Netflix:¿No es romántico? No, la verdad que no

Rebel Wilson y Liam Hemsworth en una escena de la comedia romántica que se ríe de los lugares comunes del género
Rebel Wilson y Liam Hemsworth en una escena de la comedia romántica que se ríe de los lugares comunes del género Crédito: Netflix
Natalia Trzenko
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4 de marzo de 2019  • 13:23

¿No es romántico? (Isn't It Romantic? Estados Unidos/2019) Dirección: Todd Strauss-Schulson. Guion: Erin Cardillo, Dana Fox, Katie Silberman. Fotografía: Simon Duggan Música: John Debney Elenco: Rebel Wilson, Adam Devine, Liam Hemsworth, Betty Gilpin, Brandon Scott Jones, Priyanka Chopra. Duración: 98 minutos Disponible en: Netflix Nuestra opinión: Buena

Para los fanáticos de la comedia romántica, el comienzo de ¿No es romántico? es un golpe directo al corazón. Antes de ver nada se escuchan los primeros acordes de "Pretty Woman", la canción de Roy Orbison que se transformó en himno del género gracias a la película de 1990 protagonizada por Julia Roberts y Richard Gere .

Claro que, lejos de celebrar el film que convirtió a Roberts en estrella y que confirmó la nueva era dorada de las comedias románticas que había comenzado un año antes con Cuando Harry conoció a Sally, el clásico se utiliza como punto de partida para parodiar a las películas de su tipo. Es decir: para descorrer la cortina y mostrar todos los clichés y mecanismos necesarios para hacer creer al público –generalmente femenino– que las historias de amor que ven en pantalla podrían ser las suyas.

Ese es el planteo inicial de ¿No es romántico? escrita por Erin Cardillo, Dana Fox y Katie Silberman y protagonizada por Rebel Wilson como la versión adulta y cínica de la niña que miraba fascinada el romance entre el millonario y la prostituta hasta que su madre le aguaba la fiesta. "No sos Julia Roberts. Eso no es la vida real", le dice, vaso de vino en mano, mientras dispara frases sobre la imposibilidad de los finales felices y (primer guiño meta de la película) "No se hacen películas sobre chicas como nosotras".

Pero resulta que sí. Aunque parece que para hacer una comedia romántica sobre una mujer que no cumple con los cánones tradicionales de belleza no queda otra que reírse del género,de intentar subvertir todos sus supuestas trampas, aunque finalmente no se anime a escapar de casi ninguna de ellas. En la adultez, Natalie (Wilson) es una arquitecta que vive en un departamento ínfimo en una calle bastante caótica de Manhattan, que anda por la vida con el pelo sometido a las inclemencias de la humedad del verano neoyorquino y a la que en su trabajo todos la toman casi como una chica de los mandados.

Su baja autoestima es explícita y tan evidente que solo le falta llevar una remera que la promocione; su aversión por el amor romántico se manifiesta en su desprecio por las películas que lo celebran, esas que su asistente y amiga Whitney ( Betty Gilpin, de GLOW) mira todo el tiempo. Ella las encuentra encantadoras y las considera un solaz para su vida cotidiana. Para Natalie son apenas una colección de lugares comunes: protagonistas que siempre conocen al amor de su vida de la manera más casual y tierna posible, que demuestran una torpeza que fuera de la pantalla sería materia de una revisión médica ("podrían tener distrofia muscular") y a las que siempre acompaña un amigo gay que no parece tener vida ni ocupación alguna más allá de ellas. Además, la pareja protagónica siempre tiene final feliz asegurado.

Adam Devine, Rebel Wilson y Priyanka Chopra, en una escena de la película
Adam Devine, Rebel Wilson y Priyanka Chopra, en una escena de la película Crédito: Netflix

Es "una Matrix para mujeres solitarias", dice, displicente, hasta que –luego de sufrir un fuerte golpe en la cabeza– la heroína despierta atrapada en su propia comedia romántica. Con el pelo perfectamente peinado y un maquillaje que es una obra de arte, Natalie no entiende lo que sucede. El apuesto médico que la atiende demuestra estar encantado con sus ojos, la ropa con la que sale del hospital es una replica de uno de los trajes del personaje de Roberts en Mujer bonita, y así siguen las referencias más o menos explícitas, los planos, la fotografía y hasta los encuadres que demuestran que ahora estamos viendo una comedia romántica. Aunque su heroína no quiera estar ahí, no crea en el amor y todo le parezca una cruel broma del destino.

El personaje central comienza a sufrir una a una las cosas que según ella ocurren en las comedias románticas –las anteriores a los años 90 no están en el repertorio de los guionistas–. Se cruza con el millonario apuesto (interpretado por Liam Hemsworth) que unas horas antes ni la había mirado; su departamento se transforma en un piso de lujo y su mejor amiga, en rival despiadada y en el trabajo finalmente le reconocen su talento. Quien sigue aparentemente igual en esta versión rosa chicle de su vida es Josh (Adam Devine), el amigo que evidentemente está enamorado de ella. Y a él recurre para darle sentido a lo que está pasando.

Lo que sigue es una serie de escenas en las que la parodia del género a veces resulta graciosa (la constante interrupción cada vez que la protagonista dice una mala palabra, su imposibilidad de tener sexo con el bello candidato) y en otras no se anima a romperlo del todo. Ese lugar intermedio complica el tono de la película, que apunta a ser más comedia que romántica, especialmente apoyada en las capacidades de su protagonista, hábil para el humor físico y los remates graciosos, pero que al final parece rendirse ante el poder del género que supuestamente estaba intentando deconstruir.

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