Renunció a un trabajo estable y hoy recorre el país sobre dos ruedas junto a su perra: “El tiempo no vuelve más”
Un día, Augusto Galeppi decidió dejar de lado la rutina, acondicionó una bicicleta y eligió comenzar una nueva vida junto a Yara, su compañera de cuatro patas
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Hay relatos que inspiran y dejan huella desde el primer momento, y el de Augusto Galeppi es uno de ellos. Durante años, llevó una vida estable, con un trabajo de oficina y una rutina previsible. Pero, con el tiempo, esa seguridad comenzó a perder sentido. Por eso mismo, un día tomó una decisión que lo cambió todo: renunció a su trabajo, armó una bicicleta y se lanzó a recorrer la Argentina, acompañado por su perra Yara, en busca de un camino distinto.
Desde muy chico, su historia personal estuvo ligada al viaje y al movimiento. Sus padres solían recorrer distintos rincones del país junto a él y sus dos hermanas, y esas experiencias tempranas dejaron una huella profunda en su forma de ver el mundo. Entre rutas de montaña y paisajes que se grabaron en su memoria, Augusto aprendió a mirar con curiosidad y entendió que el camino no era solo un medio para llegar a destino, sino una forma de vivir.
Durante años, trabajó como administrativo en una empresa, cumplía con horarios y responsabilidades que, con el tiempo, dejaron de llenarlo. Esa sensación de vacío lo llevó a buscar nuevas formas de expresión, debido a que se acercó a la danza folclórica y hasta se animó a tomar clases de teatro, donde exploró facetas que lo conectaban más con su lado creativo y humano. Pero, todavía pensaba que había algo más para él.
Fue en plena pandemia cuando esa inquietud interna se volvió más fuerte. Con más tiempo para reflexionar, empezó a cuestionar su estilo de vida y soñó con algo distinto. Inspirado por las historias de otros viajeros que compartían sus experiencias en YouTube, comenzó a imaginar un futuro lejos de la rutina de oficina y más cerca de la aventura que siempre lo había atraído. “El proyecto arrancó de alguna manera porque yo amo viajar. Siempre estuve viajando, con familia, con amigos y demás por Argentina y siempre tuve el anhelo de vivir viajando”, recordó en diálogo con LA NACION.
Con el tiempo, la idea de salir a la ruta comenzó a tomar forma a partir de lo que veía en otras personas. Augusto contó que lo motivó descubrir a youtubers que recorrían el mundo en bicicleta junto a sus perros, algo que, como responsable de Yara, empezó a resonarle de manera especial. “Yo como soy papá de Yara, la negrita, mi compañera, es como que eso fue la llave”, explicó, y reconoció que ver a esa gente viajar con sus animales fue como “una llave” de su cerebro “para desbloquear esa posibilidad”.

A partir de ahí, la idea se volvió imparable: “Che, si me hago un canal de YouTube y muestro y me voy a viajar en bicicleta con una perra… la bicicleta es un vehículo súper económico”, reflexionó, y sumó que el amor por viajar y la conexión con la naturaleza terminaron de empujar una decisión que, una vez que apareció como posible, ya no pudo frenar.
El comienzo de la aventura
Todo comenzó con un objetivo claro: llegar a Ushuaia. Augusto y Yara partieron por la Ruta 3, recorrieron toda la costa atlántica en un viaje marcado por el esfuerzo físico, el frío y la vida a la intemperie. “Arrancamos desde Cañuelas y llegamos hasta Ushuaia”, recordó, y explicó que ese destino funcionó como el primer gran hito del proyecto. Por lo que contó, fueron noches heladas, campamentos improvisados y semanas de pedalear sin pausa, en un camino que puso a prueba tanto el cuerpo como el vínculo con su compañera de cuatro patas.
Ese plan inicial se cumplió tras más de dos meses en la ruta. “Era como el primer objetivo, decir ‘bueno, me voy de Buenos Aires a Ushuaia’… y se logró”, contó, con orgullo. El viaje duró en total 72 días, siempre junto a Yara, y estuvo atravesado por una sensación de libertad que, según él, fue difícil de explicar. “Romper esas cadenas de que nadie te maneje el tiempo”, describió, y reflexionó sobre la vida en la ciudad, los gastos constantes y el tiempo que se invierte para sostener ese ritmo. Para Augusto, la travesía también fue una forma de replantearse prioridades y entender cuánto vale el tiempo propio, ese que “ya no vuelve más”.
Lejos de ser un punto final, Ushuaia se transformó en uno de partida. “No es que era llegar y listo, volver a la ciudad, no: era el comienzo”, aclaró. Desde allí, continuó pedaleando, cruzó Tierra del Fuego y se dirigió hacia la cordillera, incluso recorrió unos 500 kilómetros por la región magallánica de Chile. En ese tramo, destacó especialmente la solidaridad en el camino: “La gente es increíble, se abrió un montón”. Y es que, según comprobó, el espíritu viajero despierta una empatía especial: “Te paran en la ruta, te quieren dar comida, me han ofrecido un techo, abrirte las puertas de la casa”. Así, confirmó que, además de kilómetros, la aventura también estuvo hecha de encuentros y gestos humanos que marcaron el viaje.
Yara, su fiel compañera de ruta
Desde el primer momento, Augusto tuvo claro que Yara sería parte esencial de la travesía. Rescatada de un tacho de basura cuando apenas era una cachorra recién nacida, encontró un hogar con él al mes de vida y, desde entonces, se volvió su compañera inseparable. “La negrita”, como la llama con cariño, creció a su lado y se convirtió en un pilar de su rutina diaria, un vínculo tan fuerte que hizo imposible imaginar la aventura sin su presencia.
A lo largo del viaje, Yara no solo se adaptó a este estilo de vida, sino que también fue una fuente constante de compañía y contención emocional. Augusto destacó que, junto a la gente que conocieron en el camino, su mascota fue lo mejor de la experiencia. “Los perros, con tal de estar con su dueño, hacen lo que sea”, explicó, y remarcó el carácter incondicional de esa compañía, incluso en los momentos más difíciles.
Antes de salir a la ruta, la preparación también tuvo a Yara como protagonista. Durante un año, Augusto no solo reunió la bicicleta, la carpa y lo indispensable para el viaje, sino que se ocupó de entrenarla para que perdiera el miedo al carro adaptado en el que viajaría. El 8 de diciembre del 2025 partieron desde la Ruta 3, en Cañuelas, y Yara sorprendió por su rápida adaptación, ya que se acomodó sin problemas a su nuevo espacio sobre ruedas, lista para acompañarlo en la aventura.
Según contó Augusto, el cambio de vida no solo permitió que Yara se adaptara rápidamente al viaje, sino que también mejoró de manera notable su bienestar. Mientras él trabajaba en la ciudad, la perra pasaba muchas horas sola, una rutina que hoy quedó atrás. Al elegir vivir “de viaje”, lograron pasar todo el tiempo juntos y reforzar un vínculo que se volvió aún más fuerte. “Hizo que ella fuera mucho más feliz”, aseguró, convencido de que esta decisión transformó la vida de ambos.
Su verdadero sueño: una vida viajando
En medio del viaje, Augusto también se permitió cumplir otro de sus deseos personales: volver a compartir tiempo con sus padres. Contó que hicieron una pausa para viajar juntos, algo que siempre tuvo presente porque, según reconoce, su amor por la ruta nació gracias a ellos. “Yo soy viajero por mis viejos”, explicó, y destacó que la libertad de este estilo de vida le permite encontrarse con su familia en cualquier punto del país cuando surge la oportunidad, sin horarios fijos ni planes rígidos.
Más allá de la experiencia personal, insiste en un mensaje que atraviesa toda su historia: animarse a cambiar. Para él, vivir viajando no es solo moverse de un lugar a otro, sino atreverse a buscar una realidad distinta.
La importancia de la adopción
En ese camino, también promueve con fuerza la adopción de animales, una causa que atraviesa su vida. Tras años de sentirse solo, aseguró que Yara fue un antes y un después, ya que le devolvió la alegría, la compañía y una motivación que no encontraba en ningún otro lado.
La adopción, para Augusto, es un acto que transforma dos vidas al mismo tiempo. “Nos salvamos mutuamente”, aseguró, convencido de que compartir el camino con ella le dio sentido a todo. Asimismo, destacó que su proyecto a futuro es continuar con los viajes, generar contenido y mostrar que otra forma de vivir es posible, siempre junto a su compañera de cuatro patas.
Hoy, mientras suma kilómetros y experiencias, no solo cumple su sueño, sino que también comparte cada paso de esta aventura junto a Yara con una comunidad que crece día a día. A través de su perfil de Instagram @abriendomundoss y su canal de YouTube Abriendo Mundos, muestra la intimidad del camino, los desafíos del viaje y el vínculo inquebrantable con su fiel compañera, con la convicción de que animarse a cambiar de vida puede abrir puertas impensadas.
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