Sueño argentino en Estados Unidos: emigraron hace 24 años y verán a Messi en Miami con entradas compradas en secreto
Nicolás y Mariela se fueron de la Argentina tras la crisis del 2001; el viernes estarán en el Hard Rock Stadium para ver a la selección por los dieciseisavos del Mundial 2026
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La Avenida Collins en Miami Beach huele a mate y protector solar desde hace días. Los restaurantes argentinos abren dos horas antes de lo habitual. Las camisetas celestes y blancas aparecen en los supermercados, en el metromover, en las aceras del sur de Florida. El partido todavía no empezó y la ciudad ya tomó partido. Este viernes 3 de julio, la selección argentina jugará contra Cabo Verde en el Hard Rock Stadium por los dieciseisavos de final del Mundial 2026. El pronóstico del tiempo marca 33°C (91°F). Húmedo. Una tarde pesada. Horas antes, el miércoles, desde Atlanta, saldrá una camioneta con dos argentinos, un termo y un mate rumbo al estadio.
Dos entradas que Mariela compró sin avisar
Nicolás Kramer es cordobés y de River. Vive en Atlanta desde 2002 con su esposa Mariela Aquim, fanática de Boca. El miércoles por la tarde saldrán rumbo a Miami. Once horas de ruta, parada cerca de Orlando para dormir, llegada el jueves a media tarde justo para el banderazo argentino. El viernes, a la cancha. Sus hijos (ambos estadounidenses) no irán. Están en el campamento de la iglesia.

La historia de cómo llegaron las entradas empezó con un malentendido. Hace meses, Nicolás compró tickets para los octavos de final en Atlanta: el Mercedes-Benz Stadium les queda a media hora de casa. Pero Mariela creyó que “octavos” era el primer partido eliminatorio, lo que en este Mundial extendido a 48 selecciones se llama dieciseisavos. Cuando se dio cuenta de la diferencia, reaccionó: “¿Y qué sabemos si va a llegar a octavos? Mirá si queda afuera en dieciseisavos”.
Calma: la nueva oportunidad que les permitirá ver a Messi en Miami
Después apareció la oportunidad. Un amigo que antes vivía en Atlanta y ahora está en Miami les dijo que unos parientes no iban a poder viajar y que tenía dos entradas para los dieciseisavos al precio original: 700 dólares cada una. Nicolás le contó a Mariela. Mariela frenó: ya habían gastado para octavos. Ahí quedó.

Hasta hace unos días. Mariela había hablado por su cuenta con los amigos de Miami. Las entradas seguían disponibles. Y se las compró a Nicolás de sorpresa. Él se enteró el Día del Padre. “Una locura”, dice en una entrevista con LA NACION. “Mi esposa con la selección se vuelve fanática. Te diría que casi más fanática que yo”, reconoce.
El 11 de septiembre de 2001 los dejó varados en Buenos Aires
Nicolás y Mariela llevan 24 años en Atlanta. Llegaron en 2002, cuando la Argentina profundizaba su crisis: el corralito, los cacerolazos, cinco presidentes en diez días. Pero la salida ya había fallado una vez. El 11 de septiembre de 2001, él y Mariela tenían turno en la embajada de EE.UU. en Buenos Aires para obtener sus visas. Justo el día del atentado a las Torres Gemelas. El trámite quedó suspendido. Lo retomaron meses después. En 2002, finalmente, llegaron a EE.UU.
Él lo hizo con visa de estudiante. Ella con el programa au pair, cuidando chicos en una familia americana. Se habían casado en Buenos Aires antes de partir. Atlanta los recibió y no los soltó.

Hoy Nicolás tiene su propia compañía de remodelación de casas: pintura, reformas, el trabajo que encontró y que con los años se convirtió en el que eligió. Mariela siguió cuidando chicos en una familia americana que ya la conoce bien. Tienen dos hijos varones, nacidos en EE.UU., llamados Thomas, de 23 años, y Jeremy, de 18.
La filial de River en Atlanta, donde reciben a los recién llegados
Pero el fútbol en casa de los Kramer no es solo televisión. Nicolás es uno de los encargados de la filial de River Plate en Atlanta. Organiza partidos, convoca a los que llegan nuevos, arma la red. Cada argentino que aterriza en Georgia sin conocer a nadie termina, tarde o temprano, en ese grupo. Lo mismo pasa con muchos latinos de otros países.
“Lo que más extrañamos es generar comunidad”, asegura Nicolás. “En Argentina lo tenés naturalmente; acá lo tenés que construir”, agrega.

Lleva dos décadas construyéndola. Y en los próximos meses, él y Mariela prestarán juramento como ciudadanos estadounidenses. Después de 24 años, de visas de estudiante y au pair, de dos hijos nacidos en suelo norteamericano, el proceso llega a su última etapa.
En Miami viven 200.000 argentinos y todos sueñan con ir a la cancha
En la zona de Miami viven unos 80.000 argentinos según el último censo, pero si se suman los que tienen la nacionalidad estadounidense, los que ingresaron con otro pasaporte y quienes no tienen documentos en regla, la cifra trepa a unos 200.000.

Para el partido del viernes, se espera que más de 100.000 hinchas argentinos lleguen a la ciudad. El Hard Rock Stadium tiene capacidad para más de 65.000 espectadores. Quedarán miles afuera. El Bayfront Park funciona como Fan Festival del Mundial. Los restaurantes de la avenida Collins son puntos de encuentro desde antes del mediodía.
Argentina llega con puntaje perfecto y Messi en forma
El sábado, la selección argentina cerró la fase de grupos con una victoria 3-1 sobre Jordania en Dallas. Tres partidos, tres victorias, y entonces líderes de grupo. Messi volvió a anotar. Scaloni reservó titulares para lo que viene.

Ahora viene Miami y Miami, se sabe, es otra cosa. Las entradas en reventa para el partido contra Cabo Verde superan incluso los 5000 dólares, más caras que las de cuartos de final. Las de Nicolás y Mariela salieron a 700 cada una. Las consiguieron a tiempo, por un amigo, de casualidad.
Si Argentina gana, no habrá que volver a manejar: los octavos son en Atlanta
El viernes a las 6 de la tarde, hora de Miami, con 33 grados y el estadio lleno, Nicolás y Mariela estarán para ver a Messi y el Mundial en su máxima expresión. Y si Leo y Argentina ganan, Nicolás no tendrá que manejar a ningún lado para el siguiente partido. Los octavos se jugarán el martes 7 en Atlanta. El estadio está a media hora de casa. Ya tienen las entradas para toda la familia.

“No vemos la hora de que llegue el partido del viernes”, reconoce Nicolás, todavía con acento cordobés. “Y que, por Dios, gane, y tenerlos acá en Atlanta dos partidos seguidos. Será una cosa de locos”.
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