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Entrevista exclusiva

Coti Sorokin: "Hay muchos políticos que han intentado apropiarse de 'Color Esperanza' para sus campañas"

Manuela Parajuá
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26 de abril de 2019  • 16:12

En el universo de Coti Sorokin las personas andan descalzas.

Se abre la puerta de su estudio en la calle Darwin y quien ingresa conoce las reglas. Llega, se saca los zapatos y los deja a un costado del hall de entrada, que tiene la estética de una pecera: sus paredes son de vidrio para contener el ruido. Es que todo allí está diseñado con ese fin, incluido el piso, las ventanas y la zona de la batería, que está contenida entre pequeñas paredes con ventanas. Coti, en su tierra, sigue las mismas reglas que el resto y luce unas medias con franjas violetas y negras.

El músico lleva puesto un pantalón suelto rojo, campera negra, una remera blanca con un tajo en la espalda producto del uso, collares y una galera, su insignia. Su simpleza contrarresta en un equilibrio casi perfecto con las reliquias que se exponen en el lugar: una batería, un piano de cola, dos teclados, un bajo, catorce guitarras, incontables premios (hasta en el baño) y un cuadro con una remera del Barcelona que le regaló Lionel Messi: algo así como un guiño entre rosarinos.

"Fue la primera que usó en el Barça", dice el cantautor en una entrevista íntima con LA NACION, y sonríe al recordar el primer día en que el astro del fútbol le contestó un mensaje de WhatsApp. "Siempre practiqué un montón de deportes pero fui segundón, no me destacaba. En cambio, cuando empecé a tocar la guitarra encontré un lugar que era mío".

Coti se calza para la foto en un mundo donde las personas se pasean en medias
Coti se calza para la foto en un mundo donde las personas se pasean en medias Crédito: Soledad Aznarez

Lo suyo son los acordes y las melodías. Su madre -que a sus 81 años sigue tocando el mismo piano que cuando tenía 8- fue quien le presentó ese mundo y lo llevó a su primer profesor. "La música es un juego y en la niñez, jugando, aprendés a vivir. Era mi manera de conectarme con el mundo", dice.

Desde entonces componer es su estilo de vida, y lo hace casi sin pensarlo, al punto que comenzó a definir cuál es su proceso creativo una vez que ya tenía éxitos en su haber. "Me empecé a dar cuenta de que había dos etapas. En la primera, recopilo ideas de forma caótica, amorfa y explosiva, sin ningún tipo de orden. Después hay un laburo más de archivo en el que voy a donde tengo esas fuentes grabadas o escritas y las empiezo a ordenar. A partir de ahí empiezo a construir una canción, pero hay un diálogo entre esas dos partes: la racional y la intuitiva", cuenta.

Fiel a ese estilo, Coti siempre lleva un cuaderno gris consigo -ya sea en la mano o en su bolso marrón- para volcar sus ideas y, cuando se le ocurre una melodía, la registra en su grabador o en su teléfono. "Cuando estoy escribiendo una canción, estoy pensando en eso constantemente. Me da vueltas todo el tiempo".

"Necesito la soledad", admite
"Necesito la soledad", admite Crédito: Soledad Aznarez

-¿La soledad te pesa o agradecés que exista?

-La necesito, por momentos.

Coti habla y pone la mirada fija en un punto. "En el artista es necesaria la soledad porque es el momento en el que creas". Explica que la voluntad de conectarse con su parte más creativa a veces lo obliga a desconectarse del afuera y apagar todo cuando llega al estudio. Y reconoce: "En el escenario ocurre algo similar, hay un mundo detrás de lo que uno está proyectando. Tenés que abstraerte de todo. A veces me cuesta pero es estar atento y no perder la concentración".

En los recitales cuenta con aliados que hablan su mismo idioma. Se trata de Los Brillantes, la banda que formó para que lo acompañe en los shows que hace en la Argentina. Al momento de ensayar, ríen, se aconsejan, reconocen vicios y potencian sus virtudes para elevar entre todos la calidad de las canciones. "Es hermoso lo que hacés, me encanta ese solo", le dice Coti a uno de los guitarristas.

Para él, es importante ser la misma persona arriba y abajo del escenario. "Es igual que componer, con el tiempo te vas dando cuenta de que lo mejor es escribir la letra y la música juntas. Al principio, los artistas disocian, pero después entendés que todo es parte de lo mismo y que hay que vivir como uno es", explica. En este sentido, se siente tranquilo y orgulloso de que sus letras "responden a una sinceridad" coherente con quien es.

Estará el sábado en Vorterix junto a Los Brillantes
Estará el sábado en Vorterix junto a Los Brillantes Crédito: Soledad Aznarez

Muchas de ellas tienen su huella pero se popularizaron con voces de otros. Coti trabajó para reconocidos artistas como Julieta Venegas, Natalia Oreiro, Diego Torres, Andrés Calamaro y Mercedes Sosa, pero remarca que no adapta su obra al interprete. "Cuando estoy imaginando cómo va a ser una canción terminada no pienso en mí ni en nadie en especial; solo en el público, pero como algo colectivo, sin cara, edad ni sexo. No es necesario contaminar el proceso con eso, no es sano", apunta.

Tampoco le gusta que su música se entrelace con la política y, por eso, cuestionó en redes sociales el hecho de que Diego Torres haya cantado "Color Esperanza" en el Venezuela Aid Live, el evento que se hizo contra el régimen de Nicolás Maduro. El rosarino se siente orgulloso de su reacción y afirma que lo volvería a hacer: "No soy tonto y sé lo que significa esa canción. Hay muchos políticos que han intentado apropiarse de esa canción para campañas. Me la han pedido infinidad de veces y me han ofrecido millones de euros, en todos lados y en todos los idiomas. Mi respuesta sistemáticamente fue 'no'".

Otra regla de Coti, que se expone en su discografía, es que él no dedica temas ni los escribe en base a sus vínculos. "No me gusta eso, tampoco en otros artistas. Me parecen mejor las canciones volátiles, que vienen sin subtítulos. Creo que son más interesantes porque te atraen de una manera más especial".

El artista reconoce una premisa: "Las canciones son transportables en el tiempo, la distancia y en el espacio, y adquieren distintas dimensiones según cómo esté uno anímicamente". Además, confiesa que su objetivo es que sus temas "generen misterios y que el que los escuche tenga la necesidad de resolverlos" porque "no se deben dar las cosas resueltas y masticadas, sino que tienen que movilizar".

Para Coti, las canciones más interesantes son "las que no tienen subtítulos"
Para Coti, las canciones más interesantes son "las que no tienen subtítulos" Crédito: Soledad Aznarez

Y lo que a él lo "alucina y moviliza" es el concepto de "inconsciente colectivo, que tiene que ver con la cultura, las verdades y mentiras establecidas, las raíces y vivencias". Quizás por eso Coti no siente que pierde sus obras cuando las entrega porque, para él, la canción trasciende al artista y se vuelve popular cuando nadie reconoce al autor. "Borges añoraba que llegue el día en que se conozca su poesía pero no su nombre. Me parece maravilloso lo que sucede cuando una canción se transforma en anónima y nadie sabe de quién es, pero tiene 250 años, está presente y todo el mundo la canta".

En él conviven las dos caras -la composición y la interpretación- como "algo natural". Según dice, no conoce otra forma porqué así se diseñó su carrera y lo volvería a hacer de esa manera. "Me siento un músico y voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para comunicarme a través de la música", remarca.

Inicialmente, componer, hacer arreglos y producir fue el medio que encontró para "ganarse la vida haciendo lo único que sabía hacer y aplicando las cosas que había aprendido de chiquito". Esta veta suya se potenció a partir de 1995 cuando, a sus 22 años, se convirtió junto a Valeria Larrarte en padre de su primer par de mellizos: Iván y Maia. Casi diez años después, llegó la segunda dupla: Dylan y Leyre.

Esa paternidad joven hizo que Coti se encontrara en los extremos: se iba de gira y descansaba en la suite presidencial de un hotel, pero cuando llegaba a su casa dormía en el piso para que sus hijos y su mujer pudieran estar en la cama. "Me bajaron a tierra. Mi familia me salvó del autoboicot. Yo sentía que mis hijos tenían necesidad de mí y eso me salvó de que se me vayan los pájaros a otro planeta".

Coti sostiene que su familia lo salvo del autoboicot
Coti sostiene que su familia lo salvo del autoboicot Crédito: Soledad Aznarez

"Hago todo por ser buen padre", cuenta y recuerda que, al ser tan introspectivo, él generaba misterio en sus padres. Como las canciones. Y, reflexivo, señala que la relación con los hijos cambia según la edad: "Cuando son chicos, te buscan para que compartas cosas con ellos, pero en la adolescencia tenés que buscarlos vos y te convertís en el que demanda porque ellos no te quieren dar ni cinco de pelota. Después, de más grandes, ya hay una vuelta y te reencontrás". Esto mismo sucedió en su historia con sus padres.

Hoy cree que la canción que más lo conecta con su paternidad es "La Suerte", que en uno de sus versos expresa: "A cambio de tu amor, podría hasta morir". De todos modos, entre risas, confiesa: "Fue una especie de pedido de perdón: 'No creo en vos y, por eso, te voy a dedicar una canción'".

Tal como sostiene, no existen ni la suerte ni los errores. "Muchas cosas que me pasan son una mínima puertita que se abre. Ahí meto la mano y no dejo que se cierre la puerta, y la empiezo a abrir de a poquito". Él describe su camino como una suma de contactos y pasos que se fueron generando. "Al final todos nos conocemos con todos y estamos a tres teléfonos de Donald Trump. Igual lo importante es lo que uno hace con todo eso y lo que transmite, más allá de la agenda que tenga".

"Estamos a tres teléfonos de Donald Trump", bromeó el músico
"Estamos a tres teléfonos de Donald Trump", bromeó el músico Crédito: Soledad Aznarez

Así, por esa cadena de engranajes, Coti llegó a Universal Music para grabar su primer disco. Tenía el pasaje para el 12 de septiembre de 2001. Ese día iba a viajar a Miami para firmar ese contrato bisagra para su carrera, pero el 11 de septiembre fue el atentado contra las Torres Gemelas y se cancelaron todos los vuelos. Al mes lo contactaron de vuelta: debía ir a Madrid. Lleno de interrogantes y miedos, el argentino emprendió viaje. "Cuando decidimos irnos, a mi vieja le diagnosticaron un cáncer. En medio de eso nos fuimos con Iván y Maia, los únicos nietos que tenía. Fue un drama familiar absoluto", recuerda, y sonríe: "Suerte que me fue bien".

En Universal escucharon dos canciones: "Antes que ver el sol" y "Mis planes". Le ofrecieron un contrato por tres discos pero, antes, le preguntaron si vivía allí. "Yo le dije que sí. Mentira. Había llegado hace dos horas y no conocía ni la Puerta del Sol. Me mudé a España para trabajar ese disco y me quedé 13 años. Todo era cada vez más lindo pero, por otro lado, era duro vivir lejos", reconoce.

Para él, parte de su éxito en España se debe a que todo lo que hace en el exterior tiene "marca argentina". De hecho, confiesa que nunca compuso pensando en el público español ni intentó mimetizase en esa sociedad. "Nunca me fui para no volver. Desde el momento en que me fui visualizaba como ideal la situación que estoy viviendo ahora: vivir un poco acá y un poco allá, pero con Buenos Aires como base porque es la mejor ciudad del mundo para vivir". Hoy siente como una gran caricia lo que está viviendo en la Argentina, su nominación a los premios Gardel y el hecho de que la Legislatura porteña lo haya nombrado Personalidad Destacada de la Cultura.

Para el cantante, una canción se vuelve popular cuando se deja de reconocer al artista
Para el cantante, una canción se vuelve popular cuando se deja de reconocer al artista Crédito: Soledad Aznarez

Ya establecido en el país, en enero viajó a España para mostrar el show que realizó en octubre de 2017 en el Teatro Colón para "seguir compartiendo la cultura nacional" en el Viejo Continente. Coti describe esa experiencia como otra puerta que se abrió y que él trabajó para concretar. "Surgió la oportunidad y no paré de quemarle la cabeza a todo mi alrededor para conseguirlo. Sabía que íbamos a hacer algo grande. Creía mucho en ese proyecto, y cuando creo en algo lo busco hasta la muerte".

Según resume, esa firmeza es fruto de los años y el camino recorrido. "Hoy no pego los afiches, pero casi. Mantengo la misma ilusión, fuerza y energía del primer momento, pero cuando no tenés experiencia perdés tiempo porque te vas del camino y se te va el eje. La experiencia hace que enfoques y vayas a un lugar en el que creés". Su próxima meta tiene nombre. El rosarino ríe en complicidad de sus músicos y revela su fanatismo por Stevie Wonder: "Me gustaría componerle, tocar alguna canción con él o, aunque sea, llevarle el piano".

Termina la entrevista y Coti se reúne con su banda, Los Brillantes, para ensayar para el recital que darán el sábado en Vorterix. Descalzos, todos van hacia el centro del estudio y se colocan en ronda para poder mirarse y conectarse mientras tocan. El cantautor programa la consola, se sienta en un sillón blanco y comienza a rasguear su guitarra. Esa es la señal para que comience a vibrar aquel rincón de Villa Crespo.

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