Aníbal Moreno, el motor del Sub 20 que no debutó en primera y está en el radar de la selección

Aníbal Moreno, entre los mejores del seleccionado Sub 20 en Chile
Aníbal Moreno, entre los mejores del seleccionado Sub 20 en Chile Fuente: AFP
Alberto Cantore
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6 de febrero de 2019  • 23:55

RANCAGUA, Chile.– El juvenil de trabajo silencioso. El rendimiento de Aníbal Moreno se destaca por movimientos que no son tomados por las cámaras y difícilmente encuentre la misma valoración si su juego se analiza por televisión. El volante desarrolla una tarea de perfil bajo, donde el lucimiento personal queda en un segundo plano. Es la rueda de auxilio de la Argentina, un comodín que tiene el director técnico Fernando Batista. Se adapta a todos los sistemas tácticos, aunque el espacio que mejor le sienta lo encontró a la par de Sebastián Sosa. Juntos le dan forma al doble cinco, un módulo que le dio réditos en el juego y también en las estadísticas a la selección: los partidos con Uruguay, Colombia y Venezuela integran el podio de las mejores actuaciones de los juveniles en el campeonato Sudamericano Sub 20.

No solo porque el resultado le sonrió a la Argentina, sino especialmente porque el conjunto fue superior a los tres rivales. Hoy, desde las 17.30, en el estadio el Teniente, la Celeste volverá a cruzarse en el calendario y el clásico rioplatense esconderá un particular premio: una victoria clasificará al ganador para el Mundial de Polonia y también a los Juegos Panamericanos de Lima; camino al título, el que sume las tres unidades se posicionará puntero, a falta de una jornada.

El doble cinco de la Argentina tiene un contraste de recorrido. Moreno todavía no debutó en Newell’s, mientras que Sosa ya se consagró campeón de la Copa Libertadores y participó del Mundial de Clubes con la camiseta de River. "Con Santi nos entendemos bien. Hay que sacrificarse para recuperar y jugar cuando tenemos la pelota. En las inferiores empecé en esa posición. Después, con Gastón Liendo [DT de las inferiores rojinegras], cambiamos el sistema y jugué como volante interno, más adelantado. Me siento cómodo en las dos funciones, el volante interno tiene la facilidad de aparecer por diferentes sectores de la cancha, pero no se puede perder el orden. El doble cinco es más posicional, aunque tengo libertad para desprenderme y atacar", rescata quien en la goleada sobre Venezuela asistió a Gaich para que el delantero sellara un hattrick.

Aníbal Moreno, en acción en el último encuentro contra Venezuela
Aníbal Moreno, en acción en el último encuentro contra Venezuela Fuente: AFP

"Humildad, cariño y orgulloso de ser de abajo", conceptos que repite durante varios pasajes de la charla, mientras comenta cómo y dónde fueron sus inicios con la pelota. "Jugaba en Barrio Nuevo, donde me crié y de donde me sacó el técnico Raúl Herrera para llevarme a la escuelita de fútbol Villa Dolores. Siempre la visito cuando vuelvo a Catamarca. Después, a los 12 años me incorporé a la academia Duchini, en Villa Constitución, y a la temporada siguiente me probé en Newell’s y quedé", dice el hijo de Claudia, el quinto de seis hermanos. Un cambio abrupto de geografía, pero particularmente de modo de vida: "Estar en Duchini fue muy importante en mi corta carrera. La adaptación a la pensión, aprender a convivir con compañeros. Fue un crecimiento muy grande desde lo personal. Es una institución a la que siempre le voy a estar agradecido".

Sin rodaje en la primera de Newell’s, tiene contrato hasta 2021. Pero en la selección es un rostro conocido para los utileros, para el cuerpo médico… La experiencia como sparring en el Mundial de Rusia y ser parte del plantel que ganó el campeonato de L’Alcudia demuestran que Moreno está desde hace un tiempo en el radar.

Una pubialgia lo tuvo a maltraer y hasta abrió interrogantes sobre su futuro cuando se hizo la lista de los asistentes para la Copa del Mundo. "Desde el cuerpo técnico me llamaban siempre para saber cómo evolucionaba. Sufrí mucho, por eso lloré cuando me mandaron la carta de citación. Nunca me voy a olvidar de ese momento, volvíamos de ver un partido con Defensa y Justicia y me llamó un dirigente para darme la noticia. Fue un desahogo, es una lesión que te juega mucho en la cabeza. Todo lo que vino después con la selección es increíble: entrenar y tener que marcar a Messi, compartir la práctica con Ever Banega –que es uno de mis referentes en el puesto, aunque el que más me gustaba era Iniesta en Barcelona–, jugar el torneo en España y salir campeones con muchos de los chicos que están acá… Ahora nos falta conseguir el objetivo de clasificarnos para el Mundial de Polonia. Estamos fuertes y convencidos como equipo, fuimos creciendo en la competencia y ojalá que nos quede resto para pelear por el título", explica. Es el repaso de sus días de selección, una relación que estuvo a punto de quebrarse y que desde hace meses es parte de su vida.

Lesiones, sanciones y remiendos en la zaga

Rearmar la defensa para jugar con Uruguay es la tarea que le quita el sueño al cuerpo técnico de la selección. La segunda tarjeta amarilla que recibió Nehuén Pérez –se presentó un descargo ante la Conmebol con la intención de probar que el foul a Jan Hurtado lo cometió Facundo Medina– y la lesión en la cara posterior del muslo izquierdo que sufrió Francisco Ortega provocan que la última línea debe ser remendada para el clásico con Uruguay. De no prosperar el reclamo para habilitar al capitán, Fausto Vera –Sebastián Beccacece lo utilizó en esa función– o Santiago Sosa se perfilan para desempeñarse como zagueros centrales. Sin Leonardo Balerdi, desafectado por la lesión en el labio y la encía, el plantel se quedó sin un reemplazante natural. Para sustituir a Ortega asoma Elías Pereyra, el lateral de San Lorenzo que debutó en la victoria 1-0 sobre Perú.

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