Cómo eran los capibaras hace millones de años: migraciones, gigantismo y extinciones
Hoy, el carpincho continúa siendo el roedor vivo más grande del mundo, resultado de una línea evolutiva que atravesó millones de años de cambios y sobrevivió a parientes mucho más imponentes
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El capibara (conocido como carpincho) que hoy inunda memes, videos de TikTok y curiosidades científicas es el roedor vivo más grande del planeta. Los adultos pueden pesar entre 35 y 66 kilos y habitan ambientes húmedos de Sudamérica, donde pasan buena parte del día cerca del agua. Su imagen tranquila contrasta con una historia evolutiva marcada por migraciones, gigantismo y extinciones. Mucho antes de que existiera cualquier presencia humana en el continente, su linaje ya llevaba millones de años adaptándose a cambios geológicos y climáticos.
De África a América: el origen del linaje caviomorfo
El capibara pertenece al grupo de los caviomorfos, que incluye también a cuises, maras y chinchillas. La hipótesis científica más aceptada indica que los ancestros de este conjunto de roedores llegaron a Sudamérica desde África hace más de 30 millones de años. En ese período, el océano Atlántico era más angosto que en la actualidad y se cree que pequeños mamíferos pudieron cruzarlo sobre masas de vegetación flotante.
Los registros fósiles muestran que estos roedores ya estaban establecidos en Sudamérica durante el Oligoceno. El continente funcionaba entonces como una “isla biogeográfica”, aislada de Norteamérica, lo que favoreció una diversificación intensa. Sin grandes competidores placentarios en muchos nichos ecológicos, los caviomorfos experimentaron una expansión evolutiva notable.
En el caso específico del linaje del capibara, los fósiles más antiguos asignados al grupo aparecen en el Mioceno tardío, hace aproximadamente nueve millones de años, en territorio argentino. Para entonces, ya se había producido la divergencia respecto de sus parientes más cercanos. Estudios morfológicos y moleculares sitúan esa separación en torno a los 12 millones de años.
Gigantes prehistóricos: cuando un capibara podía pesar cientos de kilos
La historia del capibara incluye parientes que llevaron el tamaño corporal a extremos sorprendentes. Durante el Mioceno y el Plioceno, Sudamérica albergó roedores gigantes.
El ejemplo más célebre es Josephoartigasia monesi, hallado en Uruguay y datado en el Plio-Pleistoceno. Las estimaciones de masa varían según el método utilizado: algunos cálculos lo acercan a la tonelada, mientras que otros lo ubican en varios cientos de kilos. Incluso en las proyecciones más conservadoras, se trata de uno de los roedores más grandes conocidos por la ciencia.

Otro caso relevante es el de Phoberomys, un género del Mioceno tardío que también alcanzó dimensiones extraordinarias. Estos animales no eran capibaras “modernos”, sino parientes dentro de un árbol evolutivo amplio que produjo múltiples ramas, muchas de las cuales terminaron extinguiéndose.
Más cercano al capibara actual fue el género Neochoerus, presente durante el Plioceno y el Pleistoceno. Sus fósiles se encontraron en Norteamérica, desde Arizona hasta Florida y Carolina del Sur, lo que indica que estos roedores formaron parte del Gran Intercambio Biótico Americano tras la formación del Istmo de Panamá, hace alrededor de tres millones de años.
Del Istmo de Panamá a Norteamérica: expansión, extinción y supervivencia
El cierre del Istmo de Panamá permitió el intercambio de fauna y alteró profundamente los ecosistemas. En ese contexto de transformaciones, muchos linajes gigantes desaparecieron. Cambios climáticos, reducción de humedales y nuevas presiones de depredación influyeron en esas extinciones.

El capibara moderno, en cambio, consolidó un tamaño intermedio y una estrategia ecológica eficaz. Es semiacuático, posee patas parcialmente palmeadas y tiene ojos, orejas y fosas nasales ubicados en la parte superior de la cabeza, adaptaciones que le permiten vigilar el entorno mientras permanece casi sumergido. Puede mantenerse bajo el agua varios minutos para escapar de amenazas.
Esa combinación de flexibilidad ecológica y vida social favoreció su permanencia hasta el presente. Hoy, el capibara continúa siendo el roedor vivo más grande del mundo, resultado de una línea evolutiva que atravesó millones de años de cambios y sobrevivió a parientes mucho más imponentes.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.
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