Investigación señala que las señales de comida activan áreas de recompensa cerebral aun cuando el cuerpo ya está saciado
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Un estudio realizado por la Universidad de East Anglia en Reino Unido y publicado en la revista Appetite concluye que el cerebro humano continúa reaccionando ante alimentos apetecibles incluso después de haber comido lo suficiente.
La investigación analizó la actividad cerebral de 76 voluntarios para determinar por qué las personas siguen comiendo pese a estar llenas y qué papel desempeñan las respuestas automáticas frente a las señales de comida.
La investigación fue desarrollada por un equipo de la Universidad de East Anglia (UEA) y difundida en la revista científica Appetite. El trabajo se centró en examinar cómo responde el cerebro ante estímulos relacionados con alimentos altamente palatables en un contexto donde la persona ya no experimenta hambre fisiológica.
Respuestas cerebrales ante señales de comida
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores evaluaron a 76 voluntarios mediante electroencefalogramas (EEG) mientras participaban en un juego de aprendizaje basado en recompensas. Durante la prueba se utilizaron alimentos como: 1) dulces, 2) chocolate, 3) papas fritas y 4) pochoclo.

En la mitad de la actividad, los participantes consumieron uno de los alimentos hasta manifestar que no deseaban continuar comiendo. Según los datos recogidos, los voluntarios reportaron una disminución marcada en su deseo por ese alimento y su comportamiento evidenció que habían dejado de valorarlo.
No obstante, los registros eléctricos mostraron que las áreas cerebrales vinculadas con la recompensa mantenían una respuesta similar ante las imágenes del alimento, incluso después de que los participantes estuvieran completamente saciados.
“Lo que vimos es que el cerebro simplemente se niega a restarle importancia a lo gratificante que parece una comida, sin importar lo lleno que estés. Incluso cuando las personas saben que no quieren la comida, incluso cuando su comportamiento muestra que han dejado de valorarla, sus cerebros continúan enviando señales de recompensa en el momento en que aparece la comida”, señala Sambrook.
Hábitos automáticos y control consciente
El equipo plantea que estas reacciones podrían funcionar como hábitos aprendidos tras años de asociar determinados productos con experiencias placenteras. En ese contexto, la exposición constante a anuncios y estímulos alimentarios podría influir en la dificultad para regular la ingesta.
“Estas respuestas cerebrales habituales podrían operar independientemente de nuestras decisiones conscientes. Así, aunque creas que comes porque tienes hambre, tu cerebro podría simplemente estar siguiendo un guion trillado”, afirma Sambrook.
El análisis no halló relación entre la capacidad de tomar decisiones orientadas a objetivos y la persistencia de la respuesta cerebral frente a alimentos previamente devaluados. Esto sugiere que el autocontrol no necesariamente modifica la reacción automática del cerebro ante ciertos estímulos.
“Si se tiene dificultades para picar entre horas o es imposible negarse a los dulces incluso cuando se está lleno, el problema puede no ser la disciplina, sino el cableado interno del cerebro”, incide Sambrook. “No es de extrañar que resistirse a un postre pueda parecer imposible”, finaliza.

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