Estuvo presa 11 años por un crimen que no cometió, la liberaron en diciembre y la encontraron muerta en su casa

Cristina Vázquez, en enero pasado
Cristina Vázquez, en enero pasado Crédito: Martín Boerr
Martín Boerr
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27 de agosto de 2020  • 15:05

POSADAS. Cristina Vázquez, la misionera que pasó 11 de sus 38 años presa, acusada de un crimen que no había cometido y liberada a finales de diciembre pasado por orden de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, fue encontrada muerta esta tarde en su casa de Posadas.

La mujer tomó la determinación de quitarse la vida en el monoambiente en el que vivía desde que salió de prisión. En consonancia con las buenas prácticas recomendadas por la Organización Panamericana de la Salud y el Ministerio de Salud argentino, entre otros, no se detalla el método de producción del deceso en este caso.

La hermana de Vázquez, María Alejandra, la llamó durante dos días sin obtener respuestas siquiera a los mensajes de WhatsApp. Ella alertó hoy a la policía, que ingresó a la casa del barrio de El Palomar (cercano al centro de la ciudad), donde encontró el cuerpo de la mujer.

En la capital provincial, apenas se conoció la noticia, empezaron a circular por las redes sociales mensajes de indignación contra el sistema judicial, cuyas fallas le quitaron la mitad de su juventud a Vázquez, para luego restituirle la libertad sin reparar de ninguna forma el tremendo daño que le causaron a su vida.

Cristina Vázquez había sido condenada a prisión perpetua por un homicidio que no cometió
Cristina Vázquez había sido condenada a prisión perpetua por un homicidio que no cometió Crédito: El Territorio (Posadas)

Vázquez fue acusada y comenzó su calvario cuando tenía 19 años, tras dos detenciones seguidas de liberación. Se la consideró partícipe del asesinato de Ersélide Dávalos, una jubilada del Poder Judicial de 79 años muerta a martillazos en su casa, el 27 de julio de 2001. Fue apresada definitivamente en 2008 para salir recién 11 años después cuando la Corte Suprema revisó la sentencia.

Allegados a Vázquez comentaron a LA NACION que se encontraba "muy deprimida", algo que se agravó durante la cuarentena, ya que se paralizaron la vida y los proyectos de esta mujer que perdió 11 años encerrada por un crimen que no cometió.

"Cristina estaba sumamente afectada por la pandemia y la cuarentena, y a esto se suma que nunca recibió atención adecuada, ni psicológica ni asistencia económica, tenía conflictos con las adicciones... Realmente le arruinaron la vida y después la dejaron sola", explicó Pamela Cáceres, amiga de Vázquez y conductora de radio.

Otras voces como la de Cáceres se alzaron en las redes sociales ante la indignación y el estupor que provocó la muerte de Vázquez, considerada una víctima del mal funcionamiento del sistema judicial.

La muerte fue lamentada también por el sacerdote Alberto Barros, titular de Cáritas en Posadas, que había invitado a Vázquez a sumarse a una de sus iniciativas sociales.

"No te resultó nada fácil recomenzar tu vida y remontarla desde muy abajo. Nos enseñaste mucho, y ahora que estás con Dios, no dudo que nos ayudarás y enseñarás como nunca", escribió esta tarde Barros, en una emotiva carta en la que destacó los valores y la vocación de Cristina para ayudar a los que más sufrían.

El sacerdote también estuvo presente hoy cerca de las 15, cuando la policía abrió por la fuerza el domicilio de Vázquez y se encontró con el dramático cuadro.

Cristina Vázquez había sido absuelta por un fallo de la Corte Suprema en diciembre del año pasado
Cristina Vázquez había sido absuelta por un fallo de la Corte Suprema en diciembre del año pasado

Vázquez había sido liberada el 27 de diciembre de 2019, tras haber sido absuelta por el máximo tribunal en el caso del homicidio de la jubilada Ersélide Dávalos, de 79 años, crimen por el cual había sido condenada a prisión perpetua en 2010, a pesar de la ausencia de pruebas indubitables que la incriminaran. Una situación similar vivió Cecilia Rojas, también condenada por ese homicidio y luego absuelta por decisión de la Corte Suprema.

"No guardo rencor, pero la Justicia tiene que reconocer sus errores", había comentado Vázquez a LA NACION en enero pasado, a pocos días de haber salido de prisión.

La manera en que la detuvieron la última vez en 2008, mientras trabajaba de camarera en un restaurante frente al cementerio de la Recoleta, fue digna de un guion cinematográfico. Como si se tratara de un capo mafia fuertemente custodiado, dos docenas de efectivos de fuerzas federales rodearon el restaurante e irrumpieron cuando Cristina estaba cenando antes de comenzar el turno noche. Había efectivos de la ex SIDE, la Policía Federal, Interpol y la Policía de Misiones.

"Un lunes entré a trabajar en el turno noche; como estaba vacío aproveché para cenar antes de arrancar y dos hombres de civil se acercaron, me mostraron un papel y me esposaron. No volví a disfrutar de la libertad hasta el jueves de la semana pasada", había expresado en diciembre pasado a LA NACION.

A partir de ese momento, Vázquez quedó en manos del sistema judicial. Once años estuvo en prisión. La Corte Suprema encontró errores en los juicios y anuló la sentencia. Quedó en libertad en diciembre pasado, pero su vida ya no era la misma.

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