La banda de Chicago volvió a nuestro país después de más de una década; crónica y fotos de su show
1 minuto de lectura'
Dos baterías enfrentadas, delante de todo. A los costados, dos instrumentos que no se ven a menudo en un recital de rock: un vibráfono y una marimba. Sintetizadores por aquí y por allá, de los viejos y de los que emulan. También guitarras y bajos, por supuesto, pero alineados en el fondo. Está claro que Tortoise no se planta en escena como cualquier otro grupo. Y es que, ciertamente, no lo es: los de Chicago conforman uno de esos proyectos que piensan el rock de otra manera. Lo desarman y lo rearman, todo el tiempo, en todo sentido: armonías, ritmos, timbres, texturas. Y en ese proceso introducen, sin que suene forzado, elementos de jazz, krautrock, dub, psicodelia, minimalismo, ambient y música para películas. Por algo son, por antonomasia, la gran banda de post rock.
No es la primera vez que Tortoise visita la Argentina: se presentaron allá por diciembre de 1999, en este mismo escenario, el de La Trastienda. Las circunstancias eran otras por entonces: el quinteto venía de sacar TNT, el álbum con el que había recibido cierto hype por parte de la crítica especializada, a pesar del carácter instrumental y a veces espinoso de su música. Eran pura novedad, y se ganaron un lugar de privilegio en la escena indie, incluso en una época de grandes cosechas (chequeen, si no, los discos que por esos años sacaban Mercury Rev, Flaming Lips, Yo La Tengo, Radiohead, Spiritualized y Primal Scream). Pasaron más de once años de aquel show y de aquel momento clave en la carrera de Tortoise. Y sin embargo, todo ese tiempo se reduce cuando tocan en vivo, aun cuando su propuesta no ha variado de manera significativa. Así, extrañamente, sus temas siguen sonando reveladores. ¿A qué se debe? Tal vez a tanto revisionismo, a tanta ola retro. Difícil saberlo con exactitud. Lo cierto es que, por estos días, pocos grupos amalgaman tan bien tantas influencias. Sí, hacen fusión (palabra demodé si las hay). Y son, ante todo, progresivos (otra categoría no muy bien vista). Pero lo que importa es lo que consiguen: un gran banquete musical, elaborado con los condimentos justos, al que se sentarían gustosos varios maestros (Ennio Morricone, Steve Reich, Lee Perry, Teo Macero, Tom Zé).
Los integrantes son los mismos de siempre (en más de dos décadas de trayectoria, sólo cambiaron dos veces de guitarrista, y fue en sus primeros años). Estamos hablando de John McEntire, John Herndon, Dan Bitney, Doug McCombs y Jeff Parker. Arriba del escenario, siguen fiel a su mecánica de rotación: todos tocan, al menos, tres instrumentos distintos. A veces cambian de posición en un mismo tema. A veces suenan dos bajos. Y en varias ocasiones –las mejores, sin dudas– arrasan con dos baterías. Esa aproximación rítmica, enfatizada por el hecho de tener tres bateristas natos en su formación, salta todavía más a la luz en vivo, y confirma que sus composiciones no nacen de la mera improvisación. Por momentos, todo parece muy matemático (el rigor que muchas veces le falta al rock). Pero, a la vez, juega continuamente con la posibilidad del error (el vértigo que muchas veces le falta al jazz).
Al principio, en La Trastienda, todo estaba en su lugar: una banda sobria, operando con suma destreza, ante un público sentado, sereno y atento. Tocaron bastante material de Beacons of Ancestorship (2009), su último disco, como el enrevesado "High Class Slim Came Floatin’ In" y el casi bailable "Gigantes", pero supieron intercalarlos con temas más calmos de su anterior trabajo de estudio, It’s All Around You (2004). También sonaron pequeños clásicos como "Eros" (de Standards, 2001) y "Swung from the Gutters" (de TNT, 1998). En la mitad del show, Bitney encontró un hueco para tomar el micrófono. Relató algunas escalas de la gira, que comenzó hace dos semanas y que, desde entonces, parece ponerlos en situaciones de riesgo, desde su paso fallido por Japón hasta algunos deslices menores en México. En realidad, no fue más que un pretexto para ajustar algún detalle técnico y, de paso, introducir uno de los temas más festejados de la noche: "Prepare Your Coffin" (de ahí la ironía previa: "prepara tu ataúd").
Para el momento de los bises, el panorama era completamente distinto: McCombs instó a la gente a pararse y el clima de festejo no tardó en propagarse. Poco después, para la segunda y última entrada, ya se escuchaban los típicos cantitos de hinchada (un sueño hecho realidad para una banda instrumental de post rock). Fue ahí cuando habló McEntire (el más conocido, por su rol de productor demandado: de Stereolab a Broken Social Scene, pasando por Bright Eyes, Smog, The Fiery Furnaces y Teenage Fanclub, entre otros). Y esto es lo que dijo: "¿Qué pasó que antes estaban todos sentados y tan serenos? Ah, claro… Nosotros pasamos". Un chiste algo arrogante, es verdad, pero que resulta totalmente inofensivo viniendo de ellos, quizás el grupo menos ególatra del planeta. Además: ¿qué se les puede decir después de semejante concierto?
Por Santiago Delucchi
- 1
El comentario de Chris Noth contra Sarah Jessica Parker, tras el homenaje que recibió la actriz en los Globos de Oro
- 2
Qué dijo Mónica Gonzaga sobre Julio Iglesias, su expareja
3Moria Casán se mostró indignada por el anuncio de casamiento de Lali y aprovechó para criticar a Pedro Rosemblat: “No lo quiero”
- 4
Cómo será la serie sobre El robo del siglo: los actores, la dupla “marginal” y una figura internacional tentada





