Una violencia que impacta en la infancia y en la sociedad

Fabiana Tuñez
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4 de enero de 2013  

El objetivo del varón violento es controlar, dominar, aislar, poseer. La persona violenta no registra a las personas como tales: considera que son un objeto dentro de su dominio, razón por la cual los hijos son un medio para seguir con su fin, que es no perder el objeto, que en este caso es la mujer.

La violencia que se produce dentro de un círculo familiar y afectivo no sólo es una violación de los derechos humanos, sino que conlleva consecuencias físicas, psíquicas y sociales en la infancia.

Los niños y las niñas necesitan un espacio de cuidado, amor y protección, pero en los casos en que existe violencia, éstos se reemplazan por descuido, desamor y desprotección producidos por el agresor.

Los hijos y las hijas son las víctimas colaterales y directas por ser vulnerables, y son las que no se ven en la violencia de género. Son las víctimas silenciosas que no encuentran más opciones que el silencio y el secreto que sostendrá de esta forma el aislamiento que propone el agresor para seguir consumando su fin: el dominio.

En la infancia existe un impacto directo psicoemocional que se manifiesta de diferentes formas, como la dificultad en el control de expresiones de agresión, sentimiento de indefensión e impotencia y miedo; en lo social se dificultan la comunicación y el establecimiento de vínculos estrechos, y se presentan dificultades en la atención y concentración.

Las vidas de las personas menores de edad sufren el impacto: se modifican su escolaridad, sus relaciones de amistad y de familia. En algunos casos deben abandonar su hogar, pierden amistades y renuncian a sus pertenencias y espacios.

El Estado (el Poder Ejecutivo y sus diversos organismos, y la Justicia) debe garantizar a los menores los medios necesarios para continuar con sus estudios, asegurarles acceso a atención médica y psicológica y cubrir sus necesidades básicas.

Algunos casos que han cobrado estado público recientemente demuestran que la falta de capacitación y conocimiento de los marcos normativos en el abordaje de la temática de violencia produce más daño y más injusticia; los menores no son escuchados y a la madre víctima de la violencia (cuando no ha sido asesinada) se la revictimiza.

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