Por qué nos duele tanto el rechazo y cómo evitar de sentirnos despreciados
Nuestra autoestima no depende de la mirada del otro sino más bien de saber quiénes somos y cuánto valemos; a su vez, tener una red afectiva que nos contenga cuando no nos tienen en cuenta también es clave
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A la mayoría de la gente le duele ser rechazada. ¿Por qué causa tanto dolor e incomodidad el rechazo? Comencemos por mencionar que existen dos tipos de rechazo. Por un lado, el directo o abierto que tiene lugar cuando alguien nos dice: “No te quiero”, o, “No valés nada”. Y, por otro, el indirecto cuando, por ejemplo, habiendo que elegir a alguien, optaron por otra persona.
En la prehistoria, cuando un ser humano era rechazado, lo excluían, lo desterraban de la manada y, como consecuencia de ello, moría. Esto era así porque no era capaz de “Cazar al mamut”, es decir, abastecerse; y tampoco podía vivir en soledad sin otras personas, por ende, fallecía. Por esta razón, en algún lugar de nuestro ADN antropológico, cuando nos rechazan, recibimos el siguiente mensaje: “Estás afuera”.

Nos sentimos como si nos hubieran desterrado y como si estuviéramos a punto de morir. En realidad, lo que sucede es que, el área del cerebro que se activa cuando sufrimos rechazo, es la misma que se activa cuando experimentamos dolor físico. Es por ello que sentimos tanto dolor, tanto miedo y tanta ira.
¿Cómo deberíamos reaccionar cuando alguien nos rechaza?
1. No tomarlo de manera personal
A veces, el rechazo de algunas personas lo que significa es que, en realidad, tienen otro deseo. Además, hay personas que rechazan a otras porque reproducen el mismo rechazo que han sufrido ellas en algún momento. Pero no es algo personal ni conmigo ni contigo.
2. El próximo
Me dijeron que no, una vez, dos veces, tres veces, pero no es algo personal; alguien, el próximo, tarde o temprano me va a decir que sí. Este pensamiento nos ayuda a perseverar frente a las negativas de los demás y a no sucumbir jamás.
3. Mi círculo
Es importante contar con un círculo personal para superar cualquier rechazo que pudiéramos sufrir. Es decir, una red afectiva de seres queridos que nos sostengan y nos apoyen cuando nos ignoran o cuando recibimos un “No” por respuesta.
Es importante recordar que nuestra estima personal no depende de la mirada del otro, ya sea que esa persona nos acepte y nos estime, o no; sino más bien proviene de saber quiénes somos y cuánto valemos. Este conocimiento es el mejor escudo contra el rechazo y el desprecio de los demás.
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