El motivo por el que las avellanas son un “superalimento” necesario en la dieta diaria
Además de aportar un toque extra a deliciosas preparaciones, poseen un gran valor nutricional que las hace especiales frente a otros frutos secos
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Las avellanas son uno de los frutos secos más utilizados en repostería debido a su característico sabor dulce. Pero, además de aportar un toque extra a deliciosas preparaciones, poseen un gran valor nutricional: son ricas en grasas saludables, vitamina E, fibra y proteínas, lo que las convierte en un superalimento. Pero, ¿qué es lo que las hace tan especiales frente a otros frutos secos?

Consumir avellanas es mucho más que un gusto al paladar. De acuerdo con El Poder del Consumidor, este fruto seco es una bomba de nutrientes: aporta vitamina E, calcio y potasio, además de una cantidad significativa de fibra que ayuda a controlar el apetito. Su alto valor energético y sus grasas saludables la posicionan como una aliada estratégica para proteger el corazón y mantener el equilibrio mineral del cuerpo de forma natural.
Sin embargo, para entender la verdadera magnitud de la avellana, es necesario desglosar cómo estos componentes interactúan con nuestra biología. A diferencia de otros snacks procesados, el perfil lipídico de la avellana está compuesto mayoritariamente por ácido oleico, un tipo de grasa monoinsaturada que también se encuentra en el aceite de oliva. Este componente es fundamental para regular los niveles de colesterol, ya que ayuda a reducir el colesterol LDL (conocido como “malo”) mientras mantiene altos los niveles de HDL (“bueno”), lo que previene la formación de placas en las arterias.
Además de su impacto cardiovascular, la avellana destaca por su altísima concentración de antioxidantes. La vitamina E que contiene actúa como un escudo protector para las células frente al daño oxidativo, lo que no solo beneficia la apariencia de la piel, sino que también protege las neuronas del envejecimiento prematuro. Este aporte se complementa con la presencia de fitoesteroles, compuestos de origen vegetal que bloquean activamente la absorción de grasas perjudiciales en el intestino.

A pesar de su fama en el mundo de los postres y las cremas de cacao, la mejor forma de aprovechar estas propiedades es consumirlas en su estado natural o tostadas sin sal. Al incorporarlas en el desayuno, sobre ensaladas o incluso como un snack rápido entre comidas, no solo se disfruta de su textura crujiente, sino que se garantiza una absorción óptima de sus nutrientes sin los azúcares añadidos de los productos industriales.
Desde un punto de vista técnico y gastronómico, la avellana es también un ingrediente noble. Su capacidad para transformarse en harinas libres de gluten o en mantequillas untuosas la convierte en un recurso indispensable para la cocina saludable. En platos salados, por ejemplo, su uso para espesar salsas o dar textura a guisos permite sustituir harinas refinadas por una fuente de energía mucho más rica y compleja.
Cuál es la porción diaria de avellana que los expertos recomiendan consumir
La recomendación general de nutricionistas y organismos de salud cardiovascular es consumir un puñado diario, lo que equivale aproximadamente a 30 gramos. En términos prácticos, esto representa entre 20 y 25 unidades de avellanas.

Esta cantidad es suficiente para obtener casi el 20% de la vitamina E necesaria por día y una dosis significativa de magnesio y calcio, sin representar un exceso calórico que pueda derivar en un aumento de peso no deseado.
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