El primer ministro de Canadá sorprende en Davos con su confrontación a Trump en busca de la supervivencia de su país
Mark Carney advirtió en el foro internacional que terminó la era de la hegemonía de EE.UU., mientras acelera la búsqueda de nuevos socios
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NUEVA YORK.- El primer ministro Mark Carney recibió una ovación de pie en Davos tras describir, con crudeza, el fin de la Pax Americana. Está buscando nuevos aliados para ayudar a su país a sobrevivir a ese cambio.
Carney describió el final de la era sostenida por la hegemonía de Estados Unidos y llamó a la fase actual “una ruptura”. No mencionó al presidente Donald Trump por su nombre, pero la referencia fue evidente.

El discurso llegó mientras el presidente Trump redoblaba sus amenazas de arrebatarle Groenlandia a Dinamarca, y decía que impondría nuevos aranceles a las potencias europeas como castigo por respaldar la soberanía groenlandesa.
Los líderes globales han estado tratando, con apuro, de encontrar una respuesta unificada.

“Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias”, dijo Carney. “Que el orden basado en reglas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben”.
Y advirtió: “Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú”.
Él lo sabe bien.
Trump comenzó su segundo mandato presidencial planteando que Canadá debería ser el estado número 51 y amenazando al anterior líder canadiense, Justin Trudeau —a quien Trump ridiculizó públicamente— con romper unilateralmente acuerdos que han regulado la relación entre los países vecinos durante más de un siglo.

Trump impuso aranceles a Canadá —uno de los dos principales socios comerciales de Estados Unidos, junto con México—, medidas que están golpeando algunos de los sectores económicos clave del país, como el automotriz, el acero, el aluminio y la madera.
Aliados de Trump, en particular Steve Bannon, han hablado de los beneficios de que Estados Unidos anexe Canadá para acceder a su enorme territorio ártico y a sus recursos naturales, incluidos minerales críticos y tierras raras.
Carney también reprendió a otros líderes, muchos de los cuales seguían su discurso en Davos, por no defender sus propios intereses.

“Existe una fuerte tendencia de los países a seguir la corriente para evitar conflictos”, dijo. “A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el cumplimiento compre seguridad. No sucederá”.
Este miércoles, también en Davos, llegó la respuesta de Trump. Dijo que Canadá recibe muchos “beneficios gratis” de Estados Unidos y que “debería estar agradecido”, pero enfatizó que las palabras de Carney demostraban que él “no estaba tan agradecido”. “Canadá existe gracias a Estados Unidos –lanzó Trump-. Recuerda eso, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones”.
Un camino distinto
Carney dejó en claro que está eligiendo un camino distinto.
Según un funcionario del gobierno que habló bajo condición de anonimato para describir el funcionamiento interno de su equipo, Carney escribió su propio discurso. Eso marca una diferencia, ya que intervenciones de esta magnitud suelen ser preparadas por altos asesores, con aportes del líder.
Carney, exejecutivo de inversiones y exgobernador de los bancos centrales de Canadá y de Inglaterra, ha asistido a la reunión global unas 30 veces, según su oficina.
Habló poco después de que Trump publicara en redes sociales una imagen alterada que mostraba un mapa con banderas estadounidenses superpuestas sobre Canadá y Estados Unidos, además de Groenlandia.

La imagen subrayó los motivos del primer ministro canadiense para exhibir músculo retórico en Davos: la supervivencia económica de Canadá y, quizás, su supervivencia literal.
La integración de Canadá con Estados Unidos es profunda en su economía, su defensa y su cultura.
La posición del país en la crisis en torno a Groenlandia es algo distinta de la de las potencias europeas que quedaron en la mira de Trump, aunque todos sean aliados en la OTAN.
Consultado sobre hasta dónde estaba dispuesto a llegar para adquirir Groenlandia, Trump dijo el martes, antes de partir de Estados Unidos hacia Davos: “Ya lo van a descubrir”.

Carney ha dicho repetidamente que Canadá respalda de manera firme a Groenlandia y a Dinamarca, pero, a diferencia de las potencias europeas, no envió tropas para participar del último ejercicio militar. Trump amenaza a esos países con nuevos aranceles, pero no a Canadá.
El martes, el presidente Emmanuel Macron de Francia coincidió con Carney y afirmó que “preferimos el respeto antes que los matones. Y preferimos el Estado de derecho antes que la brutalidad”.
Además, denunció las últimas amenazas arancelarias de Trump como una “acumulación interminable de nuevos aranceles”, usada como “palanca contra la soberanía territorial”, algo que calificó de inaceptable.

Canadá exporta cerca del 75% de sus bienes y servicios a Estados Unidos; su segundo socio, China, recibe menos del 5%.
Ambos países comparten la frontera terrestre más larga del mundo.
Tropas estadounidenses realizan ejercicios y cooperan con canadienses a diario, incluso en el Ártico, y las fuerzas armadas de ambos países trabajan juntas estrechamente en todos los niveles.
Las dos naciones comparten un comando conjunto para la defensa aérea de América del Norte. Esta semana, aeronaves de ambos países están en una base aérea estadounidense en Groenlandia como parte de un entrenamiento regular que, según el comando aéreo conjunto, fue aprobado por Dinamarca.

Es una situación que podría volverse rápidamente muy difícil para Canadá si Estados Unidos decidiera involucrarse militarmente en Groenlandia.
Carney venía intentando alcanzar un acuerdo con Trump en materia comercial, y ambos parecen tener una relación cordial. Aun así, las conversaciones están congeladas.
Este año debe realizarse una revisión periódica del acuerdo de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, conocido como USMCA, y su destino está completamente en el aire.
Trump dijo que Estados Unidos no necesita nada de lo que Canadá exporta, pese a que, por ejemplo, la mayor parte del petróleo que Estados Unidos importa proviene de Canadá.
Nuevos socios
Aun así, en un momento en que Estados Unidos está liderado por un presidente caprichoso, impredecible y, por momentos, amenazante, Canadá intenta romper su histórica dependencia de Washington.
El discurso de Carney llegó al final de una semana de viajes oficiales con visitas a China y Qatar. Carney alcanzó un acuerdo con China para permitir el ingreso a Canadá de una cantidad limitada de vehículos eléctricos con un arancel reducido, rompiendo con la política estadounidense que venía siguiendo desde la administración Biden, a cambio de que China redujera algunos aranceles sobre productos agrícolas canadienses.

Más importante aún, tal vez, China y Canadá se declararon en una “asociación estratégica”, una señal de una nueva era de cooperación con el rival de Estados Unidos en la disputa por la primacía global.
Un recuento de sus viajes internacionales desde que asumió como primer ministro en marzo pasado muestra el ritmo incansable de Carney. Pasó casi 60 días viajando al exterior, buscando cerrar nuevos acuerdos comerciales.
En comparación, el primer ministro británico Keir Starmer y Macron pasaron alrededor de 40 días en viajes internacionales durante el mismo período.

El ritmo y la intensidad de la ofensiva global de Carney, junto con su promesa de ayudar a Canadá a sobrevivir este cambio de época en el poder estadounidense, generaron grandes expectativas entre los canadienses que lo eligieron la primavera pasada.
Incluso asesores de alto rango, hablando de forma anónima para discutir con libertad los riesgos de esta estrategia, admiten que existe la posibilidad de que los resultados no estén a la altura, y reconocen que ningún socio ni acuerdo puede reemplazar rápidamente el papel abrumador que Estados Unidos tiene en la economía y la seguridad de Canadá.
En el plano interno, el Partido Conservador opositor lo acusó de concentrarse demasiado en viajes al exterior que no producen resultados inmediatos y de descuidar problemas domésticos como el costo de vida y la vivienda. Carney está a un escaño de la mayoría parlamentaria, un déficit que podría dificultar su capacidad de gobernar, incluso mientras recibe elogios por su desempeño internacional.
“Hay muchos votantes que querían ver esto de Mark Carney y lo esperaban de él”, dijo Ginny Roth, ex asesora conservadora y socia de Crestview Strategy, una firma canadiense de asuntos públicos. “Pero también hay un porcentaje enorme del electorado, hasta un 40%, que vive en otro mundo, que no tiene el lujo de preocuparse por lo que Mark Carney dijo en Davos”.
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