Vance retoma el protagonismo perdido y asume una misión de alto riesgo en la mesa con Irán
El vicepresidente lidera el equipo norteamericano que mantendrá un cara a cara de alto nivel con los enviados de Teherán a Islamabad para encarrilar la tregua en la guerra en Medio Oriente
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WASHINGTON.- Paradójicamente, el salto del vicepresidente JD Vance al centro del escenario del conflicto bélico en Medio Oriente, que lo tendrá como actor central del diálogo diplomático entre Washington y Teherán en Islamabad este sábado, empezó a tejerse justo antes de que estallara la guerra contra Irán, el 28 de febrero pasado.
Dos días antes, en Ginebra, el enviado especial de Donald Trump para Medio Oriente, Steve Witkoff, y el asesor y yerno del presidente, Jared Kushner, habían concluido una tercera ronda de negociaciones nucleares indirectas con el canciller iraní, Abbas Araghchi. “Un acuerdo de paz está a nuestro alcance”, señaló optimista, 24 horas después, el ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al-Busaidi, mediador del encuentro. Desconocía la decisión que ya se había cocinado a 6500 kilómetros, en la Casa Blanca.
Al día siguiente, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta contra Irán en la que fueron asesinados el líder supremo, ayatollah Ali Khamenei, y varios altos funcionarios y mandos militares del régimen, lo que desencadenó una conflagración de escala regional e impacto económico global.
Desde la perspectiva de Teherán, el momento del ataque, apenas dos días después del encuentro en Ginebra, constituyó una segunda traición: el equipo estadounidense había mantenido negociaciones con los iraníes en junio pasado, antes de que Estados Unidos bombardeara tres instalaciones nucleares del país persa durante la guerra Guerra de los Doce Días.
Cualquiera fuera el grado de confianza que podía haber de los negociadores iraníes en Witkoff y Kushner se resquebrajó, y casi automáticamente -con el correr de los días- se catapultó la figura de Vance en las esferas de poder de Teherán como posible interlocutor.

¿Los motivos? Las profundas reservas públicas del vicepresidente respecto a las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero —como veterano de la guerra de Irak, donde estuvo seis meses en 2005 en el Cuerpo de Marines— y su distancia notablemente mesurada respecto a la Operación Furia Épica le otorgaron credibilidad ante los funcionarios iraníes. Además, otro punto a favor es que a diferencia de Witkoff y Kushner no participó en las negociaciones que precedieron a los ataques.
Nadie dentro del círculo íntimo de Trump estaba más preocupado por la perspectiva de una guerra con Irán —ni hizo más por desaconsejarla— que Vance, detalló The New York Times. Llegó a describir el conflicto como “una enorme distracción de recursos” y “masivamente caro”.
Según medios norteamericanos, durante una reunión de alto nivel en febrero, Vance advirtió que una guerra contra Irán podría desatar el caos regional, provocar un número incalculable de bajas, distanciar del gobierno a un sector de los partidarios de Trump y diezmar los arsenales de Estados Unidos. Consideraba además que una ofensiva destinada a lograr un cambio de régimen fracasaría, por lo que abogó por una acción limitada, pero contundente, consciente de que el mandatario tenía la intención de intervenir militarmente de alguna manera.

Menos de dos meses después, en momentos en que urge la vía diplomática para encauzar una frágil tregua, Vance se ha convertido en el interlocutor clave del bando norteamericano en los esfuerzos para poner fin al conflicto.
Mientras estaba en Hungría para trasladar el apoyo de Trump a la campaña del primer ministro Viktor Orban, aliado europeo del presidente, Vance estuvo en contacto permanente con los mediadores pakistaníes.
Y en la previa del anuncio de la tregua el martes, mientras se aproximaba el ultimátum de Trump a Irán para que reabriera el estrecho de Ormuz, Vance tuvo un “papel clave” para acercar a las partes, según la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
El vicepresidente, que nunca ocultó su oposición a que Estados Unidos iniciara el conflicto, había sido la voz discordante en una reunión crucial de Trump y sus principales funcionarios en la Sala de Situación de la Casa Blanca, el 26 de febrero.
En la hora y media que duró ese encuentro -detallado por The New York Times- Trump pidió la opinión de los presentes, entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine. “Sabe que creo que es una mala idea, pero si quiere hacerlo, lo apoyaré”, le dijo Vance al presidente.
Arma de doble filo
El sábado, en Islamabad, el vicepresidente liderará el equipo negociador norteamericano y estará acompañado por Kushner y Witkoff, en quienes “el nivel de confianza es nulo”, según afirmó Araghchi la semana pasada. Del otro lado de la mesa se sentarán el propio canciller iraní y el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, un exjefe del comando de policía iraní y con influencia en la Guardia Revolucionaria Islámica.
Aunque se mantiene en carrera para ser el posible candidato republicano en las elecciones de 2028, internamente la figura política de Vance había perdido peso específico en el último tiempo -lo contrario a Rubio, cuyas acciones como “presidenciable” cotizan al alza-.

Ahora, las negociaciones en Islamabad -que se presumen ásperas- representan un arma de doble filo para el vicepresidente, advierten los analistas. Por un lado, la oportunidad de conseguir un resultado diplomático significativo en el escenario global que ayude a mantener unida la base trumpista en medio de un conflicto que ha generado profundas divisiones.
Por otro, como jefe negociador, corre el riesgo de quedar como cara visible a un hipotético fracaso si el diálogo naufragara o no cumpliera con las “pautas claras” que, según Vance, Trump le dio al equipo norteamericano.
JD Vance departs for peace talks with Iran in Pakistan:
— Clash Report (@clashreport) April 10, 2026
We’re looking forward to the negotiation. I think it’s going to be positive.
If the Iranians are willing to negotiate in good faith and extend an open hand, that’s one thing.
If they’re going to try to play us, they’re… pic.twitter.com/gBK06pia8c
“Si los iraníes están dispuestos a negociar de buena fe, estamos dispuestos a extender una mano abierta. Si intentan jugarnos una mala pasada, descubrirán que el equipo negociador no está tan receptivo”, advirtió Vance antes de partir hacia Pakistán. “Estamos deseando negociar. Creo que va a ser positivo”, añadió.
La participación del vicepresidente en las conversaciones las convierten, además, en el contacto presencial de más alto nivel entre Irán y Estados Unidos desde que se rompieron las relaciones entre ambos países, en 1979, cuando se produjo la Revolución Islámica.
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