Entrenar con amigos: ¿nos potencia o nos distrae?
1 minuto de lectura'

Sin dudas, la amistad nos enriquece, fortalece nuestro espíritu y nos enseña un camino de respeto, compromiso y confianza. Pero, ¿qué pasa a la hora de hacer deporte? ¿Es bueno entrenar con una amiga? ¿Nos potencia formar un grupo de amigos para salir a correr o andar en bici?
"La tendencia hoy en entrenamiento es a sociabilizar, por lo que se considera bueno hacerlo con amigos o generar una amistad con el grupo de personas con las que se hace actividad física", señala Pablo Benadiba, preparador físico.
Entre los beneficios de entrenar con una amiga está el hecho de compartir una actividad diferente, que nos hace bien, con alguien con quien nos sentimos a gusto y congeniamos. Muchas veces se genera un tándem, una relación en la que dos personas se complementan mutuamente, en la que una ayuda y motiva a la otra. "También surge algo competitivo, en el sentido positivo. Por ejemplo, si una está haciendo un circuito de entrenamiento funcional y en una de las paradas hace diez ejercicios de una rutina, la otra se va a esforzar por llegar a eso", agrega.
Entrenar con amigos supone una motivación porque no se vive el entrenamiento como una experiencia personal sino que uno sabe que la otra persona está pasando por lo mismo, se siente acompañado.

"La desventaja aparece cuando vas con una amiga que está muy poco entrenada", aclara Benadiba. Por lo general, si una está en mejor estado físico que la otra, la que está mejor tiende a bajar o a desmotivarse. "Me ha pasado de entrenar a una chica que estaba motivada para correr una carrera y las amigas se enteraron y se quisieron sumar y los entrenamientos se atrasaban un poco porque no todas tenían el mismo nivel. Aunque en estos casos, el profesor tiene que armar un plan para cada una porque, por ejemplo, si en un grupo son más las que están poco entrenadas y el profesor no tiene la astucia para lograr que la persona que está más entrenada siga con la misma intensidad, está tiende a bajar su rendimiento", explica.
"En otra ocasión, entrené a una persona para la maratón de Nueva York durante seis meses y en los últimos días me comentó que iba a venir un amigo y resultó que el amigo corría a otro ritmo. Esta persona creía que la presencia de su amigo iba a ser positiva porque lo iba a motivar pero terminó pinchándolo porque el ritmo de entrada y de salida fue distinto", agrega.
Distracción: el enemigo común
Para Benadiba, existe más predisposición a distraerse si las amigas entrenan solas, por su cuenta, que cuando lo hacen con un entrenador que les marca el ritmo. "Uno tiene una especie de autoboicot cuando entrena solo, siempre trata de ir a menos. Y con una amiga todavía más, es difícil que no se distraigan y tengan una rutina que respeten a rajatabla", señala. También resulta negativo anotarse con una amiga en el gimnasio y que las dos no tengan la misma asistencia; si una falta mucho puede desmotivar a la otra. "También puede pasar que la que va siempre aumente mucho su nivel, que la otra se retrase y a su vez retrase a su compañera. Tiene que haber compromiso. Tienen que ser conscientes de que si se entrena, se entrena". Otro aspecto para prestar atención es la charla constante. "Charlar mucho también distrae porque se pierde la capacidad de concentración en el ejercicio que se está haciendo. Modifica la capacidad respiratoria e incide en el rendimiento. Hace que pierdan el ritmo" enfatiza.
Lograr una buena experiencia al entrenar con una amiga o con un grupo de amigos depende del compromiso que tengan con el entrenamiento. Si deciden hacerlo por su cuenta, sin entrenador, tiene que ser a conciencia para que cada una pueda dar lo mejor de sí misma. "La que puede entrenar fuerte tiene que tratar de no bajar su rendimiento e impulsar a la otra a superarse. Por otra parte, tienen que tener en claro que no van a poder hacer todo las dos. Es fundamental que la que está muy arriba no se tire para abajo ni la que está menos entrenada aspire a hacerlo demasiado intenso porque se puede lesionar. Tienen que encontrar un equilibrio en el que las dos rindan con sus capacidades, y no es necesario que las dos hagan exactamente los mismos ejercicios", recomienda.
1Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
2Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
3Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?
4Efemérides del 21 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?





