Jamaica bajo cero: el inolvidable equipo olímpico de bobsleigh que inspiró una película de Disney y vale la pena recordar
En el corazón de los Juegos Olímpicos de Invierno resuena la épica hazaña de un grupo de jamaiquinos que, contra todo pronóstico, desafió el hielo y la historia para inspirar uno de los filmes más queridos del cine; de qué se trata este deporte
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Los Juegos Olímpicos de Invierno traen consigo historias de superación y momentos inolvidables, y entre ellas, ninguna resuena con tanta fuerza como la del equipo jamaiquino de bobsleigh de 1988, inmortalizada en la aclamada película Jamaica bajo cero (Cool Runnings). Con este deporte como una de las atracciones destacadas del programa olímpico, la proeza de estos pioneros caribeños cobra nueva relevancia e invita a recordar cómo un sueño improbable se convirtió en una leyenda deportiva y cinematográfica que trasciende generaciones.
Fue en los Juegos de Calgary, Canadá, donde este grupo de atletas, provenientes de una isla tropical sin tradición en deportes de nieve, cautivó al mundo. La película Jamaica bajo cero, lanzada en 1993 por Disney y disponible en la plataforma Disney+, replicó la esencia de aquel evento histórico con ciertas licencias dramáticas, lo que rompió taquillas y dejó una huella imborrable en la cultura popular. Jamaica fue, sorprendentemente, uno de los pocos países sin experiencia invernal en participar ese año en bobsleigh, junto a México y Nueva Zelanda, lo que marcó un antes y un después en la percepción del deporte.

La audaz iniciativa surgió de la visión de dos figuras influyentes en Jamaica: George Fitch, agregado comercial de la embajada de Estados Unidos en Kingston, y su amigo, el coronel Ken Barnes. Su objetivo era ambicioso: demostrar que atletas de alto rendimiento podían adaptarse a cualquier disciplina, sin importar el entorno. La utópica idea comenzó a tomar forma un año antes de la competencia olímpica y la búsqueda de deportistas no fue sencilla. Ningún atleta local quería arriesgar su físico a poco tiempo de los Juegos de Verano en Seúl, Corea del Sur. La intervención del coronel Barnes fue fundamental para superar este obstáculo, ya que abrió las puertas del Ejército local. De sus filas emergieron los protagonistas de esta aventura: Mike White, Devon Harris y Dudley Stokes, cada uno con una habilidad específica.
Mientras White y Harris aportaban velocidad en el empuje inicial, Stokes, piloto de helicóptero, asumiría el rol crucial de comandar el trineo, que puede alcanzar velocidades de hasta 150 kilómetros por hora en los estrechos pasadizos de hielo. Más tarde se uniría su hermano Chris Stokes para la categoría de cuatro hombres.
Para entrenar a este equipo tan particular, se contrató al bobsledder retirado estadounidense Howard Siler, medallista de bronce en el Campeonato Mundial de 1969. Su esposa relató a LA Times en 2014 que él aceptó el desafío porque los jamaiquinos eran “divertidos y de trato fácil, pero hablaban en serio”, y se comprometieron “con más corazón y alma que cualquier atleta que él haya entrenado”. La historia de estos novatos conmovió a muchos, algo que incluso provocó que el príncipe Alberto de Mónaco intercediera ante el Comité Olímpico Internacional para evitar que fueran inhabilitados.

Las dificultades financieras fueron constantes, por lo que George Fitch costeó gran parte de la aventura de su propio bolsillo. Inicialmente, la idea era competir en la categoría de dos integrantes, donde sorprendieron al mundo al quedar por encima de diez países y ganándose el cariño del público gracias a ello. Esto los impulsó a querer participar en la categoría de cuatro, donde Fitch enfrentó nuevos problemas: la falta de entrenamiento en ese formato, la escasez de fondos para un nuevo trineo apto y la ausencia de un cuarto integrante. La venta de camisetas diseñadas por su esposa permitió recaudar los U$S 24.000 necesarios para comprarle un trineo al equipo canadiense.
El equipo de cuatro, con Chris Stokes sumándose a última hora, tuvo solo cuatro prácticas antes de la competencia. En la pista, con 40.000 personas al grito unificado de “Go Jamaica”, el equipo se convirtió en la estrella del evento. Sin embargo, en el tercer intento, el trineo chocó violentamente contra la pared al salir de la octava curva y volcó. Esta escena mostró a los cuatro atletas levantarse y avanzar a pie hasta la meta, con la multitud ovacionándolos. A pesar de la descalificación, su espíritu inquebrantable resonó con fuerza.

Poco después del accidente, ejecutivos de Hollywood se interesaron en la historia y compraron los derechos para lo que fue Jamaica bajo cero. Devon Harris reconoció que ama la película porque inmortalizó al equipo y su gesta. La película, que combinó comedia y biografía, recaudó casi U$S 70 millones, y Jamaica continuó con la competencia en bobsleigh en diversas olimpiadas de invierno (1992, 1994, 1998, 2002 y 2014), aunque nunca con la misma repercusión y mística que alcanzó en Calgary 1988.
Qué es el bobsleigh
El bobsleigh es un deporte que exige “nervios de acero” y precisión milimétrica, al punto de ser descrito por el portal Olympics como la “Fórmula 1 del hielo” por su combinación de peligro y velocidad. Inventado por atletas suizos a finales del siglo XIX, implica recorrer una pista estrecha y sinuosa, tallada en el hielo, sobre trineos de alta tecnología. Estos vehículos, de dos o cuatro asientos, alcanzan velocidades superiores a los 140 km/h y someten a los atletas a fuerzas de hasta cinco veces su peso corporal en las curvas, lo que provoca que cada descenso sea una prueba extrema de habilidad y resistencia.
El piloto es la figura central del equipo, responsable de la estrategia y seguridad de todos a bordo, ya que a diferencia de los demás miembros, él recibe un entrenamiento especializado y debe poseer una licencia y experiencia previa. El control del trineo, sorprendentemente, se realiza con “un par de cuerdas y dos aros” conectados a la parte delantera móvil del vehículo: tirar de la cuerda izquierda gira a la izquierda, y de la derecha, a la derecha. Antes de cada descenso, el piloto realiza un “paseo por la pista” para memorizar cada curva e identificar la trayectoria óptima, ya que un solo centímetro puede ser la diferencia entre una victoria y un desastre.

La sincronización del equipo es vital para la performance: excepto el piloto, los atletas deben agachar la cabeza para reducir la resistencia del viento y maximizar la aerodinámica. Deben anticipar las curvas, con movimientos de su cuerpo en conjunto para distribuir el peso de manera óptima y facilitar el trabajo del piloto. Esta combinación de técnica, valentía y trabajo en equipo es lo que hace que el bobsleigh, y la historia de los jamaiquinos que desafiaron el invierno canadiense, sea tan fascinante y perdure en la memoria colectiva, especialmente con cada nueva edición de los Juegos Olímpicos de Invierno.
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