El caso de Guillermo Oscar Kobelinsky, detenido por error junto a Robledo Puch

El asesino con cara de niño y total falta de remordimiento que se convirtió en mito y Kobelinsky tenían la misma edad: 20 años; también eran muy parecidos físicamente
El asesino con cara de niño y total falta de remordimiento que se convirtió en mito y Kobelinsky tenían la misma edad: 20 años; también eran muy parecidos físicamente Fuente: Archivo
Había ido a andar en moto con el Ángel de la Muerte cuando la policía los atrapó, el 5 de febrero de 1972; pasó 72 horas preso hasta que lo liberaron por falta de mérito
Gustavo Carabajal
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16 de febrero de 2019  

Su parecido físico con Carlos Eduardo Robledo Puch hizo que lo tuvieran tres días preso en una comisaría de Tigre. En esas 72 horas, la angustia y la incertidumbre dominaron a Guillermo Oscar Kobelinsky, un joven dibujante publicitario que había sido detenido el mismo día que el Ángel de la Muerte cuando llegaba a la puerta de su casa, en Villa Adelina, el tórrido 5 de febrero de 1972. La suya es una historia casi desconocida sobre el caso, uno de los más reconocidos e impactantes de la historia del crimen de la Argentina.

Kobelinsky demoró una hora desde que la policía lo apresó hasta que llegó a la seccional de Tigre y pudo conocer el motivo de su aprehensión: lo habían llevado preso porque acompañaba a su vecino, al que conocía desde hacía muchos años.

Aquel muchacho rubio y de ojos claros con el que acostumbraba dar vueltas en moto había sido acusado de una serie de robos y asesinatos.

Por los dichos de la madre de Héctor José Somoza, los policías al mando del comisario Felipe D'Adamo sabían que tenían que buscar a un muchacho desgarbado, flaco y pelirrojo.

Al revisar el cuerpo sin vida de Somoza en la ferretería Masserio, de Carupá, en Tigre, los policías y el juez Víctor Sasson encontraron una cédula de identidad. Tanto el rostro como los dedos del asaltante habían sido quemados.

Ante la imposibilidad de descartar el cuerpo de Somoza, Robledo Puch no tuvo reparos en usar la llama de un soplete en busca de evitar que su cómplice fuera identificado.

Pero el Ángel de la Muerte no advirtió que en el bolsillo trasero del jean de Somoza había quedado el documento identificatorio del ladrón que había reemplazado al anterior compañero de fechorías de Robledo Puch, Jorge Ibáñez.

El asesino con cara de niño y total falta de remordimiento que se convirtió en mito y Kobelinsky tenían la misma edad: 20 años; también eran muy parecidos físicamente
El asesino con cara de niño y total falta de remordimiento que se convirtió en mito y Kobelinsky tenían la misma edad: 20 años; también eran muy parecidos físicamente Fuente: Archivo

El asesino con cara de niño y total falta de remordimiento que se convirtió en mito y Kobelinsky tenían la misma edad: 20 años. También eran muy parecidos físicamente. Ambos, de cutis blanco, pecas y prácticamente la misma altura.

Debido a que los rasgos fisonómicos de ambos vecinos coincidían con la descripción que había sido aportada por la madre de Somoza, la policía bonaerense se llevó detenidos a los dos jóvenes.

En febrero de 1972, Kobelinsky vivía con sus padres y sus tres hermanos en Ucrania al 2300, Villa Adelina. Aquella vez que, al menos por 72 horas, pareció que su suerte quedaría atada a la del Ángel de la Muerte, dijo que conocía a Robledo Puch porque al lado de su casa vivía la abuela del asesino. En su declaración indagatoria describió su relación con Robledo Puch como "una amistad reducida".

Ante el comisario D'Adamo, según consta en los registros, Kobelinsky recordó lo que había hecho el día que los detuvieron: "Habían ido a andar en moto con Robledo Puch. Una cuadra y media antes de llegar a su casa los interceptaron tres policías. Uno de los uniformados preguntó por Carlos Eduardo Robledo Puch y se los llevaron presos a los dos", contaron calificadas fuentes judiciales que tuvieron acceso a aquella histórica acta procesal.

En la declaración como imputado, de solo dos páginas, Kobelinsky afirmó que no sabía nada de los robos que le adjudicaban a su amigo Robledo Puch y tampoco de los asesinatos, porque no leía los diarios.

El vecino del Ángel de la Muerte sostuvo que nunca había recibido "dinero o efectos que pudieran corresponder a hechos de robos o similares". Aclaró: "Salimos a dar vueltas en moto por el barrio. Pero Robledo Puch nunca comentó sobre a qué se dedicaba y menos sobre los coches y motos que utilizaban. Jamás vi a Robledo Puch con un arma. Tampoco sabía que la policía lo anduviera buscando".

Horas antes de declarar ante el comisario D'Adamo, Robledo Puch había sido llevado al Juzgado Penal de San Isidro. Allí, ante el juez Sasson y su joven secretario, Lisardo Moure, el Ángel de la Muerte describió al menos seis de los once asesinatos que se le pudieron probar.

Después de pasar tres días detenido, Kobelinsky, al fin, recuperó la libertad. Su nombre quedó registrado en el acta de los tribunales de San Isidro en la que se consignaba el movimiento de los expedientes. El 8 de febrero, el juez Sasson firmó la libertad de Kobelinsky por falta de mérito.

En los últimos meses LA NACIÓN lo buscó en las direcciones a las que lo vinculan los registros oficiales. Kobelinsky no está o no se deja ver.

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