El hábito nocturno que según los neurólogos deteriora la memoria más rápido que cualquier otro
Investigaciones de Harvard advirtieron que la costumbre frecuente de mirar pantallas antes del descanso altera los procesos cognitivas; por qué recomienda “franjas oscuras” de al menos 60 minutos
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El hábito aparentemente inofensivo de mirar el celular en la cama durante la noche afecta de manera directa la capacidad del cerebro para consolidar la memoria. Un estudio de Harvard reveló que la exposición a dispositivos electrónicos durante las horas previas al descanso erosiona los procesos biológicos encargados de archivar las experiencias vividas a lo largo del día. Según los especialistas, “el sueño no es tiempo muerto; es el taller donde el cerebro archiva lo vivido”.
El problema central radica en la emisión de luz azul, la cual reduce los niveles de melatonina y posterga el inicio del sueño reparador. Este fenómeno interrumpe la actividad del hipocampo, el área cerebral encargada de gestionar los recuerdos. Durante las etapas de sueño profundo, el hipocampo necesita ondas lentas estables para procesar la información.
Si el usuario interrumpe este proceso con estímulos digitales, notificaciones o la simple curiosidad por navegar en redes sociales, el cerebro pierde la oportunidad de consolidar el aprendizaje del día. La falta de sueño profundo genera que los recuerdos se vuelvan frágiles y que la atención se disperse con mayor facilidad.

Además del impacto lumínico, el contenido emocional que los usuarios consumen en redes sociales activa sistemas de recompensa y eleva los niveles de cortisol. Este estado de alerta contrapone la calma necesaria para el descanso, por lo que el cerebro prioriza funciones de supervivencia sobre la fijación de conocimientos.
Como resultado, las personas experimentan olvidos frecuentes, dificultad para retener ideas de textos y una menor eficiencia cognitiva. La percepción de normalidad ante este hábito es una trampa, dado que el cerebro compensa el déficit a corto plazo pero paga un precio elevado en el largo plazo a través de una memoria menos precisa.
Los expertos proponen establecer una “franja oscura” entre 60 y 90 minutos antes de dormir. Durante este lapso, el usuario debe evitar pantallas y optar por actividades que ayuden a reducir las activaciones mentales, como la lectura en papel o la respiración consciente.

Resulta fundamental alejar el celular del lugar de descanso y utilizar despertadores analógicos para evitar la tentación de realizar consultas de último momento. Si el individuo cede ante el uso del dispositivo, la recomendación es priorizar la luz natural a la mañana siguiente para reajustar el reloj circadiano y realizar actividad física moderada.
La memoria requiere consistencia para mantenerse afinada. Los pequeños cambios en la rutina nocturna permiten que el cerebro ejecute sus funciones naturales con eficacia. Al transformar la noche en un periodo de desconexión, el usuario permite que el hipocampo realice su trabajo de archivo sin interrupciones externas.
La mejora en la claridad mental y la capacidad de aprendizaje depende de decisiones simples que priorizan la calidad del descanso frente al consumo digital nocturno. Por eso, conviene armar una rutina de sueño donde el celular deje de tener tanto protagonismo en la cama.
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