Henry Ford, multimillonario industrial: “El fracaso es la oportunidad de comenzar de nuevo de manera más inteligente”
Así fue como el magnate transformó sus errores iniciales en el imperio que puso al mundo sobre ruedas
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Henry Ford, el creador de la Ford Motor Company, no siempre fue el exitoso magnate que motorizó al mundo. Antes de la gloria del Modelo T, enfrentó quiebras y rechazos que forjaron su carácter y su método de producción.
Quién fue Henry Ford, multimillonario industrial con luces y sombras
Henry Ford nació en una granja en Springwells Township, Michigan, y murió el 7 de abril de 1947, a los 83 años, en su residencia Fair Lane en Dearborn, a causa de una hemorragia cerebral.
Fue el hombre que puso al mundo sobre ruedas, el padre de la cadena de montaje y el ideólogo del fordismo, sistema que permitió a las clases medias acceder a un lujo antes reservado para la élite, según National Geographic.

De orígenes humildes y fascinado por la mecánica, Henry Ford pasó de aprendiz en Detroit a fundar su propia compañía. A diferencia de otros magnates de su época que heredaron fortunas o encontraron el éxito rápidamente, Henry tuvo que tropezar varias veces antes de encontrar la fórmula del triunfo.
Sus dos primeros proyectos empresariales, la Detroit Automobile Company y la Henry Ford Company, terminaron en fracasos estrepitosos.
En el primer caso, los carros eran caros y de baja calidad; en el segundo, sus socios perdieron la paciencia ante su perfeccionismo y lo obligaron a abandonar la empresa (que más tarde se convertiría en Cadillac).
Tras varios intentos, revolucionó el mercado con el Modelo T, un coche económico para la familia media. Su enfoque en la producción masiva no solo democratizó el transporte, sino que rediseñó las ciudades modernas en torno al automóvil, de acuerdo con Ford.

La frase de Henry Ford sobre el fracaso y los nuevos comienzos
Ford inmortalizó la frase “El fracaso es la oportunidad de comenzar de nuevo, esta vez de manera más inteligente” en su autobiografía My Life and Work (1922). Este no era un eslogan motivacional vacío, sino una metodología de ingeniería aplicada a la vida.
Tras sus quiebras iniciales, Ford no se limitó a “intentarlo de nuevo”: frenó para analizar por qué fallaba. Comprendió que el mercado no necesitaba autos de lujo para carreras, sino un vehículo simple, robusto y sobre todo barato.
En 1903, implementó las lecciones que aprendió de sus errores previos. “No hay deshonra en el fracaso honesto; la deshonra está en el miedo a fallar”, sostenía.
Esta mentalidad lo llevó a introducir la cadena de montaje móvil en 1913, una innovación que redujo el tiempo de fabricación de un chasis de 12 horas a solo 90 minutos, señaló Atraccion360.
Al aprender de la ineficiencia de sus intentos anteriores, Ford logró lo imposible: bajar el precio del Modelo T de US$850 a menos de US$300, y logró que sus propios empleados pudieran comprar lo que fabricaban.

Ford creía que el conocimiento era la única seguridad real en un mundo cambiante. “El único error real es aquel del que no aprendemos nada”, repetía en varias ocasiones el multimillonario junto a otras frases célebres que quedarán en el recuerdo, según Forbes.
Su enfoque transformó no solo la industria automotriz, sino la estructura misma de la sociedad moderna, donde introdujo el salario de US$5 al día y la jornada laboral de ocho horas, no por filantropía, sino por una comprensión “inteligente” de la productividad y el consumo, según PBS.
La figura de Henry Ford es objeto de estudio y debate, pero su filosofía sobre el error permanece vigente en la actualidad. Su vida es el testimonio de que el multimillonario no es aquel que nunca cae, sino aquel que, tras cada tropiezo, se levanta con un plan mejor diseñado, señaló Failfection.
La empresa Ford es una de las más populares en el mundo y es un ejemplo duradero en la industria.
Henry Ford y su costado más oscuro
El historiador Neil Baldwin expuso en su libro Henry Ford and the Jews: The Mass Production of Hate el costado más oscuro del fundador de Ford Motor Company.
Según el autor, el rechazo de Ford hacia los judíos se habría gestado en su infancia, influido por lecturas religiosas que difundían prejuicios arraigados en parte de la sociedad estadounidense de la época.
Ya como empresario consagrado, Ford impulsó desde 1919 el periódico The Dearborn Independent, donde se publicaron artículos con teorías conspirativas y mensajes antisemitas, muchos de ellos escritos por su colaborador W. J. Cameron.
La presión pública y las demandas judiciales lo obligaron a cerrar el medio en 1927 y a emitir una disculpa formal ante la comunidad judía. Sin embargo, su figura quedó marcada por esa etapa oscura, que contrastó con su legado industrial y su influencia en la producción en masa.
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