Carlos III cierra su gira a EE.UU. con un regalo inesperado de Trump y señales de distensión bilateral
El monarca británico se despidió en la Casa Blanca tras una gira marcada por guiños diplomáticos, homenajes y el intento de recomponer la “relación especial”
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WASHINGTON.– El rey Carlos III y la reina Camilla concluyeron este jueves su visita de Estado de cuatro días a Estados Unidos con una breve escala en la Casa Blanca, donde se despidieron del presidente Donald Trump, en el cierre de una gira cargada de gestos simbólicos y diplomáticos destinada a recomponer los vínculos entre ambos países.
El encuentro, de apenas unos minutos, se produjo en el Pórtico Sur de la residencia presidencial, donde Trump recibió a la pareja real junto a la primera dama, Melania Trump. Tras un breve intercambio y fotografías oficiales, los monarcas partieron hacia Virginia para continuar con las actividades previstas en su último día en territorio estadounidense.
La despedida formal entre Trump y los monarcas puso fin a una maratón diplomática de cuatro días de Carlos y Camilla destinada a aliviar las tensiones transatlánticas por la guerra en Irán. “Es un gran rey, el más grande de los reyes, en mi opinión”, dijo Trump a los periodistas.
Luego del saludo final, el presidente anunció que eliminará los aranceles sobre el whisky escocés “en honor” al rey Carlos III y a la reina Camila. “¡El rey y la reina han conseguido que haga algo que nadie más había logrado, sin apenas pedírmelo!”, escribió el mandatario en su red social Truth Social, subrayando el gesto como una concesión excepcional en el marco del acercamiento bilateral.

La visita tuvo como marco formal la conmemoración del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos del dominio británico, un contexto que el propio Carlos aprovechó para introducir ironía en sus discursos, recordando el papel de Gran Bretaña como “bando perdedor” en la Guerra de Independencia. Sin embargo, el trasfondo del viaje fue eminentemente político: reforzar lo que el monarca definió como un “vínculo inquebrantable” y una “alianza indispensable” entre ambos países, en un momento de tensiones por diferencias estratégicas recientes.
Las fricciones se habían intensificado a raíz de la negativa del gobierno británico, encabezado por el primer ministro Keir Starmer, a sumarse a la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán. En ese contexto, la intervención del rey —con un rol institucionalmente moderado— buscó tender puentes y suavizar el clima político.
El gesto pareció surtir efecto. Tras la cena de Estado celebrada el martes en la Casa Blanca, Trump elogió públicamente al monarca, a quien calificó como “un gran amigo” y “el mejor rey”, y sugirió que su aprecio personal podría influir positivamente en la relación con el gobierno británico. “Cuando te gusta tanto el rey de un país, probablemente eso ayuda a tu relación con el primer ministro”, afirmó. “Creo que si él hubiera estado en esa situación, si hubiera dependido de él, probablemente nos habría ayudado con Irán”, agregó.
Durante la despedida del jueves, el mandatario volvió a destacar la figura de Carlos III y, mientras observaba partir la comitiva real, agregó: “Grandes personas. Necesitamos más gente así en nuestro país”. Las declaraciones reflejaron una inusual sintonía personal entre ambos líderes, en contraste con las tensiones políticas más amplias.
A lo largo de su estadía, el rey desplegó una agenda que combinó actos protocolares con actividades de cercanía. Desde encuentros con legisladores en el Congreso hasta visitas a iniciativas comunitarias en Nueva York, como una granja urbana en Harlem, Carlos logró proyectar una imagen distendida que generó buena recepción en distintos ámbitos.
Uno de los momentos más destacados fue la cena de Estado, donde el monarca sorprendió a Trump con un obsequio singular: la campana original de un submarino de la Royal Navy botado en 1944 y bautizado como HMS Trump, un gesto que provocó sonrisas y reforzó el tono cordial del encuentro.

En paralelo, la pareja real rindió homenaje a momentos clave de la historia estadounidense. El miércoles depositaron flores en el memorial del 11 de septiembre en Nueva York, en recuerdo de las víctimas de los atentados de 2001. Este jueves, en tanto, Carlos colocó una corona en el Cementerio Nacional de Arlington, uno de los sitios más emblemáticos del país, donde descansan miles de soldados caídos en combate.
La agenda incluyó además actividades culturales y sociales, como la participación en un encuentro comunitario en Virginia, donde la embajada británica destacó la tradición estadounidense del “potluck”, una comida compartida en la que cada asistente aporta un plato.
La gira concluirá con el viaje de los monarcas a Bermudas, territorio británico de ultramar, en la primera visita de Carlos como soberano a la isla.
Agencias AFP y Reuters
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