todo esto confluye en un sonido hipnótico, envolvente, con la voz de Plant en excelente forma arropada por unos músicos que lo envuelven a la vez que lo sorprenden, con un nivel de ejecución altísimo, que privilegia la textura y el clima por sobre la distorsión o el despliegue virtuoso.
Esto no lo hace de fácil degustación para el público que espera versiones más o menos literales de los clásicos de Led Zeppelin, pero el show de Plant y su banda en el Luna Park fue tan perfecto que consiguió hechizar a todo el mundo con un clima sublime. La psicodelia estaba presente en el mural que oficiaba de escenografía, con una imagen de un Robert joven envuelto en múltiples colores. La persona de carne y hueso, emergió sencillo, con una remera negra, jeans y botas, para dar una verdadera lección de música a través de 15 temas durante una hora y media de concierto. Entre ellos, Plant eligió interpretar nada menos que cinco del mencionado Mighty Rearranger, más uno (el blues "Fixin’ to Die") del anterior, Dreamland (2002) en el cual también participaban varios de estos músicos. El resto estuvo dedicado a temas de Zeppelin, más el clásico de Willie Dixon, "Spoonful", que casualmente, también fue interpretado una semana atrás en el show de otra leyenda del rock británico, Jack Bruce.
El clima del espectáculo fue creciendo en intensidad y sugestión, alcanzando un magnífico crescendo con la sucesión de "Friends", interpretada con acústicas y bodhran (instrumento de percusión irlandés),"Spoonful", con un interludio africano en el canto y el ritti de Camara, "Somebody Knocking", "Black Dog", con el hermoso sonido del banjo y ambos guitarristas tocando slide eléctrico, y "All The Kings Horses", un tema folk de una belleza indescriptible. Justamente, los temas de III, el álbum "folk" de Zeppelin, como "Friends" y "Bron-Y-Aur", eran los que más se acercaban a las versiones originales, mientras que los otros atravesaban transformaciones más radicales.
Los bises también fueron memorables: después de una espléndida versión acústica de "Going To California", Robert anunció que "es tiempo de mover las caderas" y desencadenó un "Rock And Roll" en plan rockabilly, con un gran solo de Justin Adams. Lástima que al concluir el recital un fan descontrolado se abalanzó sobre Plant con tal fuerza que lo tiró al piso, poniendo un final anticlimático para lo que había sido más que un simple espectáculo musical, una experiencia trascendente.
Por Claudio Kleiman
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