Especialistas analizan cómo los factores innatos, su resiliencia e inteligencia emocional hicieron posible tal fenómeno
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Las lágrimas irreprimibles de Lionel Messi tras la victoria del seleccionado argentino frente a Egipto ponen de manifiesto las múltiples facetas de su liderazgo: la inteligencia emocional para gestionar la tensión de un partido de 97 minutos; la empatía para comprender a su entorno; y, sobre todo, la capacidad para empoderar a sus compañeros y delegar en ellos las jugadas que dieron el triunfo al equipo.
Fanáticos, psicólogos, médicos y entrenadores se preguntan si su extraordinaria habilidad futbolística es pura genética o si es el resultado de años de esfuerzo, disciplina y entrenamiento. Pero lo cierto es que Messi no es el resultado de un suceso aislado, sino de una conjunción de factores donde cada pieza fue determinante: de haber faltado una sola, la historia podría haber sido otra.
“Desde el punto de vista psicofísico me animaría a decir que está en uno de los mejores momentos de su carrera”, declara Fernando Signorini, expreparador físico de la selección argentina en México 86, Italia 90, Estados Unidos 94 y Sudáfrica 2010.
Para él, Messi posee aptitudes innatas a los grandes jugadores: domina perfectamente el movimiento de su cuerpo, cuenta con visión periférica, puede detectar momentos claves en partidos y partir desde cualquier posición. “Es eficaz energéticamente para no cansarse por demás”, añade.

Están los atletas y los artistas del fútbol. Para Signorini, el capitán del seleccionado es un artista. Cuenta con un talento innato, pero haber sido tan pequeño de estatura −especialmente durante el periodo de crecimiento− le brindó aún más beneficios, considera.
Se refiere a la inteligencia emocional del ídolo: lo que para otros hubiese sido una debilidad para Messi fue una fortaleza. Así aprovechó su contextura física pequeña para dominar el cuerpo y desarrollar una mayor agilidad para escaparse de sus contrincantes. “Si hubiera tenido un cuerpo más robusto, quizá se hubiera acostumbrado a chocar a otros jugadores y a no esquivarlos”, ejemplifica Signorini.
El peso de los genes
A día de hoy, existen pruebas e investigaciones que sugieren que la genética puede influir en la capacidad deportiva. Estudios citados en Elsevier Science, Sports, Exercise, and Nutritional Genomics, Sports Medicine - Open y Journal of Applied Physiology −publicaciones científicas de prestigio− ratifican que ciertos rasgos físicos, como el tipo de fibra muscular, el tamaño del músculo, el metabolismo muscular, la capacidad de recuperación y la composición corporal, pueden estar influidos por los genes. “Hay personas que nacen con características físicas o metabólicas que facilitan su desempeño en aptitudes físicas. Los genes pueden incluso influir en cómo responde el cuerpo al ejercicio aeróbico y anaeróbico, así como en su capacidad de adaptación a cargas de entrenamiento repetidas”, destaca Eliana Carla Filosa, médica del Servicio de Cardiología y Deporte del Hospital Universitario Austral.
Menciona algunos marcadores que la ciencia ha observado que aparecen con mayor frecuencia en atletas de elite: la proteína alfa-actinina-3 (ACTN3), que es crucial para la fuerza y potencia muscular; el gen ACE, que se asocia a una mayor resistencia aeróbica gracias a su incidencia en la presión arterial y en el volumen sanguíneo, y el gen IL6, que puede acelerar el tiempo de recuperación tras períodos intensos de ejercicio.
¿Messi es el resultado de una lotería genética? “No. La genética predispone, pero no predestina. El éxito deportivo es multifactorial: comprende el entorno, el acceso a entrenadores, la calidad del descanso, la nutrición, la salud mental y la motivación personal que terminan siendo tan importantes como la propia herencia genética”, aclara la especialista.

Messi manifiesta un deseo persistente por participar en la actividad física y una disposición a invertir tiempo y esfuerzo en ella. Ejemplo reciente de esto se refleja en las declaraciones que dio Rodrigo De Paul –compañero en la selección argentina y en el Inter Miami–: “Durante los últimos dos o tres meses con Leo seguimos un plan de entrenamiento diario adicional al que hacemos con el club”. Y continuó: “Nos exigimos al máximo para llegar [al Mundial] en la mejor forma física posible. Hacemos sesiones dobles con nuestro preparador”.
Esta sobreexigencia también tiene una explicación psicológica. Guillem Balagué, periodista español y biógrafo de Messi, rescató el testimonio de Inma Puig, psicóloga deportiva del Barcelona, que aseguró en varias ocasiones que uno de los aspectos que caracterizan a futbolistas como el capitán de la selección, es que siguen jugando como si estuviesen en el barrio. “No se cansa porque hay un deseo de perpetuarse. Pero no lo hace para las grandes masas, lo hace para sí mismo y para la gente que le importa”, resaltó.
Un caso de estudio
Mac Novicoff, escritor e historiador de la Universidad de Dartmouth, Estados Unidos, es uno de los académicos que más ha investigado al argentino. Asegura que las inyecciones autoadministradas que se aplicaba para combatir la deficiencia de la hormona del crecimiento (DHC) desde chico fomentaron su autosuficiencia y pudieron contribuir al desarrollo de su humildad.
Pero los temas de salud no fueron los únicos que lo pusieron a prueba. Durante su adolescencia, ya instalado en Barcelona con su familia como sostén emocional, tuvo que quedarse solo con su padre en España cuando su mamá, Celia, regresó con el resto de sus hermanos a la Argentina.
“Esta distancia probablemente le inculcó independencia y habilidad para lidiar con las discontinuidades”, considera Novicoff.

El camino no fue fácil: desarraigo, una vida alejada de sus hermanos y de su madre en un momento de la vida en el que se termina de forjar la identidad. “Pudo sortear las adversidades gracias a la calidad de sus vínculos tempranos. Cuando un niño ha construido un apego seguro en su infancia, suele desarrollar una confianza básica que le permite explorar nuevos entornos sin perder la sensación de sentirse sostenido”, plantea Sebastián Blasco, autor de los libros Detrás del deportista: la realización personal como victoria y El camino del deportista: un viaje hacia el ser.
En concreto, habla de características psicológicas que suelen identificar a perfiles triunfadores, como un diálogo interno positivo, fortaleza mental y capacidad de sobreponerse a los errores −como ocurrió tras el penal fallido con Egipto y los múltiples disparos que le atrapó el arquero egipcio−.
La psiquis y el entorno
La terapia es otro bastón de su fortaleza emocional. El propio Messi habló de la importancia que empezó a darle a su psiquis en la última década y reconoció que con terapia logró cambios con una tendencia a cargarse los problemas solo. En este camino, volvió a resaltar el sostén emocional de su entorno más cercano. Su esposa, Antonela Roccuzzo, es un pilar indispensable.
Aunque yendo hacia atrás en su historia, hay una figura familiar que sobresale: su abuela Celia Olivera de Cuccittini, quien en sus primeros años de vida se peleaba con los entrenadores del club Abanderado Grandoli para que lo hicieran jugar con los de categorías mayores. Es a ella a quien le dedica históricamente sus victorias cuando levanta los brazos y apunta con los dedos índices al cielo. Falleció cuando Messi tenía 11 años y fue uno de los grandes golpes que afrontó.
“Lo vincular y familiar en Messi funciona como un antídoto, un factor protector para preservarse”, analiza Blasco. “Me animaría a decir que son la base del rendimiento que vemos en él”, remata.
Un liderazgo auténtico
Con su forma de ser, ayuda a derribar un mito extendido en el deporte: que para liderar hay que ser extrovertido y tener una presencia permanente. “Uno de sus grandes legados es su liderazgo auténtico. Un modelo emergente en el mundo del deporte”, reflexiona Blasco quien reconoce que durante mucho tiempo se le pidió que fuera otro líder, que hablara más, que mostrara otro tipo de personalidad. Sin embargo, Messi demostró lo contrario y llegó a la cima sin renunciar a su esencia.
Un ejemplo basado en el rendimiento y en la resiliencia y no en la exposición mediática. Cómo olvidar cuando anunció su alejamiento de la selección tras la derrota en la final de la Copa América de 2016. Luego volvió y, con los años, forjó un liderazgo central para la selección, lejos de los carteles y los flashes. En otras palabras, ganó respeto y autoridad a partir del ejemplo, la humildad y la búsqueda constante de sacar lo mejor de él y de cada uno de sus compañeros.
Por último, cabe destacar como factor relevante de su éxito a la dimensión espiritual. “¿Es Messi creyente?”. Tal vez la respuesta se encuentre en una de sus reflexiones en el American Business Forum, evento que se realizó en noviembre del año pasado, donde reconoció que Dios le regaló un don.
“En el camino hice mucho sacrificio y esfuerzo para fortalecer ese don. (...) Siempre tuve una meta e hice todo lo posible para poder conseguirla, pero Dios me dio lo principal”, aseguró.
La espiritualidad, profundiza Blasco, ofrece en este caso una especie de anclaje, una perspectiva más amplia para recordar que la esencia de uno es mucho más grande que un resultado deportivo.
Sensible, constante, resiliente y ejemplo, Messi no parece humano. Su destreza y personalidad trascienden los resultados de un campeonato de fútbol e inspiran a grandes y chicos de una punta a otra del globo. El talento y la disciplina de campeón, en Messi, son inseparables.

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