¿Por qué nadie me valora?: que hay detrás del “ninguneo” de las personas que nos rodean
Muchas veces las personas nos acostumbramos a lo que tenemos y no nos damos cuenta de su valor hasta que lo perdemos
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Algunas personas se preguntan: “¿Por qué no me valoran en mi casa, en mi trabajo, en mi relación de pareja, o con mis amigos? ¿Qué es lo que sucede?”. Muchas veces la cotidianeidad conduce a la familiaridad. Esta consiste en perder la capacidad de asombro. Esto significa que “doy todo por sentado porque ya tengo a esa persona, o esa relación asegurada”.
Todos perdimos la salud en algún momento de nuestra vida. Cuando esto ocurre, nos damos cuenta de la importancia de estar sanos. Entonces, empezamos a cuidarnos como tal vez no lo hicimos antes porque, mientras teníamos salud, dábamos esta por sentado.
Además de perder la capacidad de asombrarnos, lo cual nos hace familiarizarnos, también solemos perder la capacidad de celebrar y de darle nuestra atención a aquellos que nos rodean. ¿Por qué sucede esto? Porque nos acostumbramos a lo que tenemos. Como resultado, eso que tenemos, ya sea que se trate de una cualidad, una relación o una persona, pasa a ser algo o alguien más “del montón”.

Muchas personas, debido a la familiaridad que se genera en sus vidas, caen en el desprecio. No solamente te ignoran o te “ningunean”, sino que ahora también te desprecian. ¿Hasta cuándo se mantiene dicha actitud? Hasta que tiene lugar la pérdida, la toma de distancia, el ocultamiento, o la salida de la situación que el otro ya no tolera. Es en ese momento en el que muchos exclaman: “¡Ahora valoro a mi pareja… a mi hijo… a mi amigo… mi salud… mi trabajo! ¡Ahora que ya no la/lo tengo!”.
Familiaridad no es lo mismo que intimidad. La intimidad es la necesidad que todos los seres humanos poseemos de conectar con otro a través de la validación y la valoración. Como ya mencionamos, la familiaridad puede incluso, hacernos caer en el desprecio de cosas o personas. Alguien que desprecia no considera importante lo que está cerca de él o de ella.
Por esa razón, a veces necesitamos tomar distancia, ocultarnos un poco y no estar siempre disponibles para los demás. En especial, cuando la familiaridad se ha instalado en ese vínculo. Para cuidar nuestra salud emocional y mental, recordemos esto: intimidad, sí; familiaridad, no.
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