Boca, sin eficacia en la Bombonera: remata más que casi todos, pero necesita 13 intentos para hacer un gol
La baja contundencia ya le costó la eliminación en el Apertura y hoy condiciona su futuro en la Libertadores, con una “final” ante Católica
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Pep Guardiola fue, para muchos, el último gran revolucionario del fútbol. Su idea de juego, los movimientos mecanizados, la salida elaborada desde el fondo y la reinvención constante de posiciones lo convirtieron en uno de los entrenadores más influyentes del siglo, al punto de que gran parte de los conceptos que hoy atraviesan al fútbol mundial, incluido el argentino, nacen de su idea. Sin embargo, cuando al español le preguntan qué es lo más difícil de este deporte, no duda: “Meter la pelota en el arco”.
En esa batalla se encuentra hoy Boca, un equipo que en el último tiempo mostró una llamativa falta de efectividad ofensiva que lo dejó fuera de la pelea por el Apertura, tras la derrota 3-2 frente a Huracán en la Bombonera, y muy comprometido en la Copa Libertadores, donde podría afrontar la última fecha de la etapa de grupos obligado a vencer a Universidad Católica como local para clasificarse a los octavos de final, luego del 1-1 ante Cruzeiro. Fueron dos partidos muy parecidos: Boca arrancó generando muchas situaciones, no aprovechó ese dominio y terminó sufriendo sobre el cierre. El jueves 28 recibirá a Católica con la necesidad de conseguir un resultado favorable para seguir con posibilidades, justo en un momento en el que dejó de hacerse fuerte en su estadio.

El enojo de los hinchas apuntó principalmente a los fallos del árbitro venezolano Jesús Valenzuela y de su compatriota Ángel Arteaga, encargado del VAR, por tres decisiones que incidieron directamente en el resultado: la mano previa al gol convalidado de Cruzeiro, el tanto anulado a Boca sobre el final y un posible penal en la última jugada de la noche. Pero allá de las polémicas, en lo futbolístico sigue preocupando la falta de gol. Un problema que acompaña al equipo desde hace tiempo, especialmente en la Bombonera, donde Boca ganó apenas dos de sus últimos nueve partidos, pese a que en diez de esos 11 encuentros generó más llegadas que su rival y, en varios casos, mereció mejor suerte.
Las estadísticas, en ese sentido, son contundentes. En este 2026, Boca necesita 13 remates para convertir un gol y 4,3 disparos al arco, registros que quedan por encima de los otros protagonistas del fútbol argentino y las copas internacionales. Frente a Huracán, por ejemplo, necesitó 36 intentos totales y 11 al arco para marcar dos goles; y contra Cruzeiro, 28 llegadas y diez tiros al arco para apenas convertir uno. En porcentaje, Boca transforma como local apenas el 7,6% de sus ataques totales y el 22,9% de los tiros al arco.

Esa falta de contundencia, sumada a los problemas de generación y a los desajustes defensivos que aparecieron en distintos tramos de la temporada, llevaron a que Boca, como local, acumule más empates (seis) que victorias (cuatro), con una sola derrota. Un 54% de efectividad en puntos.
Los números cambian incluso cuando Boca juega fuera de casa. En esa condición, pese a sumar un porcentaje menor de puntos (51,5%), necesita muchos menos intentos para convertir: seis remates y 2,7 tiros al arco por gol.
En la intimidad del cuerpo técnico entienden que el problema no pasa únicamente por las fallas individuales frente al arco. También apuntan al contexto en el que Boca juega como local: rivales que se repliegan cerca de su área y un clima de ansiedad cada vez más marcado en la Bombonera que, con el correr de los minutos, suele transformar la urgencia en nerviosismo. En ese escenario, al equipo muchas veces le cuesta encontrar claridad para resolver las jugadas con tranquilidad.
Todas las chances de Boca vs. Cruzeiro
La comparación con otros equipos vuelve a dejar en evidencia la dificultad de Boca para resolver situaciones favorables. River, por ejemplo, entre el Apertura y la Copa Sudamericana en el Monumental, necesita 12 remates para convertir y 3,8 al arco. Estudiantes requiere todavía menos: 11,7 disparos, aunque 4,2 de ellos entre los tres palos. Independiente Rivadavia, en Mendoza, apenas 7,1 remates y 2,5 al arco, prácticamente la mitad de los números de Boca.
“El equipo genera mucho, por todos lados, y no podemos encontrar ese gol que necesitamos”, reconoció Miguel Merentiel, que frente a Cruzeiro cortó una racha de cinco partidos sin convertir, aunque lleva apenas dos tantos en sus últimos 12 encuentros.

Como si todo eso fuera poco, Milton Giménez llegó con lo justo al partido por una molestia en el tobillo izquierdo y no tuvo su mejor noche, mientras que Adam Bareiro y Edinson Cavani buscan ponerse a punto antes del duelo decisivo con Católica. El paraguayo arrastra un desgarro en el aductor y en el recto anterior del abdomen izquierdo que lo dejó afuera del cruce con Cruzeiro: en principio, los plazos de recuperación rondan las tres semanas, aunque Bareiro, que además pelea por un lugar en la lista para el Mundial, hará todo lo posible por estar disponible. El uruguayo, en tanto, no juega desde febrero por distintas molestias derivadas de una hernia de disco. Desde la semana pasada volvió a entrenarse a la par del grupo, pero Claudio Ubeda decidió no incluirlo frente a Cruzeiro por la falta de ritmo futbolístico.
De todos modos, con Giménez en bajo nivel y ante la posibilidad de tener que ganar sí o sí para seguir en la Copa, existe la chance de que el técnico abandone el doble nueve y arme un ataque con tres delanteros, con la inclusión de jugadores como Exequiel Zeballos o Alan Velasco, en busca de mayor profundidad ofensiva, especialmente si Bareiro no logra recuperarse para el compromiso ante Católica.
Un problema que Boca arrastra desde hace meses y que deberá resolver rápido antes de que la Copa también se le escape de las manos.
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