Valeria Mazza: "Para la pobreza, la única vacuna es la educación"
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Algo de su tono pausado recuerda su infancia en la ciudad de Paraná. Valeria Mazza hace confluir en su decir cierta confianza campechana y lo distinguido de una mujer que ha recorrido el mundo y se ha consagrado como número uno en su actividad. "He vivido más de lo que he podido soñar", dice a LA NACION a minutos de presentar, en Punta del Este, Valeria Mazza Casa, su línea de diseño de muebles, iluminaria y objetos para el hogar.
"Estoy orgullosa de haber podido llevar adelante este proyecto, más allá de las circunstancias y de la situación actual. En algún aspecto, la pandemia también ayudó a generar iniciativas, debido a que bajamos las revoluciones y nos quedamos mucho tiempo en casa. Nos despertó el costado creativo, sensorial, emocional", reconoce la modelo que ha podido diversificar su actividad más allá de las pasarelas y las producciones de fotos. A lo largo de los años, Mazza ha sacado diversas líneas con su firma y estilo mostrando su perfil empresarial. "Siempre trabajé para la mujer", dice sin ánimos de modificar ese sello.
-A partir de este lanzamiento deco, ¿cuál creés que es la carga emocional que tienen los objetos que se eligen para habitar una casa?
-Así como un vestido habla de tu personalidad y de tu estilo, la casa también habla de uno. El hogar dice sobre nuestras vivencias, gustos, es una síntesis de la personalidad de quien la habita.
-En tu caso, ¿cómo acciona todo eso?
-Amo mi casa, siempre digo que es mi lugar en el mundo. No importa cuánto viaje, siempre me da mucho placer volver.

Valeria Mazza Casa está sostenida en el diseño de inspiración italiana. Para lanzar esta nueva línea, la empresa Walmer la acompañó en todo el proceso creativo: "Los diseñadores de Walmer son gente de mucha experiencia en la industria, con ellos pensamos algo para la gente que le gusta el diseño, la calidad, que valora los detalles y que le gusta volver a su casa y disfrutarla", asegura.
-¿A quién se dirige la línea?
-Buscamos algo que hable de la mujer. Pensando mucho, definimos la colección con las curvas, no hay un solo vértice en los diseños. Es una colección bien femenina, porque las curvas nos definen.
-El 17 de febrero de 2022 cumplirás 50. Vivimos en una sociedad que suele pecar con el "edadismo" y, además, tu profesión tiene que ver con el elogio de la juventud y la belleza. ¿Cómo afrontás el paso del tiempo?
-Cumplir años es una alegría, significa que estoy viva. Así que festejar el cumpleaños, me encanta. No le tengo miedo al tiempo, creo que tiene que ver con lo que cada uno ha vivido. En mi caso, no tengo cuentas pendientes. Hoy disfruto de la familia, que es algo que siempre soñé, así que no me enrosco con la edad. Desde ya, soy consciente, cuando miro el espejo, me doy cuenta del paso del tiempo y lo acepto con dignidad: la guerra contra la naturaleza es imposible.
-Batalla perdida antes de comenzar a librarse...
-Depende de cada uno. Llega un momento de la vida donde uno se pregunta cómo quiere vivir el resto que le queda.
-Con vistas a ese futuro, ¿te cuidás mucho?
-En ese planteo de cómo quiero que sea el resto de la vida, el cuidado pasa a ser un modo de vida. No es que me propongo hacer una dieta o ir a la dermatóloga, sino que es un hábito que tiene una rutina de alimentación sana, gimnasia. No se trata de hacerlo por lo estético, sino que todo eso influye en tus emociones, en tu alma, en tu cabeza, se refleja en todo lo que uno hace.
-En la autoestima.
-Verse bien es sentirse bien. No hablo de peso, ni de masa muscular, pasa por otro lado.

-¿Por dónde?
-Por verse bien sin depender de la mirada del otro. Se trata de sentirse bien logrando la mejor versión que podemos lograr de nosotros mismos. No tenemos que ser tan exigentes, las mujeres, en ese sentido, somos nuestras principales enemigas. Por eso, cuando pensé en los diseños de Valeria Mazza Casa, pensé en una mujer con formas, que me parece super sensual. Me encanta que las mujeres vivamos nuestra femineidad, sin importar la edad que tengamos, se trata de disfrutar de eso.
-Te referís a una mujer que hoy se define como empoderada y muy consciente de sus derechos y la acción a ejercer para que no sean vulnerados. En ese contexto, aparece la lucha por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo que fue lograda hace pocas semanas. ¿Qué mirada tenés sobre eso?
-No sé si la palabra es triste, pero no me gustó cerrar un año, donde nos pasamos contando muertes, con esta ley. No solo por eso, sino porque esta ley habla de educación y justamente atravesamos un año donde los chicos no fueron nunca a la escuela. Es más, aún estamos discutiendo si vuelven o no a las aulas, entonces cómo podemos hablar de educación sexual. ¿Cómo vamos a prevenir, cómo vamos a educar?
-¿Considerás que la llamada grieta ideológica que atraviesa a la sociedad también se manifestó en este tema, a través de polaridades muy marcadas?
-Eso no me gusta, por mi manera de pensar yo no estoy en contra de nadie y nadie está en contra mío si piensa distinto. Simplemente, son diferentes opiniones. Podemos no pensar igual y convivir absolutamente. En este tema y en todos, la diferencia la hace la educación. En la Argentina, venimos tan atrás, tan lentos, que esa es mi mayor preocupación. Cuando se extendió la pandemia empecé a sostener que para el Covid iba a haber vacuna, pero para la pobreza la única vacuna es la educación. ¿Qué vamos a hacer con la educación en Argentina? De ahí deberíamos partir si queremos cambiar las cosas.
Reconversión

Tanto Mazza como su marido, el empresario Alejandro Gravier, en el mes de marzo suspendieron todas sus actividades ante la irrupción del brote de Covid. La cuarentena los encontró en su casa del norte del conurbano bonaerense: "Viene siendo tan larga esta situación que hubo muchos momentos. Al comienzo, hubo que estar en casa, cosa que me gusta mucho. Se juntó toda la familia, algo que, con la edad de mis hijos, no es fácil. Al principio, disfruté, pero, a medida que se iba alargando la situación, apareció la creatividad y la idea de proyectos nuevos en los que nos focalizamos. También hice vivos para estar en contacto con la gente y saqué la colección de anteojos".
-No hubo demasiada parálisis.
-Este año nos exigió recrearnos, reinventarnos. Es aceptar lo que te toca y ver qué manera elegís para transitarlo.
-¿Qué capitalizás de este tiempo tan atípico?
-Toda mi vida fui en busca de algo nuevo y creo que esa fue una de las enseñanzas de estos últimos meses: nos tuvimos que adaptar y tener flexibilidad para aceptar los que nos toca vivir. Hubo que transitar todo con la mejor alegría posible, con aceptación.
Mazza y Gravier son padres de cuatro hijos: Balthazar, Tiziano, Benicio y Taína. "Tienen entre 21 y 12, cada uno transitó la pandemia a su manera, aunque lo llevamos muy bien porque somos muy unidos, así que lo vivimos de una manera intensa. Dos están en el colegio y dos en la universidad, por lo tanto, siguieron estudiando desde casa", cuenta. Como toda madre, miedos recurrentes aparecen en torno a la crianza de los chicos y a su desarrollo en un mundo complejo: "Viviendo en Argentina y en un mundo como el actual, el temor más grande es la inseguridad con la que convivimos todos los días. La agresión que se vive en la calle, donde hay mucha tensión, me preocupa".
-Más allá de los miedos, ¿qué te planteás con respecto al futuro de ellos?
-Como mamá, deseo que encuentren qué les gusta hacer en la vida, que lo puedan concretar y vivir de eso. Toda madre quiere que sus hijos encuentren aquello que los hace feliz, algo que no es tan sencillo, hay gente que se pasa la vida buscando eso y no lo encuentran jamás.
-No fue tu caso, encontraste tu camino siendo muy jovencita.
-En realidad, no tenía muy claro qué quería. Si cuando era chica me preguntabas qué quería hacer, te iba a responder que mi vocación tenía que ver con ser maestra, psicóloga o trabajar con personas con alguna discapacidad. Esa era mi verdadera vocación y donde yo me veía. Pero la vida me dio una oportunidad, me presentó un mundo totalmente diferente al que yo conocía, con lo cual ni siquiera lo soñaba.
-¿Por qué aceptaste?
-Soy curiosa, y decidí darme una oportunidad para probar, conocer. Empecé a viajar, primero llegué a Buenos Aires y luego a Europa. Con esa experiencia me di cuenta que podía ser una posibilidad laboral, que podía vivir de esto, y con todos los beneficios que eso tenía.
-¿Por ejemplo?
-Viajar, conocer gente, que te maquillen, peinen y vistan, era algo maravilloso. Después entendí que era un trabajo y, como tal, requiere responsabilidad, esfuerzo, sacrificio. Eso hice y aquí estamos, hace treinta años que comencé.
Divinidades

Valeria Mazza y Alejandro Gravier se casaron el 9 de mayo de 1998, con una ceremonia religiosa fastuosa en la Iglesia Santísimo Sacramento. Ella era una top model famosísima en el mundo con una carrera internacional que la ubicaba entre las celebridades del mundo fashion más importantes del mundo. A lo largo de las décadas, la pareja no solo compartió, y comparte, la vida familiar sino los múltiples emprendimientos empresariales. Ni los años ni la vida laboral en común han atentado contra la estabilidad del matrimonio, un logro no menor. "Todo atenta contra la estabilidad de la pareja", dice entre risas y dejando en claro que hay un esfuerzo cotidiano en mantener la armonía y, desde ya, un vínculo profundo y sólido que le hace frente a la adversidad.
"El año que nos casamos, me invitaron a participar de un evento en el Vaticano en conmemoración del primer año de la muerte de la Madre Teresa de Calcuta. En ese momento, estaba trabajando en Italia, en la RAI, así que me ofrecieron leer unas palabras de ella. Recuerdo que nos recibió el Papa Juan Pablo ll con mucha dedicación. Lo veíamos acercarse y no te puedo explicar la emoción que sentíamos. Cuando estuve frente a él, le comenté, en italiano, que hacía un año que nos habíamos casado. Le pedí una bendición para nuestra familia y él me respondió en español: '¿Para ustedes qué es el amor?'. Yo, que no podía ni hablar, mucho menos pensar, le dije: 'El amor es un sentimiento'. Y él me respondió: 'El amor es, también, una decisión. Ustedes deciden, todos los días, seguir estando juntos y amando'. Creo que es eso, hace treinta años que estamos juntos", asegura.
"Tenemos muchos proyectos en común y, además, individualmente, cada uno pudo crecer como ser humano y hacer su camino. Pero seguimos alimentando la pareja día a día y nos proyectamos juntos. Buscamos esa foto donde nos veamos llenos de curvas y de arrugas, con bastón. No importa cómo estemos, si estamos de la mano vamos a estar bien", dice. Con los años, Valeria Mazza también tuvo trato con Benedicto XVl y con Francisco, el actual pontífice.
-¿Sos consciente de la vida atípica que le tocó a esa niña que caminaba por la costanera de Paraná?
-La pizca de inconsciencia es lo que hace que me siga sorprendiendo de las cosas que me pasan y seguir disfrutando como si fuera esa chica de Paraná. Además de la inconsciencia, creo que he aprendido muchísimo de todo lo que me tocó vivir, bueno o malo. Lo he sabido potenciar y aprovechar para aprender o para cambiar.
-Iniciaste tu carrera cuando te descubrieron Mirtha Legrand y Roberto Giordano. El peluquero se alejó de la vida pública por demandas judiciales y quiebras. ¿Tenés contacto con él?
-No, hace años que no lo veo a Roberto.
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