Israel usa una nueva plataforma de IA para decapitar al liderazgo de Irán
El reparto de tereas con Estados Unidos le permitió a Tel Aviv cazar y matar sin piedad a los líderes iraníes, gracias a un aparato de inteligencia diseñado para ejecutar asesinatos con eficacia letal
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TEL AVIV.– Cuando se reunieron para planificar la guerra con Irán, los comandantes militares norteamericanos e israelíes debatieron cómo repartirse la tarea de atacar de diversos objetivos, incluyendo baterías de misiles, bases militares e instalaciones nucleares.
Sin embargo, desde un principio quedó claro que había una misión crucial que recaería en Israel: la de cazar y matar a los líderes iraníes.
Israel llevó a cabo la tarea con implacable eficiencia: el primer día de la guerra asesinaron al líder supremo de Irán, y desde entonces a más de 250 “altos funcionarios iraníes”, según el recuento del Ejército israelí. El último golpe se produjo el jueves, cuando anunció la muerte del comandante naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
La campaña de descabezamiento del régimen iraní se basa en un aparato de ejecución de magnicidios que Israel desarrolló a lo largo de décadas y que en los últimos años transformó para alcanzar nuevos niveles de letalidad, según altos mandos militares y de inteligencia israelíes.
Los funcionarios mencionan la proliferación de fuentes de información y capacidades de vigilancia dentro de Irán: infiltrados del régimen reclutados por Israel para espiar, así como el hackeo de miles de objetivos, incluyendo cámaras de vigilancia urbanas, plataformas de pago y los “puntos de estrangulamiento” de internet que Irán instaló para bloquear las comunicaciones de sus ciudadanos. Esos y otros flujos de datos están siendo analizados por lo que funcionarios israelíes describen como una nueva plataforma de inteligencia artificial clasificada, programada para extraer pistas sobre la vida y los movimientos de los líderes iraníes.
Israel fue perfeccionando su estrategia de asesinatos selectivos durante sus años de conflicto en Gaza, el Líbano e Irán, y sus tácticas incluyen bombas colocadas meses antes de su detonación, drones capaces de colarse por las ventanas de los departamentos y misiles supersónicos disparados desde aviones de combate furtivos.
Un alto funcionario de seguridad israelí dice que Israel recibió la misión de atacar a los líderes iraníes “porque era necesario y nosotros podíamos hacerlo”.
Sin embargo, no está tan claro si la actual campaña de asesinatos selectivos permitirá que Israel alcance sus objetivos bélicos fundamentales: erradicar la amenaza de los misiles y las fuerzas delegadas de Irán, bloquear su avance hacia un arma nuclear y debilitar al régimen hasta el punto de derrocarlo.
Hasta ahora, esos objetivos parecen inalcanzables. Los asesinados fueron reemplazados por subordinados más radicalizados, y en medio de los continuos bombardeos y el temor a una represión del régimen, las protestas callejeras nunca se materializaron.
Los altos funcionarios de Israel dicen que el régimen iraní está maltrecho pero resiste, está estable y tiene una sensación de triunfo tras resistir un mes de ataques por parte de dos de los ejércitos más poderosos del mundo.
Este artículo se basa en entrevistas con altos funcionarios de seguridad que hablaron bajo condición de anonimato para tratar temas sensibles de inteligencia.
EE.UU. delegó el “trabajo sucio”
Por más que se ejecuten con precisión, algunos expertos temen que la creciente habilidad de Israel para los asesinatos selectivos esté creando una dinámica de dependencia de los asesinatos y una tendencia a ampliar los límites de quiénes pueden ser blanco de un atentado. “Fuimos demasiado lejos al convertirlo en una estrategia, en ve de una necesidad operativa ocasional”, sostiene Ariel Levite, experto en política nuclear y seguridad israelí del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.
La división de tareas en el conflicto actual transmite la impresión de que “Estados Unidos le confió a Israel el trabajo sucio en la guerra”, señala Levite, y agrega que la postura de Estados Unidos parece ser “Nosotros no podemos matarlos, pero nos encantaría que ustedes lo hagan”.
Un funcionario norteamericano familiarizado con las operaciones de la campaña dice que la responsabilidad de Israel en los ataques contra la cúpula iraní refleja un acuerdo en el que “trabajamos juntos, pero tenemos nuestros propios objetivos”. Los funcionarios norteamericanos señalan que ese reparto de tareas refleja las capacidades de cada parte y no un impedimento legal. Estados Unidos ya ha llevado a cabo asesinatos selectivos, incluido el asesinato del comandante de la Fuerza Quds de Irán, Qasem Soleimani, en 2020.
El presidente Donald Trump presentó los atentados contra los líderes iraníes como una operación conjunta. “Eliminamos a toda su cúpula dirigente, y luego se reunieron para elegir nuevos líderes y los volvimos a eliminar a todos”, sostuvo Trump ante la prensa la semana pasada, y agregó que el objetivo del cambio de régimen ya se había logrado, porque “ahora los líderes son muy diferentes a los que había al principio”.
PRESIDENT TRUMP: This is a change in the Iranian regime because the leaders are all very different than the ones we started off with that created all those problems. pic.twitter.com/hl5iTiOMk9
— Department of State (@StateDept) March 24, 2026
Israel impuso ese recambio a un ritmo vertiginoso, comenzando con el ataque del 28 de febrero que acabó con la vida del ayatollah Ali Khamenei, así como al jefe del Consejo de Defensa iraní, al comandante de la Guardia Revolucionaria, al jefe de las fuerzas armadas, al ministro de Defensa y a al menos una docena de otros altos mandos.
El ataque fue presentado como resultado de un particular y excepcional avance en materia de inteligencia. En realidad, los funcionarios israelíes aseguran que los servicios de inteligencia del país venían vigilando durante gran parte del último año las reuniones del “Grupo de los Cinco”, término con el que se conocía a Khamenei y sus asesores más cercanos.
“Se reunían casi todas las semanas, a veces en lugares distintos, a veces en entornos más seguros que otros”, revela un funcionario de seguridad israelí. De hecho, la información de inteligencia era consideraba tan fiable que la posibilidad de atacar al grupo se planteó antes de la guerra de doce días de junio pasado, pero se descartó debido a un acuerdo entre Estados Unidos e Israel que priorizaba el ataque al programa nuclear iraní.
Cuando fue asesinado, Khamenei se encontraba entre sus familiares en un piso superior de su residencia, según informan los funcionarios israelíes, y su hijo Mojtaba, designado sucesor de su padre, también estaba en el complejo y resultó gravemente herido, pero sobrevivió porque se había desplazado hasta un jardín contiguo.
El liderazgo del joven Khamenei, cuya esposa e hija murieron en el ataque, ha sido limitado desde la muerte de su padre. “Toma decisiones de vez en cuando”, sostiene un alto funcionario de seguridad israelí, y se cree que aprobó la participación del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, en las conversaciones preliminares con Washington. Pero el Khamenei sobreviviente parece estar prácticamente aislado, en un intento del régimen por protegerlo.
El ataque coordinado por el Mossad
Según fuentes oficiales, el ataque inicial contra el Grupo de los Cinco formaba parte del plan de guerra estadounidense-israelí, elaborado tras extensas consultas entre altos mandos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y sus homólogos del Comando Central de Estados Unidos. Pero el momento del ataque fue modificado a última hora, cuando Israel recibió información de inteligencia que indicaba que la reunión originalmente programada para la noche del 28 de febrero se había adelantado para la mañana siguiente.
Para entonces, Estados Unidos ya tenía desplegada una flota de fuerzas a las puertas de Irán, con aviones y misiles capaces de alcanzar Teherán en cuestión de minutos. Sin embargo, los que lanzaron la lluvia de misiles contra el complejo de la cúpula iraní fueron aviones cazas israelíes que despegaron de bases aéreas de ese país, a dos horas de distancia.
El ataque fue la culminación de un esfuerzo de varios años de Israel para obtener información actualizada sobre el paradero y los movimientos de los líderes iraníes, un esfuerzo liderado por el Mossad, la agencia de espionaje israelí responsable del reclutamiento de informantes y de la realización de operaciones encubiertas, y la Unidad 8200, una rama de élite de operaciones cibernéticas de las FDI.
Ambas agencias se encuentran en edificios enfrentados en las afueras del norte de Tel Aviv, cerca de un centro comercial y un cine. La zona tiene el ambiente de un suburbio tranquilo con brisa del Mediterráneo, salvo por la presencia de vehículos llenos de soldados, múltiples dispositivos de seguridad y las torretas de espionaje de las FDI que se vislumbran en la distancia.
Una colaboración de larga data
Los servicios de inteligencia israelíes y sus homólogos estadounidenses —la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés)— colaboraron durante años en operaciones encubiertas contra Irán, incluyendo “Stuxnet”, un plan revelado en 2010 para sabotear los el enriquecimiento nuclear de Irán mediante un virus de computadora.
Sin embargo, los funcionarios israelíes señalan que muchas de las capacidades de inteligencia que ahora impulsan los ataques contra líderes iraníes se pusieron en práctica hace cinco años tras el intercambio de ciberataques entre Irán e Israel.
Según los informaron, después de que supuestas ofensivas iraníes provocaran cortes de agua potable y disrupciones en otros servicios, Israel respondió con una oleada de ataques de represalia, que interrumpieron el alumbrado público de Teherán causando embotellamientos de tránsito, obligaron al cierre de estaciones de servicio saboteando sus sistemas electrónicos, e impidieron que los miembros de la Basij iraní —una milicia respaldada por el régimen— pudieran retirar efectivo de cajeros automáticos.
Según los funcionarios, estas acciones relativamente inofensivas sirvieron para enmascarar una campaña mucho más amplia de la Unidad 8200 de Israel para penetrar el sistema nervioso digital de Irán. “Intentamos vulnerar todo lo que se podía, desde llamadas telefónicas hasta cámaras de control de tránsito y sistemas de seguridad internos”, revela un alto funcionario de las FDI.

El funcionario agrega que entre los objetivos se encontraban las bases de datos de Irán sobre las instalaciones destinadas a funcionar como centros de operaciones en crisis y refugios para los líderes en caso de ataque o alzamiento popular. “A veces accedíamos a información de la base de datos del ala de inteligencia de la Guardia Revolucionaria Islámica. A veces, del ejército, y otras veces, de la policía”, explica el funcionario de las FDI. “Cada vez teníamos más capacidad para obtener información”.
La paranoia del régimen de los ayatollahs y sus esfuerzos de represión interna también lo hicieron más vulnerable. En los últimos años, , el gobierno de Irán comenzó a canalizar el tráfico de comunicaciones del país a través de nodos centralizados y así tener una “llave maestra” que le permitiera cortar a voluntad el acceso de la gente a internet, una capacidad que viene utilizando desde el inicio de la guerra para bloquear la comunicación y el acceso de sus ciudadanos a la información.
Sin embargo, esto implicaba que las comunicaciones de los propios miembros del régimen también se canalizaban a través de este nuevo nodo centralizado. “Una intrusión encubierta en ese sistema de comunicaciones les daba a los agentes israelíes un punto de observación oculto muy ventajoso para que interceptaran los emails, mensajes y llamadas de los miembros de la Guardia Revolucionaria y los asesores y familiares del régimen”, apunta un exfuncionario de inteligencia occidental.
Traducción de Jaime Arrambide
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